Calle Chica, ineptitud grande

Columnistas
Ene, 2017
Artículo por Boris Banegas Abád
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  • Es un secreto a voces que la llamada “Calle Santa Ana” debía entregarse a la ciudad el anterior primero de diciembre, día que además Cuenca celebraba 17 años de haber sido declarada ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad. Lo planificado por el Ministerio de Cultura finalmente no se cumplió, esto debido a la falta de ciertas “obras complementarias” que estaban a cargo de la Curia y del Municipio. Esta vez podríamos afirmar que el retraso en la entrega es positivo, pues dicho espacio que divide la Catedral de la Inmaculada con el Seminario San Luis presenta una construcción ajena al entorno y al paisaje, que no tiene fecha exacta de construcción y que los adjudicatarios del proyecto no han podido demostrar ni siquiera su importancia histórica, ni el contexto de ese “jaladito”.

     

    Algunos argumentan que debe permanecer ahí, pues posiblemente formaba parte de la desaparecida iglesia de la Compañía que fue abandonada por los Jesuitas cuando fueron expulsados de nuestro territorio – primero en el siglo XVIII por el Rey de España y nuevamente ya durante la república en 1852 por el General José María Urvina. Otros dicen que dicha edificación es posterior a la construcción de la Catedral, -iniciada en las postrimerías del siglo XIX- y que servía de bodega a los religiosos del Seminario. Bolívar Sánchez exalumno del Colegio Borja asegura que dicha construcción no estaba en ese lugar cuando él y sus compañeros salían al recreo y que a manera de travesura sorteaban una puerta para llegar hasta este espacio, que según sus relatos no era más que un botadero de basura cuando las aguas de la lluvia no se estancaban formando grandes charcos.

     

    Lo cierto es que en estos momentos se puede ver una construcción de paredes blancas, de dos plantas, de puertas de madera que aún conservan el plástico que las delata como nuevas, obstruyendo una de las puertas laterales de la Catedral que impedirá el paso normal de los futuros transeúntes. Un problema que los “expertos” no han podido explicar, que la ciudadanía todavía no entiende y que gran parte de la prensa calla.

     

    En una ciudad que coloca ofrendas florales al cumplir un año más de ser parte del selecto grupo de ciudades Patrimonio Cultural de la Humanidad, título que ostentan los cuencanos orgullosamente hacía afuera pero que nada hacen frente a este tipo de “obstáculos arquitectónicos”, que tiene un Departamento de Áreas Históricas y Patrimoniales, la presencia del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, que han sido incapaces de probar el valor patrimonial de la construcción y una organización religiosa como la Curia que se ha negado a dialogar, no nos queda más que observar la evidente incoherencia de todas y cada una de las instituciones antes nombradas y que no se han puesto de acuerdo para de una vez por todas tomar una decisión que sustente o la permanencia o la demolición de dicha construcción.

     

    Cuenca seguirá entonces en manos de funcionarios que permitan que día a día el patrimonio se destruya, que los interiores de la casas del Centro Histórico se conviertan en parqueaderos públicos para negocios privados, que edificios se construyan en miradores obstaculizando la vista y que otras tantas casas desaparezcan para construir a una vía de entrada más amplía. La Calle Santa Ana tendrá entonces un monumento a la ineptitud, a la falta de liderazgo, al quemeimportismo y a la ambición, donde reina el interés particular sobre el colectivo. Será entonces el vivo reflejo de una ciudad que intenta mantener su patrimonio mendigando por las calles un dólar a sus ciudadanos y turistas.


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