La Era de los Ofendidos

Social & Opinión
Mar, 2018
Artículo por Rubén Camacho
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http://yoirene.com/sunday-review-nyt
Fuente: http://yoirene.com/sunday-review-nyt

La cultura es siempre dinámica y cada generación trae nuevos problemas, que son a su vez oportunidades. En la Edad Media vivimos siglos de cultura estática porque toda la información la tenían los curas y los nobles. Si nacías zapatero, ibas a ser zapatero toda tu vida.

La vida era estática y no ibas a conocer más de lo que te fue destinado a conocer. Hoy día, sin embargo, vivimos una sobredosis de información que nos corrompe y confunde más que enriquecernos.

Todos opinamos, todos somos un periódico viviente, todos compartimos en redes sociales información poco veraz y, sobre todo, nos creemos con la verdad absoluta por haber recibido esa información. Ha sido todo demasiado rápido y no sé si estamos realmente preparados para asumir el lío en que nos hemos metido.

Hace unas pocas décadas, cuando ya existía la televisión y la radio, y los medios de comunicación sabían cómo orientar nuestro pensamiento sin que nos diéramos cuenta (casi todos pensamos que los rusos y los alemanes orientales eran malvados y que Sadam Hussein era el diablo y los Bush unos pacificadores), un grupo de amigos podía hacer bromas o contar chistes sobre prejuicios sociales, con mayor o menor estilo negro.

Chistes machistas, racistas, xenófobos, hasta sobre el holocausto. ¿Cómo puedes meter a 600 judíos en un coche pequeño…? * (Aquí dejo de contar, ya que alguien me puede denunciar e incluso meterme en la cárcel por ofensas).

Sin entrar en el debate sobre si esos chistes eran más o menos nocivos, sobre si realmente afectaban a las actitudes y conductas de las personas tras unas aparentemente inocentes risas, esa información quedaba entre un grupo reducido de personas.

Cuando éramos niños veíamos dibujos violentos y nunca golpeábamos a los demás. En Bosnia no tenían televisión y los niños cargaban un rifle sobre el hombro.

Pero como dije, no entremos en ese debate. Sabemos que esos chistes se perdían en el aire y en la memoria de 4 o 5 amigos.

Hoy día, redes sociales de por medio, un chiste, opinión o crítica se sobredimensiona y puede llegar a cientos o miles de personas. A veces, a millones. Hoy día, tienes que pensarte muy bien qué vas a decir y cómo lo vas a decir.

Esa sobrecarga de información, consecuencias y limitación en la libertad de expresión (un valor humano sagrado, aunque sea para decir tonterías) ha afectado sobre todo a las personas que han crecido con ello.

La satisfacción inmediata que supone sentirse valorados o reconocidos (mediante un like, un mensaje de Whatsapp, un comentario, un seguidor más en Instagram) ha hecho que la autoestima de las personas dependa totalmente de factores externos.

En la Edad Media, cuando nacías zapatero y eras zapatero por siempre, tu autoestima dependía de cómo hicieras zapatos. Hoy día, depende de estímulos tan arbitrarios, efímeros, superfluos, y ante todo externos, que el bienestar de las personas, su madurez y resiliencia (capacidad para sobreponerse a los problemas, aprender de ellos y avanzar) ha disminuido hasta criar una sociedad de personas débiles, necesitadas y carentes de proactividad y visión constructiva. Pero hay algo más… esas personas se ofenden.

Y con la sobredosis de información, también se ofenden otras personas que no han nacido en la era de la sobre información, sino antes. En España, un chico ha subido a sus redes sociales una fotografía montaje donde su cara aparece sustituyendo a la de Cristo.

Le han multado con 480€ por ofensas religiosas. Sin embargo, sabemos que se puede ser un buen cristiano incluso sin ser creyente (mucho mejor cristiano que quienes acuden habitualmente a las Iglesias y templos) y entre amigos contar el chiste de María Magdalena en el desierto.

Estas ofensas no solo ocurren en relación a la ley, de interpretación tan arbitraria, sino en relación a absolutamente todo. Se ofenden porque tu opinión ha sido liberal. Se ofenden porque tu opinión ha sido totalitaria. Se ofenden porque tu opinión deja al descubierto a un colectivo minoritario. Se ofenden porque… porque… es inimaginable.

Como leí hace unos días en un diario satírico: «Bebé de 14 meses dice su primera palabra y ofende a varios colectivos». Tras las ofensas no solo hay tecnología que no sabemos usar o sobreinformación. Tras las ofensas existe un poder. Un poder que le entregas al otro. Y esa entrega implica, a su vez, que has decidido dejar tu bienestar en factores externos.

Nuevamente, un problema grave de autoestima que afecta a las personas de forma colectiva. Si te ofendes, es porque consideras que tu identidad, tus pensamientos, tus valores éticos o estéticos o tus creencias religiosas, son tan débiles que una voz externa puede desafiarlos.

La capacidad para ofenderse, al fin y al cabo, implica que no estamos seguros de nada, que tenemos miedo, y que el otro debe guardar las formas para no ponernos en duda a pesar de que eso signifique coartar la libertad de expresión y construir un modelo de vida inhumano y terrorífico.

La capacidad para ofenderse también es habitual es las sociedades conservadoras donde la diplomacia y el qué dirán imperan sobre la espontaneidad y el libre pensamiento y actuar. Ese modelo de vida, donde el juicio ajeno trata de controlar la libertad de pensamiento, expresión y acción del otro, surge también de un problema de autoestima colectivo.

Si te ofende un comportamiento diferente, es porque dudas constantemente del tuyo. Nada mejor, entonces, que establecer normas rígidas en las que basarnos para actuar o ser. Esa es la sociedad que estamos construyendo. Una sociedad de normas rígidas que consisten en que no puedes pensar.

Solo puedes dar a like. Solo puedes compartir. Solo puedes comentar sin que existan pensamientos en ese comentario. Pero tú no lo quieres. Porque realmente te valoras.

Porque quieres algo mejor para ti y para los tuyos y ese «algo mejor» eres tú mismo en tu mejor versión. Ya sabes cuál es el camino directo para conseguirlo: no te ofendas nunca. Por nada. Por nadie. Sé libre.

*: en el cenicero. Recuerda: no te ofendas.

http://yoirene.com/nyt-opinion-page
Fuente: http://yoirene.com/nyt-opinion-page


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