Gabriel Baumann: «Lo que está pasando en el país, en Latinoamérica y el mundo me pone en constante prueba»

Entrevistas
Nov, 2019
Artículo por República Sur
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  • Fuente: Jorge Peláez Salinas

    Un toque de manaba, otro de alemán y de quiteño; un poco de músico, un tanto de actor y de performer, más un viaje existencialista alrededor del mundo: todo esto a la coctelera y ¡voilà!, tenemos al camaleónico Gabriel Baumann, tan versátil como la santa fanesca que cocina con su grupo, Swing Original Monks, que fue uno de los platos fuertes del Festival Párame Bola, al que estuvimos invitados este sábado 26 de octubre en el Club de Comandato de Guayaquil.

    Disfrutemos de este coctel para los sentidos, que va bien con cualquier comida.

     

    ¿Quién es Mr. Bumbass?

    Es el nombre artístico que elegí para los Monks, empezó como una joda, pero después me quedé con él temporalmente, en algún tiempo lo cambiaré. El nombre viene de un instrumento alemán que, aunque nunca he escuchado, sé que existe y es alemán, y como yo soy mitad alemán… Es un instrumento largo de una sola cuerda que parece un didgeridoo, yo imagino que suena como una especie de violín, chelo o contrabajo. Y me pareció que, como soy una persona alta, larga, flaca y, así, como de una forma curiosa y medio elástico, el bumbass podía identificarme. Además tiene un juego porque suena como dumb ass, que inglés sería algo como culo vago. Pensé que era un juego de palabras y significados que podría resultar divertido.

    ¿Cuántos Gabrieles existen además de Mr. Bumbass?

    Creo que, en integridad, siempre somos uno, pero tenemos muchas expresiones, muchas caras, tantas capas como una cebolla. Todavía no sé cuántos hay porque ahora, por ejemplo, estoy empezando a actuar, a seguir un poco la profesión de mis padres y es un mundo que recién comienzo a descubrir. Hay tanto dentro de nosotros y muchas veces no lo sabemos porque no lo investigamos; estamos muy entregados al exterior, a la supervivencia, a las relaciones humanas, a tener que interactuar en el entorno que nos envuelve… hay muy pocos momentos en los que estamos solos y podemos ver hacia adentro, ir hacia adentro, escuchar hacia adentro de nosotros.

    No podría responderte esa pregunta porque siento que cada día descubro otra parte de mí, y no porque sea solo yo el que investiga, sino porque el entorno nos afecta, por ejemplo la marcha, la gran protesta, el paro que hubo ahora en Ecuador. A mí me afectó mucho, me puso a cuestionarme cosas que no había pensado antes sobre mí y sobre el resto. Lo que está pasando en el país, en Latinoamérica y el mundo me pone en constate prueba: ¿quién soy?, ¿qué pienso?, ¿qué quiero de mí y del resto?, ¿cómo respeto las diferentes formas de ser, existir y coexistir en este planeta?, ¿cómo llego a eso?

    Estoy en el proceso de descubrirme a mí mismo, al mundo y al universo. 

    ¿Qué has descubierto al explorar la actuación?

    Es algo bastante nuevo para mí, son como tres años desde que empecé a actuar profesionalmente y me mueve mucho como ser humano. La música es muy poderosa porque cuando tienes público en frente dices cosas y te responden, hay una energía muy fuerte que no he sentido en otro lugar, es muy poderoso sentir que mucha gente está haciendo lo mismo que tú; por su parte, la actuación es muy personal, es algo que surge de tus adentros hacia fuera y es eso lo que me emociona mucho, quisiera seguir descubriendo y probando. Quisiera descubrir quién soy, qué hay dentro y no dar por hecho lo que cuentan de mí, sino ser yo el que lo compruebe y pueda certificar que sí, que en efecto SOY YO.

    Entonces, ¿cuál de tus facetas artística te llena más como persona?

    La profesión que escogí, las artes escénicas en general, me hace bastante feliz, pero no tanto por mi realización personal, como el artista que se expresa, crea algo único y muestra el yo grandioso que puede ser; sino por la posibilidad de convertirme en un comunicador de ideas, letras, poesía, a la vez que en un comunicador de imágenes y movimiento. Me gusta usar mi cuerpo para decir cosas que no solo sean de la A a la Z, que entiendes con el idioma, sino que haya lecturas detrás de lo que hago en toda mi complejidad y completitud [risas], mi integralidad, mi yo, mi todo. Me gusta poder decir mucho más de lo que se está viendo enfrente. Entonces, convertirme en un comunicador de esas otras capas que la gente no ve en la apariencia, me emociona como artista. Me hace muy feliz evocar otras energías que están detrás de lo que vemos.

    Hablemos de la gran protesta, como has llamado a los hechos de este octubre, uno de los meses más dolorosos en la historia del Ecuador, que además ha quedado marcado por las grandes movilizaciones alrededor del mundo.

