El cine es otra cosa

Cine & Series
Oct, 2019
Artículo por Francisco Álvarez Ríos
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  • Corría el año 1963 y la atención del mundo miraba sin parpadear varios estrenos de directores, después de que, hasta entonces, ya habían escrito su nombre en la historia oficial del cine: Aldrich, Lewis, Berlanga, Wilder, Fellini, Forqué, ellos fueron varios de los autores que, fotograma a fotograma, provocaron una de las épocas más fértiles de la historia oficial del cine. Pero; ese mismo año, un caudal distinto de la cultura cinematográfica realizó la publicación del filmbook Metáforas de la Visión del maestro Stan Brakhage; un hecho que hasta la actualidad causa un gran revuelo en otra clase de cineastas, a quienes les pertenecía el lado b de la historia del cine, sitio donde se repiten a forma de mantra las líneas introductorias de aquella trascendental publicación: «Imaginar un ojo no gobernado por las leyes de la perspectiva hechas por el hombre, un ojo no-prejuiciado por la lógica composicional, un ojo que no responde al nombre de todo, pero el cual tiene que conocer cada objeto encontrado en la vida a través de la aventura de la percepción» Era el año 1963, época marcada por un cine que formulaba sus reglas de mercado e industrialización, pero también fue un año en el que el cine reivindicó su dimensión dialéctica orientada al cuidado artístico y político en la forma de hacer, distribuir y ver cine.

    Se había creado, entonces, un ambiente propicio para la gestación de un debate continuo sobre la naturaleza de las imágenes, su materialidad, sus soportes y una deliberación de gran vigencia en la actualidad: cómo y con qué principios el cine es proyectado, compartido o distribuido. Es evidente que algunas plataformas de distribución de contenidos en línea han desarrollado gran capacidad de distribución, imponiendo que las pantallas individuales se destinen al entretenimiento dócil, que se caracteriza por el fácil acceso a contenidos creados para promover dinámicas de apreciación fragmentaria. Por otro lado, el mundo vive un auge de festivales o muestras de cine y esos son los lugares de reflexión que nos interesan, especialmente cuando pensamos en el impacto local y nacional.

    Si bien es legítimo que varios espacios de proyección se estructuren para alimentar procesos de industrialización, se vuelve imprescindible la existencia de espacios que resistan deliberadamente al ejercicio mercantil del cine y se comprometan a proyectar y reflexionar sobre cines que plastifican la realidad para transformarla, y a explorar películas menos perfectas, pero más libres. Precisamente, este es el compromiso que hemos asumido para gestionar y ejecutar durante cuatro años consecutivos la plataforma de proyección y reflexión Cámara Lúcida-Festival Internacional de Cine No Ficción, Experimental y Poéticas Expandidas, que este año se realizará del 14 al 22 de noviembre.

    ¿Por qué son importantes los festivales de cine? ¿Para qué vamos a festivales de cine? Son preguntas a las que hemos regresado constantemente y las que redescubrimos cada año: una ciudad sin festivales de cine es como vivir en una casa sin ventanas; una ciudad que no promueve la creación cinematográfica es como un hogar sin álbum de fotos; es decir, que los festivales y muestras de cine son importantes por la condensación de miradas, memoria, experiencias y propuestas creativas que nos permiten saber del otro y acercarnos a las perspectivas sobre el acontecer objetivable al que llamamos realidad. No es suficiente con justificar la existencia de un festival al designarlo de forma reduccionista como una fiesta del cine, es necesario combatir el espejismo de la estructuración piramidal y patronal de muchos espacios cinematográficos. Por este motivo, son indispensables los espacios donde la lógica de mercado nunca esté por encima de la naturaleza poética y política de las obras.

    Volver a las ideas de Brakhage para repensar las distintas orillas donde se gesta la actividad cinematográfica, siempre ha sido para nosotros un gesto inspiratorio en diversas frecuencias. Cámara Lúcida, firme con su propósito inicial, promueve a los autores que necesitan filmar para entender su experiencia contemporánea de estar en el mundo, quienes ejercen un oficio cinematográfico más real y, por lo tanto, más honorable. Cámara Lucida apoya al cine libre que acepta la responsabilidad de su libertad, porque «la eliminación de todos los temores es, en la mirada, aquello a lo que tenemos que aspirar».


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