Contracultura latinoamericana hoy

Arte
Ene, 2020
Este artículo tuvo: 418 visitas, compártelo !
Compartir por Facebook Compartir por Twitter Compartir por mail



  • “En un sentido más amplio, hablar de autogestión implica hacer uno mismo su propia gestión para crear y desarrollar su proyecto de vida”

    Mónica I.R.A.

     

    Para nosotrxs, el arte y la contracultura fueron salvavidas —como el salmón, símbolo del conocimiento, estamos en la corriente, pero contra ella— porque desde guambras fuimos muy críticxs con los valores culturales e ideológicos establecidos en nuestra sociedad. Sentimos que la mayoría de los sufrimientos del mundo son producto de un sistema social injusto; el virus que nos fue insertado se llamaba contracultura.

     

    La influencia literaria fue decisiva en nuestras vidas: en 1990 nos encontramos en el colegio católico «La Salle» Diego Lara, Tania Navarrete y José Luis Jácome Guerrero, compañeros de la especialización de Ciencias Sociales. Así que por obligación, y luego por gusto, leímos todo lo que llegó a nuestras manos y, al mismo tiempo, aprendimos a rechazar a toda idea totalitaria de religión, moral y ética.

     

    El Muro de Berlín había caído y, contagiada por la emoción del maestro de historia del colegio, quien nos obligaba a llevar un libro de recortes de prensa como tarea diaria, me acerqué a mi amigo Diego Lara para ver qué había traído. En ese momento me presentó a José Luis, «el nuevo», pero no nos prestamos atención hasta que una noche lo vi caminando por el centro de nuestro pueblo, uno donde no pasaba nada, con un grupo de punks, una especie de pandilla salida de un nomundo: llevaban botas de cuero altas, faldas a cuadros y el famoso peinado mohawk.

    Al día siguiente, me acerqué a José Luis y conversamos: ¿quiénes eran?, le pregunté; él respondió que eran los I.R.A. de Medellín y su banda Damaged Skull (death fucking metal). A partir de entonces nos hicimos buenos amigos, compartimos música, revistas, libros, películas y charlamos un montón sobre estrellas, universos paralelos, ideas insensatas y sobre toda nuestra inconformidad hacia las religiones. Nos unía el hecho de que estábamos en contra de todo el sistema, dentro del él. De pronto me convertí en un miembro más de la banda.

    Entre tanto, la maestra de literatura, Rocío Silva, había encontrado en nosotrxs un gran potencial en el teatro y la literatura. Recuerdo que ella nos sacaba de clases para llevarnos a una bohardilla en el barrio La Pradera. El objetivo era escribir y filosofar. Con los resultados de este proceso, José Luis y Diego ganaron el premio más importante de literatura de la ciudad «Los Juegos Florales». Fue durante esos días cuando conocimos personalmente al escritor ambateño más grande del país: Jorge Enrique Adoum, autor de Entre Marx y una mujer desnuda, Ciudad sin ángel y Ecuador: señas particulares. Al acercarnos a saludarlo nos dijo: «Ustedes deberían matar a todos los viejos».

     

    Fueron los crimentales (criminales del pensamiento) de la novela 1984 escrita por George Orwell, Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, las Catedrales Salvajes de César Dávila Andrade, las poesías malditas de Charles Baudelaire, el amor sin género de Arthur Rimbaud, Punk: la muerte joven de Juan Carlos Kreimer, el ateísmo y el humor de Rius, los viajes en el tiempo de la ciencia ficción y los cómics, las señas particulares de Jorge Enrique Adoum, los textos místicos de Umberto Eco, las estridencias sonoras del metal, el punk y el rock and roll, lo que nos abrió los ojos a el que sería nuestro rol en estas distopías actuales.

    Todas esas enseñanzas se convirtieron en el manual para tiempos nuevos, tiempos salvajes, donde aprendimos la importancia del conocimiento, la voluntad y el hacerlo tú mismo. La música, los fanzines, la autonomía se convirtieron rápidamente y sin pensarlo en la manera de hacer realidad nuestras ficciones.

