Las tres mentiras: La Libertad, Independencia, Autonomía

Social & Opinión
Nov, 2017
Artículo por José Luis Grosso
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  • Fuente: Ilustración política de Owen Jones: goo.gl/vVU4Ke

    En la institucionalidad educativa, el cuerpo del docente se reconoce en su potencia simbólica siempre y cuando se silencie el malestar y el conflicto propios del encuentro con otros, se anestesien los sentidos, se civilicen las sensaciones y se coagulen las esperanzas de poner a jugar elípticamente otras formas, otros dibujos, otros colores y otros matices.

    Siempre y cuando se regule, al punto del sofocamiento, la expresión de las emociones como parte de la vida educativa. Siempre y cuando esos desbordes sean percibidos como una falla, como un NO que atenta obscenamente contra otra alternativa:

    «¡Aprende a enseñar!: ¡siéntate y escucha!»

    Marisol Iturralde

    Cuerpo docente y emociones 2009

    Hoy rodeo malamente los bellos versos de Miguel Hernández de la siguiente amarga manera:

    Llego con tres mentiras:
    La libertad,
    La independencia,
    La autonomía.

    Con tres mentiras llega:
    La autonomía,
    La libertad,
    La independencia.

    Con tres mentiras va:
    La independencia,
    La autonomía,
    La libertad.

    Sí. Estoy cantando las tres mentiras que son tres verdades de la escuela. No sólo por las disciplinas que en ella incorporamos y que están a la orden del día, sino, sobre todo, porque se disimulan: las creemos como tales, mientras así hacen su obra en el pensamiento, las interacciones, las relaciones en que vivimos, en las alternativas de movimiento y las maneras de conocer.

    Es porque mienten que hacen su obra: no hablo sólo de los maestros, hablo de estas tecnologías educativas que atraviesan todo el discurso pedagógico. Es porque se mienten que pueden hacerlo sin pensar en otro sentido. Es el canto del maestro, el que murmura cada día.

    «Libertad»: pero sin pasiones, con la pasión puesta toda en el control.

    «Independencia»: pero cada uno por su lado, en su átomo, sin nexos y afectos que enturbien el nombre y apellido de cada uno, bien lustrado para ganar todos los concursos, competir y consumir.

    «Autonomía»: para hacer lo que se espera que se haga, para cumplir los designios de una sociedad inequitativa, excluyente e injusta, dormida sobre sí misma. Las tres mentiras son el currículo oculto, son el mandato de los Estados que entienden la pacificación como convivencia en (y con) la desigualdad y la injusticia.

    Mientras… otras memorias, otros sentidos de circulación, otros saberes enterrados, otras sensibilidades, otras fuerzas de expresión, hacen sus carnavales por los laditos, pugnan por invadirlo todo (incluso la fiesta donde las mentiras dicen sus verdades).

    Cuerpos interculturales, cuerpo afuera, burlan los caminos oficiales de la libertad y toman desvíos que nos llevan al encuentro que hace del amor por el conocimiento, de la imaginación, la historia y la lengua, motivos de arte y de juego, de risa y alegría, de lucha y esperanza. Porque la vida vuelve a moldearse en nuestras manos y la historia vuelve a ser lo que hagamos juntos, en colectivo.

    ¿Qué más libertad, independencia y autonomía podemos querer? ¿Qué libertad, independencia y autonomía pueden ser más poderosas? Ni Verdad ni mentira: «libertad», «independencia» y «autonomía» son palabras ampulosas pero pequeñas que se queman en el vuelo como avioncitos de papel.

    ¿Qué vuelta mayor podemos darles a las tres mentiras? El otro lado de la escuela no es la verdad, sino la inversión: el poner patas arriba las tres mentiras para que caigan los guardados de los bolsillos, para liberar los pies de los caminos trillados, para que la cara se sonroje y la cabeza se disloque, para entrar a pensar el mareo de otro mundo en las manos de lo (im)posible.


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