Reflexiones desde la periferia sobre las movilizaciones en Ecuador, Catalunya y Chile

Social & Opinión
Nov, 2019
Artículo por Pablo Paño
Este artículo tuvo: 255 visitas, compártelo !
Compartir por Facebook Compartir por Twitter Compartir por mail


  • Fuente: cortesía Andrés León

    Mientras alucinaba por el estallido, en el lapso de dos semanas, de movilizaciones sociales en los tres países donde he vivido (Ecuador, Catalunya y Chile), también pensaba en la existencia, o no, de vínculos entre ellos. Y a estos hay que sumar a Haití, Irak, Líbano, Francia (con sus los chalecos amarillos), Perú, Bolivia (por ahora) y seguro podríamos seguir. Al respecto, es importante valorar hasta qué punto opera lo que yo llamo globalización de la protesta: cada contexto particular es influido comunicacionalmente por lo que ocurre en otras latitudes (el tiempo del 15M fue similar e influyó en las primaveras árabes, EEUU y en el resto de Europa). Aparentemente, poco tienen que ver Catalunya y su énfasis nacionalista-independentista con el presunto fraude electoral en Bolivia, menos aun cuando los casos responden a colores partidarios diferentes… pero veamos qué relaciones surgen del análisis de estos acontecimientos.

    Nos preguntamos, entonces, qué anda mal, ¿se trata de un problema global? Asistimos a una crisis sistémica, que amenaza con la caída de varias civilizaciones. El colapso climático es una expresión gravísima sin precedentes y, de su mano, viene la agudización de desigualdades y sobre todo de exclusiones (el desempleo europeo es la expresión más clara en el centro del sistema-mundo).

    Hablar de patriarcado, colonialismo (o neocolonialismo actual) y de capitalismo (ahora neoliberal globalizado agudo) da claves estructurales de desigualdad a barajar en cada escenario. Por ahí vienen las grandes crisis que vivimos. Esto, en un marco orientativo del sistema-mundo, que ordena territorios entre centros y periferias, nortes y sures, incluso dentro de los propios países y regiones centrales y los periféricos.

    El patriarcado es el más antiguo de todos, que identificamos muy rápidamente en la historia de la humanidad, especialmente a medida que las sociedades se fueron estratificando. Transversalmente, resulta interesante cómo se vive de forma particular en ese centro o en las periferias; cómo, a nivel cultural, sobre todo urbano, su intento de cambiarlo ha ido provocando cambios en la cultura, porque por mucho que las desigualdades se mantengan y haya que identificarlas y derribarlas, no podemos dejar de reconocer los numerosos cambios cotidianos domésticos que las mujeres y las sociedades van alcanzando, en general, de la mano de los feminismos, los cuidados, las curas y la defensa y reproducción de la vida como valor central.

    La versión moderna del colonialismo, poscolonialismo y la colonialidad, el imperialismo —con el que Europa, Japón y Rusia se repartieron a finales del XIX el 84% del territorio del globo—, es la pieza clave para comprender la evolución del capitalismo, aunque desde el XV la repartición de América fue también absolutamente fundamental. De este proceso deriva el orden mundial del centro y la periferia que opera hasta el día de hoy —un tema disparador que hace pensar a mis estudiantes por qué América Latina, colonizada desde el XV, antes de que el capitalismo fuera hegemónico y con procesos de independencia, seguía siendo periferia, y Norteamérica, también colonia, había pasado en cien años a ser primera potencia de ese sistema—. Lo anglosajón, plenamente capitalista, la baja densidad de la población originaria norteamericana, la existencia de sociedades más complejas con Estado en Centro y Sudamérica, entre otras, son parte de la explicación (así, este planeta colonizado por Gran Bretaña con Australia, Nueva Zelanda, más Estados Unidos y Canadá son parte hoy de ese mundo central).

    Los que ponemos en valor la cultura como un factor tan relevante como lo económico, identificamos también ahí las dominaciones culturales, étnicas, las imposiciones de dioses, valores, hábitos…. Otro disparador con mis estudiantes es el de cómo abordar y ponderar la cultura y la humanidad, si desde la relevancia de que somos una misma especie, de gran homogeneidad genética y también cultural con muchas constantes culturales como humanidad o desde la exaltación de lo que nos diferencia como sociedades y culturas, que también es notorio. La diversidad parece la clave para ello donde, asumiéndola como una realidad palpable en y entre las sociedades y pueblos del mundo, su exaltación como diferencia nos lleva a las desigualdades agudas de la humanidad actual y a lo largo de la historia. Los racismos y nacionalismos varios y son los hijos de la exaltación de la diferencia.