     

    El futuro era lejano… no queríamos ser asalariados ni depender de un patrón, queríamos estudiar y tener una carrera que nos permitiera ser independientes. Ese deseo de autonomía nos obligó a desarrollar un método de trabajo colaborativo en el que nos planteamos muchas metas. Lo que hacíamos era un listado de todo lo que nos gustaría hacer en el año y nos causaba mucho placer poder tachar lo realizado. Siempre fuimos muy obsesivxs con lo que queríamos y lo seguimos siendo. Imaginamos un mundo de felicidad y dignidad, ideas que nos ayudaron a mantener el optimismo y a seguir resistiendo, pero también nos tocó empezar a pensar en qué manera queríamos vivir y escogimos el arte como medio.

     

    Pasaron los años y un aquelarre de brujxs de código abierto nos permitió ingresar a un mundo de infinitas posibilidades: el encuentro labSurlab realizado en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CAC) en el 2012, organizado por Aniara Rodado, Tatiana Avendaño y Camilo Cantor, apoyado por Ana Rodríguez y Pedro Cagigal, una plataforma de acción educativa que se articuló en torno a las nociones de arte, ciencia, tecnología y comunidad, una red de iniciativas que está conformada por hacklabs, hackerspaces, medialabs y todo tipo de laboratorios y colectivos biopolíticos que operan desde y para los territorios del Sur de América, buscando desde la experimentación y creación lograr sus propios espacios de acción y representación.

    Algo así como la contracultura desde la cibercultura, con un mundo de redes informáticas y realidad virtual —que se hace real—, una herramienta que nos permitió crear nuevas redes de ideales compartidos y que también que nos posibilitó desarrollar juicios críticos en esta aldea global, aquí conocimos, además de a los organizadores, a los queridos Aniara Rodado, Daniel Vásquez, Yto Aranda, Constanza Piña, Hamilton Mestizo, Gilberto Esparza, Marco Valdivia, Lucia Sombra, Platohedro, Andrés Padilla e Iván Puig.

     

    • Entonces fuimos abducidos… Aquella mañana recibimos una llamada espacial, una nave se había posado en las afueras de la ciudad u fuimos corriendo a verla. Cuando llegamos, nos invitaron a entrar, estaban cansados, habían hecho un largo viaje, así que los invitamos a pasar por casa, a tomar agua y descansar. La nave tenía un tanque externo de agua, combustible con la que funcionaba. Tenían apariencia humana, eran dos seres de otro mundo, que nos invitaron a continuar su camino mientras nos contaban sus aventuras. Nos sorprendía que al pasar por la calle la gente no nos viera, aunque los que estaban atentos sí y se sorprendían, pero todo pasaba tan rápido que no terminaban de entender lo que pasaba.
    • En una búsqueda de un posible puerto de aterrizaje y despegue, a Tania y a mi se nos ocurrió llevarlos al CLIRSEN, el Centro de Operaciones Espaciales ubicado en el Parque Nacional Cotopaxi. Al llegar al bosque maravilloso, puerta de esa catedral salvaje llamada Cotopaxi, nos sentamos en un claro del bosque, preparamos un café, reímos un rato y nos hicieron la gran pregunta: ¿Quieren venir con nosotros? Ese momento contenía el sueño de toda nuestra adolescencia, cuando creíamos que los aliens eran de otro planeta… Más eran Iván Puig y Andrés Padilla, la nave se llamaba SEFT-1 (Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada), un proyecto artístico de arqueologías futuras sobre espacios ferroviarios abandonados, que era parte de la exposición de arte y tecnología «Entornos Ficcionados para Realidades Complejas» que se instaló en el CAC y llegó al puerto de Guayaquil y ahora hacía su ascenso a Quito, una experiencia de arqueologías futuras, realidades ficcionadas, deseos materializados, que luego se convertiría en un camino de una sola vía hacia la contracultura latinoamericana.

     

    • Entonces comprendimos que con la idea del «progreso» nos desmembraron. Este instrumento de alta tecnología llamado ferrocarril, que a inicios de siglo XX incluso ofrecía llevar al hombre a la Luna, se había convertido en la mejor forma de minar nuestros recursos, de llevarse nuestras riquezas y de no permitir que nos comuniquemos uno a otro. Este sistema de rieles que cambia sus dimensiones de país en país (solo en Latinoámerica), en un plan para desarticular la potencialidad de la minga, no ha permitido que Abya Yala[1] se una, en un solo riel, de México a Usuaya.

