La mezcla de poder, digitalización, competencia y corrupción… ¡Horizonte común incierto!

Social & Opinión
Jun, 2019
Artículo por Wilfrido Muñoz Cruz
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  • Con este artículo pretendo plasmar una corta valuación comparativa de fenómenos económicos, políticos y sociales vigentes con la modernidad, que de a poco destrozan el comportamiento de la población. Una evidente pérdida de valores, respeto al otro, solidaridad y servicio social. Notorios desajustes entre las bases de legitimación de nuestro sistema social y el comportamiento político que llevan quienes ostentan el poder.

    Lo único verdadero es que cada día figuran en las estadísticas datos poco alentadores de reducción de pobreza, desigualdades, escolaridad inconclusa; todo apunta a una nueva era de marginalidad, donde los flujos migratorios y la corrupción constituyen un nuevo conflicto creado por sectores políticos que, vestidos de un apasionado idealismo, intentan explicar sus patéticas acciones.

    La teoría de la acción comunicativa de  Jürgen Habermas permite una aproximación al análisis de los movimientos sociales, aquellos otrora defendían derechos laborales, libertad de expresión, igualdad, etcétera. Hoy llevan una carga política con intereses camuflados. Los conflictos sociales y sus afectaciones solo figuran en los discursos de campañas electorales o en las rendiciones de cuentas, donde todo parece normal. Se ha satanizado la protesta, los movimientos y organizaciones sociales han desaparecido. Se promueve la participación ciudadana para desde ese escenario plantear soluciones, pero los actores son los mismos líderes que forman parte del “travestismo político”.

    Transformación digital y generacional

    Ya nadie discute que estamos en un cambio de época, transformarse no es una oportunidad, es una necesidad. Hace falta entender y liderar el nuevo contexto virtual, las nuevas formas de comunicación en una sociedad digitalizada, pautada desde el “Big Data” que plantea Byung-Chul Han o “la sociedad jibarizada” de Pascual Serrano, significa entonces que las formas de hacer política o encontrar soluciones a los problemas sociales deben plantearse desde la realidad digital-virtual con el criterio de las nuevas generaciones que han adquirido otro método basado en el individualismo para informarse y afrontar los desafíos contemporáneos.

    En época de redes sociales, imágenes, gran mediatización y posverdad, debemos ser conscientes de cómo nos aprovechamos de estas herramientas con la mirada puesta en la prioridad educativa-formativa-ciudadana en valores, que incluya un proyecto educativo estatal para lograr aprendizaje de calidad, valorado y evaluado de forma constante, dado que el sujeto se ha embarcado en una nube superficial de eventos y necesidades, descuidando sus derechos y deberes, esperanzado en que alguien le solucione la vida.

    Así se evidencia la teoría del profesor francés Michel Foucault, respecto a los procesos de subjetivación y superficialidad que se entrega a los problemas sociales, donde algunos actores son producto del sistema de exclusión que no alcanzan a visualizar. Destaca el surgimiento de una tecnología individualizante del poder, que por medio del análisis de los individuos y sus comportamientos continúa en su afán colonizador, generando una sociedad de víctimas. Lo que nos deja gran responsabilidad de comprometernos a mejorarla sin renunciar a nuestra singularidad.

    Democracia, gobernabilidad, legitimidad y corrupción

    Seguimos en la disyuntiva sobre qué es mejor: público o privado, derecha o izquierda, socialista o capitalista, real o verdadero; cada quien tiene una respuesta desde su visión doctrinaria. Lo cierto es que las fórmulas o estrategias políticas no funcionan para todos los territorios como esperamos; por el contrario, siguen creando una brecha gigante entre el primer y el tercer mundo, los que tienen y los que seguirán intentando; aunque nos hagan creer otras realidades de progreso, que como acertadamente enunciaba Eduardo Galeano: “Nos mean y los periódicos dicen llueve”.

    Existen nuevas formas de gobernabilidad basadas en una racionalidad política que toma sus criterios a partir de nuevos campos de objetos que se encuentran al exterior del Estado acompañados de la economía política y el sistema del derecho.

