¡Viva la lucha de los pueblos indígenas y campesinos, carajo!

Columnistas
Nov, 2019
Artículo por Rocío Pérez
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  • Los dedos, la razón y el alma aún tiemblan tras la indignación de la dignidad,

    tras la toma de las calles,

    tras la lucha unida.

    A pesar de los engaños de desgobiernos nacionales,

    a pesar de una represión desmedida y reveladamente llena de odio, racismo y mezquindad,

    a pesar de las mentiras de los vasallos de la riqueza exclusiva y del veneno que escupen las flojas alimañas que no serían capaces de resistir un solo día en el páramo,

    a pesar de que queda mucho para ganar la guerra.

     

    Pero ellos y ellas ganaron la batalla,

    aunque el poder se empeñe en mostrar y actuar como lo contrario.

    Nuestros hermanos indígenas,

    Nuestras hermanas originarias

    Los pueblos y comunidades ancestrales y campesinas del Ecuador.

     

    Son nuestra última resistencia.

    Han resistido siempre.

    Simbólicamente, tienen el gen de la lucha grabado a fuego, carajo.

    Lo maman, lo viven, le ponen el cuerpo y el alma.

    «Porque cuando se levantan los indígenas te tiran los gobiernos».

    Y se levantan.

    A pesar del continuo despojo mercantilista y, ahora, capitalista.

    A pesar de los intentos de paternalizar y convertir su lucha en ruegos y dádivas.

    A pesar de la continua criminalización, vejación y descrédito.

     

    Porque, ¿qué van a hacer una panda de vagos que no quieren trabajar?

    Pararte un país.

     

    Porque, ¿qué van a lograr unos «indios ignorantes»?

    Una fuerza, una unidad de la diferencia, una dignidad, una valentía, una solidaridad, una comunidad y una lucha que el resto hemos perdido entre manifestaciones desfiladas a base de permisos y airadas protestas digitales.

     

    Y no quieren que lo veamos.

    No quieren que lo sintamos.

    No quieren que tomemos ejemplo.

    Por eso tratan de no mostrárnoslo. Y cuando lo hacen, lo llaman violencia, cuando deberían decir resistencia. La defensa de la vida es resistencia, no violencia.

    Lo violento es un estado que mata sistemáticamente a sus pueblos. Hay muchas formas de matar a los pueblos, las heterarquías del poder las han estudiado muy bien, y lo aplican a rajatabla.

     

    Pero aún tenemos pueblos que se resisten.

    Y deberíamos aprender de ellos.

    Nos quieren en las calles a las siete de la tarde.

    Nos quieren peleando por las redes sociales.

    Nos quieren pensando que no se puede.

    ¿Y nosotros?

    Igual los vagos somos nosotros.

    Igual es que tenemos miedo a la lucha.

    A perder los privilegios, porque son eso, privilegios de una comodidad construida sobre los derechos de muchas y muchos en demasiadas partes.

    A perder la vida, cuando lo que tenemos, a veces, no llega ni a una caricatura de existencia. Zombies que se desmiembran al servicio de Su Majestad El Capital por llegar a fin de mes.

     

    Los pueblos indígenas y campesinos son nuestra última resistencia.

    Resistencia a una paz selectiva.

    Resistencia a una homogeneidad dormida.

    Resistencia a un sistema beneplácitamente explotador y explotado.

    Lo son.

    Y haríamos bien en acompañarlos en su lucha.

    Haríamos bien en salir a pelear junto a ellos y ellas. Siempre.

    Ay, ellas.

    Esa fuerza.

    Haríamos bien en ser «vagos», en ser «salvajes», en llevar poncho, en ir descalzos, en trabajar la tierra, en ser «ignorantes», en ser «violentos», en tomar las calles de forma indefinida, en llevar a nuestros wawas a la lucha, en tejer comunidad.

    Porque lo que de verdad aterra es lo que viene después,

    cuando quienes están defendiendo todo, para nosotros,

    ya no estén.

    ¿Luego qué?

     

    Aún están calientes las brasas del fuego que se inició en Ecuador cuando

    el pueblo chileno estalla,

    Cataluña clama,

    Haití se levanta,

    los estudiantes de Costa Rica hacen suyas las universidades,

    el Líbano toma las plazas,

    y en tantas otras partes la dignidad en las calles le toma el pulso a la miseria con puño de hierro de gobiernos en manos del capital y al servicio del mercado que siempre quiso ser libre sobre la esclavitud de una mayor parte.

     

    Gracias por el ejemplo de lucha, unión y dignidad hermanas y hermanos de pueblos y comunidades originarias.

    ¡Viva la lucha de los pueblos ancestrales, carajo!

    Fuente: David Díaz Arcos. Agencia Bloomberg


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