    Finalmente, nuestro querido capitalismo, qué decir de él, por ejemplo, que hace mucho que dejó de ser un sistema económico para convertirse también un sistema sociocultural que ha modificado profundamente el funcionamiento de la vida social. Mover constantemente el capital, buscar la rentabilidad, afirmándose de forma estructural en explotación de trabajadores y naturaleza, así como en la desigualdad social y también de intercambios comerciales entre territorios. Un sistema que en su versión neoliberal recorta incluso el Estado social para que su función sea solo promover la circulación de capital. Hasta el sólido Estado del Bienestar europeo se debilita y recorta de la mano de ese nuevo modelo que, tras la caída del socialismo europeo, se apresuró a reordenar dictaminando que si ya no había esa amenaza, ¿por qué el Estado debía redistribuir con esas mayorías populares que no eran burguesías ni aristocracias?

    ¿Será que son tan determinantes estas estructuras macro para entender acontecimientos recientes, quizá puntuales, de países tan diferentes?

    Ecuador. La movilización social estalla por pretender el gobierno retirar unilateralmente subvenciones a los combustibles, promover la flexibilización laboral y la liberalización hacia la privatización de mercados para que entren las grandes corporaciones (por ejemplo, megamineras para explotar el páramo andino, un ecosistemas riquísimos que acumula agua de forma extraordinaria (solo seir países de mundo cuentan con él), así, Ecuador es un país con excedente en agua. Extractivismo, que es la base sobre la que se ha organizado desde la colonia la economía latinoamericana como solamente primario-exportadores. En Cuenca amenaza las mineras chinas y canadienses que explotan el oro y la plata para nuestros celulares y computadores. El movimiento indígena, sujeto político desde los 90, protagonizó la resistencia secundado por sectores estudiantiles, de trabajadores y también movimientos feministas, ecologistas, afroecuatorianos… Esto lo interpreto como una reacción de resistencia a ciertos servicios que el Estado ecuatoriano, que con Correa (neokeynesiano desarrollista él) había engordado invirtiendo en infraestructuras, empleo, salud y educación pública como nunca en el pasado, y que el nuevo presidente, en acuerdo con el FMI y el empresariado nacional, pretende retirar.

    Identifico elementos claves para explicar la economía ecuatoriana: gran extorsión del trabajo campesino (el país no es más pobre por lo poco que ellos reciben de su producción que alimenta al país); las masivas remesas de los migrantes sobre todo desde EEUU, y la economía ilegal (lavado de dinero que se mueve entre el 30 y el 40% de su economía, así es como se explica que el país está en crisis desde hace tres años por la caída de precios del petróleo, ¡y el consumo no baja!!); también la economía informal, y, finalmente, esas subvenciones (combustibles, transportes, educación y salud pública que parcialmente han impedido el empobrecimiento masivo de una país, por lo demás, dolarizado.

    Chile. El laboratorio neoliberal desde los 70, que con su férrea dictadura de terror impuso la liberalización plena de su economía. Todo privatizado, con un Estado social ausente, recae sobre las espaldas de familias que tienen prácticas habituales como decidir cuál de tus tres o cuatro hijos enviarás a la universidad porque, pese al endeudamiento por lustros y décadas, no puedes enviarlos a todxs. Endeudarte en una media de dos años a futuro. Así, esta explosión, la más masiva de la historia del país, es puro hartazgo de una situación insoportable para los sectores populares en un país sin estado social, carísimo, explotadísimo (el cambio climático es bastante más claro allá que en otros con su desertización). Por cierto, otro contraste con Ecuador es su constitución, ¡la de Pinochet con reformas!, frente a la ecuatoriana, que aunque se incumpla sistemáticamente, al menos en un hermoso proceso social constituyente fue capaz de definir una de las más avanzadas del mundo con reconocimientos como los derechos de la naturaleza o su plurinacionalidad.

