Una república necesaria

Columnistas
Abr, 2017
Artículo por Boris Banegas Abád
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  • Aún recuerdo la primera vez que llegué a esa especie de terraza desde donde se escuchaba el Tomebamba, pese a la música fuerte que todavía sonaba aquella noche en el Puente Roto. Entre la multitud logré llegar hasta la barra y pedí dos cervezas. Minutos más tarde me encontraba en la mitad de una conversación donde se discutía el tipo de arquitectura del Centro Histórico. Más intensa fue la tertulia posterior acerca del teatro y la problemática de las salas en Cuenca. Así llegaron las primeras horas de la madrugada, cambiamos las cervezas por cubas libres y mientras la multitud se iba dispersando, moví la cabeza para observar el entorno: “Está chévere el lugar, ¿cómo se llama?”, alguien contestó, “República Sur, no sé qué”.

     

    Años después del “after” de ese concierto, me doy cuenta de cuán importante ha sido el República Sur para la vida cultural de Cuenca. No llevo la cuenta de cuántas bandas de la escena independiente de Latinoamérica han pasado por su escenario, pero sé que son muchas, a veces son desconocidas, otras casi una aventura. Hoy “el República” es parada obligatoria para el turismo cultural, para los gestores y artistas, para los extranjeros que nos visitan o residen en la ciudad. Es un punto de encuentro y convergencia del arte, es un espacio necesario, con caminos claros y dinámicas que lo han llevado a ser uno de los centros culturales más importantes del país.

     

    Su atmósfera es volátil, justa y adecuada para disfrutar del clímax de una pieza clásica del cine o intensa y acelerada para un pogo rockero. La bohemia de la poesía se hace presente en las “Noches de Letras” que son organizadas por la librería “Corredor Sur”. Las texturas y los trazos se toman sus paredes con obras de varios pintores locales y en ocasiones podemos ver variedad de géneros teatrales.

     

    Sin duda alguna el República Sur ha marcado, junto a otros centros, un camino de constancia en el quehacer cultural. Su permanencia y crecimiento no ha sido una casualidad, muy por el contrario son los frutos de poder entender las dinámicas y coyunturas, de aceptar los altibajos y proponer siempre ir más allá y superar lo conseguido.

     

    Proyectos como La Mandrágora han nacido en su primera casa, sirviendo de sede no-oficial para su transcripción en texto, para sus reuniones y posteriores entrevistas conjuntas. Ahora estos dos nombres se cohesionan para trabajar hacia un mismo horizonte.

     

    Sobran las palabras ante su trabajo y solo nos queda felicitar a su equipo de colaboradores y sobre todo a Jordi y Gustavo por su trabajo y entrega, por las largas horas de no-descanso para lograr lo propuesto. No es tarea fácil agendar mes a mes todos sus eventos, producir un periódico mensual, crear un coworking y mantener un público extraño e indescifrable como es el cuencano.

     

    Desde La Mandrágora –radiocultura– les deseamos larga vida y mucha ¡salud!, para que vengan muchos años más de esta República necesaria.


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