    Yo pienso que mucha gente le tiene miedo al cambio, pero es completamente necesario para crecer, para evolucionar, para volvernos más sabios. Para mí, en estos momentos, la olla de presión explota, saca todo su condumio, se expulsan todos los sabores y salpican todo: toda la ciudad se mancha, se vuelve mugrosa, se embarra y muestra también la real esencia de los seres que somos. Entonces, estas semanas intensas —que no van a parar ahí porque ahora la gente va a digerir lo que pasó y a reencontrarse con su historia, pues un acontecimiento que se vuelve histórico te obliga a pensar en el pasado que hemos vivido y a la vez en lo que vamos a vivir, en el futuro que queremos— son hermosas posibilidades para confrontarnos con nosotros mismos desde esa sorpresa que no sabíamos que iba a pasar y que de repente pasó porque ya no se pudo contener más. Entonces, para mí, lo negativo no es solo que murió gente, que sí, es una tragedia, pero también es una tragedia que la gente muera todos los días por la pobreza o por la injusticia que existe en el planeta. Hay que pensar en cómo enfocamos la noticia, ¿en decir que murieron tantas personas en una protesta o en que, en el fondo, el hecho de que la gente esté callada y no proteste mata más gente?

    Creo que es muy válido y necesario que sucedan estos momentos de cambio, que son grandes oportunidades para tomar acción, elegir un camino distinto. Es difícil, ahora la gente se calma después de la gran protesta, con la que se consiguió un poco de lo que se quería, pero no se cambió el sistema que hay detrás; lo que maneja nuestra sociedad no se cambió. Entonces, de aquí a unos cuatro años, si no estamos conscientes y activos y participamos como una sociedad democrática, no habrá una transformación real. La democracia no es ir a la urna una vez cada cuatro años, dar tu voto y después desligarte; crear una democracia, de la que tanto políticos como ciudadanos hablan y dicen: «¡Luchamos por la democracia y por la justicia y por la igualdad!», solo es posible si participas, cuando todo ciudadano decide ser parte de su país, de su política, de su economía. El rato que dices «yo voy a existir en este medio en el que me desenvuelvo y no solo seré un observador».

    Muchas cosas me afectaron de este acontecimiento tan poderoso: por un lado, las cosas lindas y positivas de la gente, que el rato que se necesita, dan; dan sin pedir nada a cambio, y estaban ahí entregando comida, medicina, todos ahí cocinando juntos, todos apoyando a un movimiento cuya dirección fue confusa por un momento porque el poder fácil lleva a la masa por un lado engañada, o sea, tú puedes decir «vamos todos a la izquierda», y cuando el pueblo está en esa masa contagiada, efervescente, súper emocionada, solo va a la izquierda y de repente alguien dice: «señores, es por la derecha» y todos van por la derecha. La masa es poderosa, el pueblo unido jamás será vencido, pero, por otro lado, el pueblo en masa es muy fácil de manipular, ya sea por un revolucionario, por un político, un buen actor o por gente que busca «la igualdad».

    Pasaron muchas cosas y podríamos hablar mucho más. Yo creo lo que a mí me motivo y emocionó es que vi a la gente participando y haciendo democracia al volverse políticos, al dar su opinión. Tú veías en las redes sociales que la gente opinaba, y muchos amigos que nunca decían pío, de repente dieron su opinión súper fuerte, errada o correcta, ese no es el punto; el punto es que empezamos a hablar y se creó una nueva fuerza de dialogo, que es lo que se necesita para ser una sociedad cooperativa y que crece en conjunto, que se vuelve un solo ente, un solo ser que vela por el bien de todos. Pero para que eso se vuelva realidad, es necesario un proceso muy largo de realmente crear ese intercambio y no solo quedarnos en «ok, solucionamos nuestros problemas por el momento, volvamos a la normalidad».

    Hace poco realizaste un largo viaje, ¿qué experiencias te dejó?

    Primero, yo quisiera recomendar a todos los jóvenes y seres humanos en general, pero especialmente a los jóvenes que salen del colegio, que agarren sus tereques y se vayan de aventura. El mundo nos muestra que es más que todo lo que pensábamos nosotros, o lo que piensa nuestra familia y amigos, nuestro círculo social. Al abrirte a otras culturas y a tantas, tantas expresiones humanas y culturales que existen en este planeta, te vuelves mucho más tolerante y a la vez te despierta otros intereses. A veces creemos que el mundo es la cajita en la que vivimos, pensamos «el mundo es esto» y creemos que lo tenemos medio dominado. Sabemos por dónde va a ir: «voy a estudiar, voy a tomar este camino, voy a tener un trabajo y por ahí me enamoro y sigo la vida y se va armando de tal forma, común de cierta manera, veo muchas parejas que lo hacen así y yo lo hago igual, veo gente que hace esto y yo lo sigo».

