Y la saga continúa…

Columnistas
Dic, 2016
Artículo por Rocío Pérez
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  • El mundo empieza a tener un cierto tufillo a la quinta entrega de Mad Max. Les cuento la posible sinopsis de la película. Si les suena a la primera movie recuerden que nos movemos en ciclos y circles y que si segundas partes nunca fueron buenas, imagínense las quintas. También, que Hollywood va teniendo, cada vez, menos ideas y más remakes.
    Veamos.

    En un futuro distópico/post-apocalíptico caracterizado por la lucha por hacerse con las escasas reservas de coltán, litio y grafeno del planeta, el ascenso de las extremas derechas a los gobiernos nacionales y su supeditación a los consejos de las grandes transnacionales tras la Tercera Guerra Mundial han convertido al mundo en un lugar cruel, inhóspito y neo-mercantil sin ley. Tras el ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y su aislamiento del mundo, es decir, no más Team America (World Police), el mundo se convierte en un auténtico caos político-económico. Con esto no quiere decirse que sea grato que este país sea la policía montada mundial, solo que después de liarla geográfica e históricamente bastante, decir “adiós muy buenas”, no fue una acertada idea. (Por cierto, el Wall de Game of Thrones se queda pequeño en comparación con el que las y los mexicanos construyen para separarse de USA, antes incluso que Mr. Trump empiece).

    Sigamos con la sinopsis. El desorden social, las protestas y las represiones armadas son pan de cada día. Mientras la sociedad se desmorona, una patrulla internacional de intrépidas e intrépidos guardianes de los vapuleados y pisoteados derechos humanos conocidos como la Patrulla de la Fuerza Humana –o como la Patrulla de la Humanidad Forzada para otros, el inglés no es nuestro fuerte- (HFP, Humanity Force Patrol en inglés, para las y los aventajados) se encarga de mantener el orden y la “seguridad vial” (porque carreteras sí que sigue habiendo) en… algún sitio (normalmente todo esto sucede en Estados Unidos). En esta patrulla se encuentran nuestros protagonistas, Máximo Rockambolesco (Max Rock) y su coprotagonista Jimena la Gansa (Jim the Goose), considerados como los mejores patrulleros de su división. Tras mil peripecias, marrones y demás circunstancias cotidianas poco agradables, un buen día, se tropiezan con el Nightbiker (antes era Nightrider, pero la crisis de combustible le hizo cambiar de medio de transporte). A pesar de intentar actuar como la antigua Naciones Unidas y decirle: “No sea malito señor Nightbiker, pórtese usted bien o le regañaremos públicamente”, el pedalista nocturno hace caso omiso de las recomendaciones (de qué nos suena esto), la cosa sale mal, y muere en un fuego purificador.

    Como siempre hay alguien dispuesto a vengarse de las causas más inverosímiles, grotescas, incluso por desalmadas que sean (cualquier excusa es buena para un poco de bronca violenta), un grupete de vengadores dirigidos por Toecuarter (Cuarto de dedos, para entendernos) aparece en escena para poner las cosas aún más difíciles a nuestros protagonistas. Para abreviar, porque se me acaba la columna, diremos que Toecuarter y su pandilla destrozan la vida y familia de nuestros queridos Max y Jim (a esta última la queman un poquillo y la mandan al hospital).

    Max decide entonces dejar de ser un patrullero y se da a la vida pendenciera persiguiendo al “Dedos” (aunque él no quería, siempre lo dijo). Termina, entonces, en la “Zona prohibida” una especia de Área 51, Yasuní, o similar, donde lo caza y le da pasaporte (pasaporte simbólico hacia el infierno, se entiende). Tras esto, y ampliando la saga, Max viaja hacia el Nuevo Califato Unificado, el único que mantiene a raya los lunáticos envíos de misiles norcoreanos ante la enfurruñada china que tras perder a su principal consumidor, Estados Unidos, trata de que Rusia consuma su nueva versión mejorada de gatos sonrientes movedores de brazos.

    En el nuevo Califato Unificado que llega hasta el sur de Francia (bye bye Spain) nuestro loco protagonista que ya no recuerda aquello de los derechos humanos llega a las puertas de Nemociudad (donde todas y todos están un poco perdidos) y conocerá a la tía Ayma (Tina Turner porque podría hacerlo), un pedazo de personaje, demasiado para él y claro, hay roces de protagonismo. Tras enfrentarse al establishment y llevarse tan solo un souvenir en forma de profesor alternativo (un minuto de silencio por Hillary Clinton), decide que ningún sitio es bueno para él en este (¿se puede decir “jodido”?) planeta y se echa a la carretera, buscando yo que sé qué, si es que queda algo.


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