    En Chile confluyeron todos como una gran masa sin protagonismos claros: mapuches (un movimiento indígena fuerte como pocos, a quienes, aunque les llevan aplicando la ley antiterrorista hace bastantes años, ahí siguen quemando los camiones e instalaciones a las magamadereras), estudiantes, también feministas y ecologistas, ciudadanía general sobre todo jóvenes no traumados del terror y el terrorismo de estado de la dictadura… Por cierto, cabe destacar que ha sido más violenta que las otras, para mí, por ese hartazgo respecto a un modelo límite lleva décadas contenido y también por fenómenos colaterales evidentes: si tu modelo educativo excluyente solo acoge a los que puedan pagar, deja fuera a miles y miles de jóvenes llenos de potencialidades y los conduces a la marginalidad, drogas e ilegalidad, que al mínimo resquicio solo querrán saquear aquellas instituciones que tienen vedadas o quemar estaciones de metro, ¡da lo mismo! Inspirado en Zizek y otros, para no dejarnos impresionar demasiado por la sangre, el fuego y los golpes, que son la violencia subjetiva, no le perdamos atención a las violencias objetiva y sistémica que constituyen en general nuestros sistemas y, en el caso de Chile, así de injusto, desigual, privatizado, todavía muy militarizado y por todo ello, profundamente perverso.

    Catalunya. Esta me cae más lejos en el último tiempo, pero, a la vez, haberla vivido tanto tiempo me da nociones, vivencias e impresiones. Nos guste o no, hablamos de un territorio central en esa sistema/economía-mundo con sus altísimos consumos (los millones de turistas que sufren, son quizá el mejor indicador). Tal cual el resto de Europa y el mundo, presidida por un modelo neoliberal que viene recortando ese Estado social, eso sí, bastante más holgado que los periféricos y que sobrevive de forma que todavía presta muchas coberturas básicas a la población. Aun así, ello supone la reaparición de pobrezas y muchas exclusiones; como decía, la más estructural: el desempleo, por mucho que el Estado todavía la palea con prestaciones que no existen en el resto del planeta. Aunque queramos fijar a Zapatero como inicio, creo que esa fecha es casi solo coyuntural, si no se asume el legado colonialista y franquista de España. El Procés puede entenderse como una reacción al centralismo españolista que impide un proceso autónomo de autodecisión, que, encabezado por la clase política nacionalista de centro-derecha — que también ha aplicado medidas neoliberales —, al llegar a la calle, sumó a otros actores como varios colectivos feministas y las demandas de cierta ciudadanía precarizada. ¿Cómo lo comprendemos? Sin duda, como un movimiento plural ciudadano que reacciona justamente ante una sentencia desmedida y vengativa desde el Estado central.

    Al leer las movilizaciones en estas claves coloniales-capitalistas, se evidencia la diferencia social fomentada por la influencia neoliberal como el origen del descontento. A los Ecuadores, Chiles, Haitís y Brasiles… les toca resistir los embates más duros de ese modelo que ambiciona sus materias primas para alimentar el modelo consumista y promueve élites locales como beneficiarias. Y no les importa el costo para sus poblaciones, pues no influyen en su proceso de enriquecimiento. La opción sería tratar de construir desde el conocimiento de esas claves propuestas menos dependientes: no al extractivismo, a la dependencia de las divisas y sí a las agroecologías y a las economías locales más autónomas y autogestionadas.

    En mi marabunta de ideas, se me cruza una que creo tiene alcances entre el caso de Catalunya y Latinoamérica en clave histórica. La palabra independencia. España toda, tal cual Catalunya, no ha sufrido colonialismo. A pesar de que Catalunya perdió su poderío como el reino independiente del pasado, no ha sufrido una dominación al mismo nivel de las colonias periféricas, pero, sin duda, ha sufrido la autoestima como pueblo, su orgullo identitario entre reinos centrales. Habermas analizaba sobre los límites del nacionalismo y decía que si no trabajamos la aceptación de la diversidad, corremos el riesgo de llegar a aspirar a «las repúblicas independientes de uno mismo». No habemos dos iguales, ¿cierto? Entonces, me pregunto ¿cuál es el límite cuando siempre hay cosas que hacen al otro distinto a mí?, ¿Catalunya vive situaciones de opresión evidentes que impiden la manifestación sociocultural propia?, ¿qué justifica la independencia?

