Lecciones de abismo, los sellos sagrados de Cristóbal Zapata

Literatura & Cómics
Oct, 2019
Artículo por Carlos Vásconez
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  • Con una sabiduría cadenciosa, acertada, en Lecciones de abismo, Cristóbal Zapata (Cuenca, 1968) vierte sobre nuestros ojos y nuestras yemas, una especie de ungüento mágico. En los relatos que conforman este libro publicado por Editorial La Caída (2019), su palabra aspira a la sensualidad, al estremecimiento, debido a esa pulcritud y a su trabajo labrado letra a letra que semeja al del miniaturista.

    Se trata de cinco cuentos relativamente largos que son el resultado de un, asimismo, extenso período de gestación. Quienes conocemos a Zapata, sabemos de sus afinadas cualidades de poeta, lo que lo han convertido en uno de nuestros escritores fundamentales de las últimas décadas, con un repertorio lírico que habla por sí mismo, y, sin embargo, sus cuentos, tanto los que pertenecen a este volumen cuanto los de su título anterior, El pan y la carne (Eskeletra, 2007; Campaña Nacional Eugenio Espejo, 2014), dan cuenta de una solvencia escritural que en su caso gana con el reposo, con el detenimiento, y, acaso, con el hartazgo que le provocan a su autor. Todo libro, así como toda obra que se precie de ser llamada arte, demarca su sendero. La obra narrativa, ensayística y poética de Zapata implica esa necesidad de salir de su propio cuerpo y, al afantasmarse, buscar con urgencia el cuerpo del otro, apropiárselo por la virtud de la palabra adecuada. Esa es la misión de Zapata y su labor de escriba.

    Los relatos de Lecciones de abismo nos remontan a épocas de una preciosura ambiental que estremece, gracias en gran medida a esa cualidad descriptiva que adopta el autor para adentrarnos en un mundo lejano, aunque hubiese estado esperándonos a la vuelta de la esquina durante toda nuestra vida. En el primero de ellos, «La prenda», un joven experimenta el deseo con su prima. En «Lecciones de abismo», el narrador, Augusto, se pierde en un túnel del tiempo junto a su hermano Sandro, cuales Alicias redivivas. En «El hada de azúcar», mi favorito, crea un personaje inolvidable, inspirado en la magnífica Osmara de León y en su esposo, el gran pintor Ricardo León injustamente olvidado. «La invención de Maud Talbot» nos recuerda los viejos relatos decimonónicos, desde su mismo arranque, en especial los de Stevenson y Dickens. Finalmente, al leer «El retorno», con el cual concluye el libro, uno piensa en el eterno retorno planteado por los griegos, pero se mantiene en nuestro tiempo gracias a las virtudes mágicas del cine que descubre su tierno protagonista.

    He mencionado a Charles Dickens no arbitrariamente. Estos cuentos nos remiten a una serie de autores canónicos que han empleado a la ciudad no como pretexto para situar una acción sino como centro del relato, dándoles cualidades humanas, fabulando con sus recodos y callejones, con sus suburbios y sus grandes catedrales, en una sinuosidad de caminos que, muy distantes a ser laberínticos, nos conducen con acierto a una casa de citas o a nuestro hogar.

    Y es el modelo cinematográfico tal vez el arte que más influye en estas tramas. Cinéfilo por excelencia, Zapata recurre con avidez al efecto fílmico, sobre todo a las indagaciones de un fotograma. Detiene el tiempo (¿qué otra cosa hace el arte?) para indagar en los secretos de una escena con una precisión abismal, yéndose y llevándonos con él a esas honduras. Cada relato posee esa introspección de sus personajes que no podría darse de manera eficaz en una narración de no ser porque el entorno es coherente con lo contado. Así nos devuelve la certidumbre de que para que un relato sea efectivo, como dice John Banville, es indispensable que lo que rodea a un personaje sea una extensión o prolongación de este.

    Las alusiones al cine, a la literatura juvenil y el recurso del erotismo forjan una serie de capas que se adaptan con justeza a nuestro cuerpo. Parodiando a Borges, diríamos que es el mapa 1:1 que todo cartógrafo trata de idear. Sus historias son de una textura tal que, como en Seda de Baricco, parecería que tocáramos la nada.

    Como podrá adivinarse, la nostalgia es un leitmotiv que atraviesa a estos cinco relatos. Zapata es un escritor que busca muy profundamente lo que la palabra supo impregnar en su corazón. Luego, alienta a estas memorias para que le devuelvan las palabras que almacenó muy en lo profundo. Esa evocación es una urgencia que delata al escriba y que también lo sentencia, ya que toda frase acertada tiene su inconveniente en que algún día será nuestro castigo. Recordemos la máxima: «¡Que la carne triunfe es necesidad de la palabra!».

    Una sobredosis de ciudad (barrunto de la Cuenca de los Andes, aquí llamada Convención) es lo que hallamos en Lecciones de abismo. Una ciudad que desborda de sus márgenes, contrariamente a las palabras que la describen, que están en las páginas con una autoridad enigmática, alegando que lo que tratan de expresar es una verdad y que, para hallarla, hay que franquear ciertos sellos sagrados. He aquí el logro que rebasa lo estético de la elección del título del libro, ya que todo abismo implica la noción de desconcierto, de ignorancia, de atravesar una frontera, la que a veces conocemos como «miedo».

    He hablado con frecuencia de los «sellos sagrados» en la escritura de Cristóbal Zapata. Lo he hecho con absoluta consciencia. Si es que hay algo que marca la producción del escritor cuencano es su recurrencia al culto, a lo que contiene misterio, y es por ello que su éxito con la palabra, que es en sí misma un enigma, se parece a la del amante sobre la carne fértil del ser amado. La similitud es más que eso, es una búsqueda del tesoro en el cuerpo del otro, en los ojos, en las manos del amado, así como en la piel y en las emociones del lector. De ahí que la sentencia con la que culmina su primer relato sea irrefutable: «Comprendió, con una mezcla de excitación y alegría, que abrir un libro es como abrir un cuerpo, que ambos actos inauguran un mundo».

    Relatos para engrosar nuestra imaginación, la que dice lo que de verdad nos pasó. Relatos para identificarnos en sus deseos. Relatos que Cristóbal Zapata nos ofrenda, como una prenda que nos ajuste, que nos distinga entre el gentío.

    En la vida vale más ser útiles que necesarios; en el arte pasa al revés. Este libro es necesario.

     

    Carlos Vásconez



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