    Viajar despierta el preguntarnos por tantas otras cosas que existen en el mundo, además de solo sobrevivir. Y sí, a mí cada viaje me remueve el shungo, es un aprendizaje interno. Este último me reencontró conmigo, con lo que quería. A veces, hasta en el arte que supuestamente es creatividad y el vuelo de estar inventándote cosas constantemente, uno cae en una monotonía y se vuelve una línea plana donde también pierdes el rumbo. En este caso, el viaje que hice fue como un «¡Hey!, despiértate» hay muchas cosas lindas que me emocionan que quisiera decir, que me quisiera seguir empapando, cada día me llena de nuevas preguntas, nuevas letras que quisiera contar. Entonces yo lo recomiendo a todo ser humano que no se asuste porque se va a encontrar con gente muy linda en el camino que te inspira y te apoya, que te dice «ven a mi casa, quédate aquí, no pagues, no te asustes por la plata ni por el hecho de no ser aceptado o por el hecho que vas a estar solo ahí en el medio de la nada». El mundo está lleno de manos como tú, como yo, que te van a acoger, te van a abrir los brazos y a recibir como familia.

    Seguro mucha de esa experiencia se estará volcando ahora en tu música. Escuchamos el último EP de los Swing Original Monks, Cocinando en los orígenes, ¿cómo ha sido la reacción del público? ¿Después de esto qué depara a la banda?

    El EP fue un experimento, nos pidieron que hagamos música para una serie web sobre unos chefs que viajan por el Ecuador buscando recetas tradicionales para mostrar la diversidad gastronómica del país. Fue un reto divertido y bastante ligero porque con las letras de canciones con las que uno se identifica, en las que uno quiere decir algo, se vuelve más meticuloso y quiere que sea de tal forma, pero en este caso fue mucho más libre y lo hicimos guiándonos en qué emociones quisiéramos evocar en el sonido, y la letra era un acompañamiento más suave, no era necesario que diga y confronte. Nuestras letras siempre están ahí gritando a la gente y con esto pudimos descubrir otra faceta. Además trabajamos con Ivis Flies como productor, un vuelo distino a lo que habíamos hecho, fue muy divertido e innovador para nosotros.

    Creo que nos hizo ver que hay muchos caminos porque aunque los Monks hacen millones de géneros, un champú, una mezcolanza —una santa fanesca—  igual se va creando un género que te encasilla, entonces fue lindo poder abrirnos nuevamente a la amplitud de música y la creación: puedes ser suave, rápido, duro, no hay límites. Esto afectó al nuevo disco que estamos componiendo, tenemos unas 5 o 6 canciones, con las que nos hemos abierto a la experimentación.

    ¿Hay alguna fecha tentativa para el lanzamiento?

    No tenemos fecha porque estamos creando muy libremente, queremos que surja de la inspiración pura, de la genuinidad. Creo que será en 2020, por lo pronto lanzaremos el videoclip de «Hora Pico», el primer single. Poco a poco iremos develando el material.

    Para finalizar, dinos, ¿se puede vivir del arte en el Ecuador?

    El arte no es como hacer empanadas: todos los días la gente come empanadas, aunque se paralice el país, la gente sigue comiendo empanadas. En el caso del artista, hay épocas en las que no puede presentarse porque hay crisis y el arte en este país, lastimosamente, se considera un extra, algo que haces cuando todo lo demás está resuelto. En otros países es imprescindible para el desarrollo de una sociedad, es la expresión misma del ser humano y, a su vez, de la cultura del pueblo, entonces se lo ve de otra manera y hay mucho apoyo, con decirte que en Europa tocamos a veces en la calle y venían y te daban 20 euros, obvio que allá ganan mucho más, pero hay otra relación con el arte, se lo ve como algo que aporta mucho a todos los seres humanos, entonces la gente te apoya con gusto y te anima, te dice «sigue, hazlo», nos daban comida, regalaban cosas, te compraban las camisetas de la banda… otra realidad.

    Acá la gente a duras penas llega al festival, paga, entra y ve a sus bandas favoritas, pero no le queda un centavo más. También creo que nos falta valorar lo propio; por un lado, lo tradicional y, por otro, las nuevas expresiones artísticas que traen un nuevo vuelo de imaginación, que proponen cambios. Finalmente, es eso el arte: irreverente y de reconfiguración social constante. No podemos quedarnos siempre en un tubo, como si la visión fuera un tubo hacia el que ir, el arte tiene que romper, hacerle huecos a ese tubo y dejar que la luz entre y devele nuevas formas, que se vea un arcoíris donde tú solo veías una bolita al final.

     

    En conclusión, sí se puede si haces mucho, o si haces poco pero bien hecho. Hay que reconocer que el arte tiene que ser vendido, un artista no puede quedarse en la pasión por el arte, sino considerar que también es un negocio.

    Fuente: Amyr Sarmiento C.


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