     

    • Los mexicanos Iván y Andrés nos insertaron la capacidad de comparar al ferrocarril con cómo en Internet se minan todos nuestros contenidos; igual que en el pasado se minaron recursos materiales, en el presente se extraen contenidos intelectuales y en el futuro serán contenidos genéticos. Entendimos entonces que para hacer Contracultura en Latinoamérica debíamos empezar por restaurar estas vías, este Quapaq Ñan[2], este universo indígena, esta potencialidad, esta minga que cada vez es ocultada con la idea del progreso occidental.

     

    • Creemos que el mundo siempre puede mejorarse, si tú no estás conforme con el funcionamiento del «sistema» e intentas hacer algo por ello, por mínimo que sea, estás en el camino y el arte por supuesto puede ser una gran herramienta, porque el arte puede ayudarnos a superar las dificultades cotidianas de la vida, forjar buenas relaciones personales e incluso enviar naves espaciales a la puerta de tu casa para enseñarnos a llevar una mejor vida.

     

    Al pasar de los años, nuestras derivas nos llevaron a conocer a Juan Carlos Kreimer —padre de la contracultura latinoamericana—, quien desde los 18 años realizó periodismo contracultural centrado en la difusión de creadores, grupos y movimientos que cuestionan los paradigmas establecidos. El libro Punk: la muerte joven de Kreimer fue el primer encuentro con él, luego empezamos a coleccionar una serie de libros en formato cómic llamada “Para Principiantes” —que de principiantes no tienen nada, porque los textos son indexados y elaborados por académicos y especialistas de los diferentes temas, e ilustrados por grandes artistas latinoamericanos, como Rius, Oscar Zárate o Miguel Rep.

    De esta serie, el libro Contracultura para Principiantes nos aclaró el panorama histórico de esa filosofía de vida. Y un día logramos atraer a Kreimer para dictar un taller de escritura en el marco del I Festival de Tecnoshamanismo y Nuevas Narrativas edición «Mandrágora» que realizamos junto a nuestro compañero Diego Morales en la ciudad de Guayaquil (2017) y en esta curva de aprendizaje, empezamos a escribir nuestra historia.

     

     

    Este texto forma parte del libro Central Dogma CONTRACULTURA, el algoritmo de la producción cultural de Tania Navarrete y José Luis Jácome Guerrero, 2020.

     

    [1] Abya Yala es el nombre dado al continente americano antes de la llegada de Cristóbal Colón y los europeos. Literalmente significa tierra en plena madurez o tierra de sangre vital.

    [2] El Qhapaq Ñan, que en quechua también significa Gran Camino Inca, está constituido por un complejo sistema vial (caminos preincaicos e incaicos) que durante el siglo XV los incas unificaron y construyeron como parte de un gran proyecto político, militar, ideológico y administrativo que se conoció como Tawantinsuyu.

     


    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • NUEVOS

    Amore es «mirar la mierda directamente a los ojos»

    Teatro del Cielo es una compañía reconocida ya a nivel internacional no sólo por esa distinguida identidad escénica sino también ...

    Leer más

    El Haiku O La Poesía De La Sutileza Y La Brevedad

    (A propósito del libro de haikú Desde algún árbol, de Mauricio Pino Andrade)   Para comprender la naturaleza y cualidades del haikú ...

    Leer más

    En defensa de la producción cinematográfica y audiovisual local

    Hay un bien y un mal en el campo cinematográfico y audiovisual de Cuenca: por un lado, proliferan las gestiones ...

    Leer más

    Contracultura latinoamericana hoy

    “En un sentido más amplio, hablar de autogestión implica hacer uno mismo su propia gestión para crear y desarrollar su ...

    Leer más

    Grunge tree man

    De mis abuelos y mis bisabuelos

    (Tratado ornitológico sobre genealogía)   El viento atrapa el pálido ardor de las nubes A eso de las cuatro de la tarde Se cuela por ...

    Leer más

  • ÚLTIMA EDICIÓN