    Las independencias americanas, por su parte, fueron aquellas administrativo políticas (en absoluto económicas) de las oligarquías coloniales respecto a los imperios español y portugués, lo que no significaba la toma de poder por parte de los pueblos sino por los criollos blancos. Eso marcó los modelos caudillistas, autoritarios oligárquicos y racistas que heredamos en América Latina. Para el resto de la población, hubo pocos cambios y, si no, que le pregunten a los pueblos indígenas que muchas veces fueron más violentados por sus estados nacionales que en la propia colonia. El Procés catálán, al menos desde su dirigencia, me evoca mucho eso: un choque entre élites. Efectivamente, unas imponen, son cuasi-franquistas, no demócratas, pero quienes lideran el independentismo no proponen una estructura diferente, sino una similar con ellos a la cabeza… ¿Por qué, si no, no han desobedecido lineamientos neoliberales antipopulares desde sus cargos como autoridades políticas?

    Y algunas alarmas me preocupan. Especialmente dos:

    ¿Qué pasa con la solidaridad territorial?, ¿cuánto tiene este conflicto de falta de solidaridad entre territorios más y menos ricos? He leído muchas argumentaciones técnicas (y tecnocráticas) explicativo-justificatorias para uno y otro lado, pero creo que hay una clara debilidad respecto al posicionamiento respecto al reparto entre territorios. ¿Se debe o no redistribuir entre territorios desiguales dentro de una estructura nacional?

    La segunda preocupación tiene que ver con la relevancia de las nacionalidades, en concreto, sobre el fantasma del supremacismo. Se aspira a una república independiente de Catalunya organizada no sé sabe bien cómo (¿anticapitalista, ecologista, feminista, anarquista, proletaria?). ¿Realmente hay una preocupación importante para esa compleja construcción de igualdad en la diversidad entre todos los que componen la actual Catalunya incluyendo a los migrantes extranjeros y de otras regiones de España?

    Por su parte, los chilenos luchan por que no se agudice ese modelo neoliberal extremo, y lo hacen masiva y pluralmente, con dosis de violencia en las que el fantasma de la dictadura militar reaparece con el riesgo de que esta escale. La demanda de estos días es un proceso constituyente que construya una sociedad más justa y plural. Por otro lado, los ecuatorianos tratan de defender ciertos logros, derechos que el modelo neokeynesiano ofreció en tiempos de petrodólares, para no llegar a la situación de los chilenos. Como posibilidad de fondo se plantea la transición hacia modelos no extractivistas basados en el respeto a la madre tierra, la cultura y la plurinacionalidad. Y Catalunya y su porción movilizada luchan por un diálogo político en igualdad de condiciones con el estado central, pero un verdadero horizonte que la haga transformadora pasaría por avanzar hacia la construcción de una sociedad más justa, plural con reconocimiento democrático de su amplia diversidad, y a su vez ecológica que afronte el modelo insustentable rebajando el consumo.

    Una cosa fundamental que también tienen estas crisis es que nos hacen reflexionar sobre mejores mundo posibles y debatir desde la diversidad de vivencias… ¡y todo eso no es poco para enfrentar la comodidad de algunos mientras el mundo se cae a pedazos!

    Fuente: cortesía Andrés León


    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • NUEVOS

    Amore es «mirar la mierda directamente a los ojos»

    Teatro del Cielo es una compañía reconocida ya a nivel internacional no sólo por esa distinguida identidad escénica sino también ...

    Leer más

    El Haiku O La Poesía De La Sutileza Y La Brevedad

    (A propósito del libro de haikú Desde algún árbol, de Mauricio Pino Andrade)   Para comprender la naturaleza y cualidades del haikú ...

    Leer más

    En defensa de la producción cinematográfica y audiovisual local

    Hay un bien y un mal en el campo cinematográfico y audiovisual de Cuenca: por un lado, proliferan las gestiones ...

    Leer más

    Contracultura latinoamericana hoy

    “En un sentido más amplio, hablar de autogestión implica hacer uno mismo su propia gestión para crear y desarrollar su ...

    Leer más

    Grunge tree man

    De mis abuelos y mis bisabuelos

    (Tratado ornitológico sobre genealogía)   El viento atrapa el pálido ardor de las nubes A eso de las cuatro de la tarde Se cuela por ...

    Leer más

  • ÚLTIMA EDICIÓN