    “En democracia, el estado de la justicia es un indicador muy fiable del estado de las libertades, de la igualdad real y de la separación de poderes (…)”, señala Edgar Morín en su obra La vía para el futuro de la humanidad. En los países donde opera de forma sistémica la corrupción, la justicia también se ve comprometida; sin embargo, en los regímenes autoritarios se toma la justicia como instrumento al servicio del poder y los procesos son meras parodias. Este saber/poder crea privilegios diferenciados que Foucault llama “gubernamentalidad”, donde el poder disciplinario se desplaza hacia formas que presuponen la libertad individual.

    Hasta hace muy poco se ganaba elecciones con la mitad más uno de los votos, en algunos casos los triunfadores accedían a un puesto de servicio público con porcentajes aún mayores. Ahora, ¿qué nuevo tipo de legitimidad tienen las nuevas autoridades?, ¿cómo asegurar a corto y largo plazo la vida de aquellas poblaciones marginales de la sociedad? La legitimidad pierde peso también con la corrupción, según la filosofía popular “todo depende del cristal con que se mire”. ¿Cuál será el parámetro y el rango para contar con servidores idóneos, preparados para servir, competentes, solidarios y compasivos por la clase vulnerable? La respuesta será parte de la conclusión.

    Entre el mercado y la competencia

    Escuchamos a diario frases como: reducir el gasto, realizar ajustes en la economía, reducción del consumo, proyectos de inversión, impulsar el emprendimiento, mejorar la competitividad, buscar nuevos mercados, aumentar la transparencia, erradicar la corrupción, etcétera. Parece la gran utopía contemporánea, dado que con la atropellada autoestima de la población o los constantes engaños hemos sido incapaces de involucrarnos social, económica y emocionalmente. Políticamente procuramos crear partidos propios desde la visión del YO, con nombres y apellidos para competir en el mercado electoral.

    Todo pasa por la oferta y demanda, la vida misma se ha mercantilizado, en la escena principal está en juego el arte de gobernar. El populismo ha entregado bufones de tarima, graduados en cinismo que ofrecen, critican o hablan más de la cuenta y resultan atractivos a una población sin cultura democrática que se deja manipular con limosnas. La sociedad está delimitada por el mercado, unos que desde su mirada ideológica piensan en el beneficio colectivo con la lógica de políticas públicas sustentables, otros que piensan desde la retórica discursiva en una sociedad de ilusiones, regulaciones, impuestos, producción, sometidos a la dinámica de la competencia, sin pensar que somos clientes y consumidores potenciales de un gran mercado subdesarrollado.

    He reunido algunas reflexiones de artículos publicados anteriormente, donde saltan dudas respecto a los problemas sociales y a posibles soluciones frente a la realidad del mundo. Suenan a ilusión temas como: la paz, la estabilidad, el crecimiento económico, la igualdad de oportunidades, la democracia, la libertad, abolir el fétido olor de la corrupción y sus componentes. 

    El desafío es complejo y permite algunos disparadores para el análisis, respecto a la naturaleza humana y la sociedad ideal; El Buen Vivir o la expresión “suma qamaña”, derivada del idioma aymara, que presupone plenitud, bienestar, convivencia. Contamos con múltiples buenas intenciones y muy pocas acciones afectivas, frente al avasallador modelo globalizador, se debe separar el ánimo propagandístico manipulador de algunos gobiernos y utilizar los medios para educar a las personas en valores, retomar la ética ciudadana. Una vez más, la unidad de los pueblos es la única fórmula para desterrar la ignorancia, el abuso de poder y la codicia infinita.

    Debemos relacionar los conocimientos, entender lo global y lo local, el pensamiento mutilado conduce a acciones mutiladoras que llevan al reduccionismo. Comprometernos con lo que nos corresponde y pertenece. Seguimos manejados por una forma abstracta de conocer la realidad, por ello nos venden cantos de sirena, pues hemos sido incapaces de captar nuestras necesidades en su complejidad y globalidad. Nuestro pensamiento debe ir de la mano con la esencia cultural o en su defecto ocurrirá lo que Morín advierte: “los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer ni escribir, sino los que no puedan aprender, desaprender y reaprender”.


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