Diarios en pedales. La investigación desde la bicicleta

Social & Opinión
Abr, 2016
Artículo por Joaquín Tello Aguirre
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Fuente: www.dibujoswiki.com

Moverse ha sido una constante necesidad humana. En este trajín como especie para la conquista del territorio, hemos visto el desarrollo desde el deambular en pies descalzos, el uso de la fuerza animal, el descubrimiento de la rueda, el aprovechamiento de la vela para navegación, hasta los motores y las máquinas modernas que han conquistado el cielo, los mares, la superficie terrestre e incluso el espacio exterior. Sin embargo, estos últimos inventos, asistidos por combustibles y productos de la era industrial, tienen un alto costo ambiental y social, ante lo cual, algunos nuevos modos de eficiencia energética han empezado a emerger.

Otras formas, en cambio, no han emergido, sino que siempre estuvieron allí. Son aquellas que desempolvan sus partes y regresan como una moraleja a la sustentabilidad urbana desde lo simple. Este es el caso de la bicicleta: vehículo de transporte personal de propulsión humana, según las definiciones lingüísticas. Un par de ruedas, una cadena, cuadro, asiento, manubrio y pedales, una fascinación que va más allá de lo mecánico y nos lleva al plano de lo imaginario, de lo icónico, de lo afectivo. Y es que la bicicleta no es solo el artefacto para moverse, distraerse o hacer deporte; es un catalizador de múltiples experiencias capaz de cambiar al mundo o quizá, disimulando el afán de exageración, al menos de transformar la forma en que miramos al mundo mientras nos movemos de un origen a un destino.

 

La experiencia en pedales

La primera experiencia es personal y ocurre con tan solo echar un vistazo, desempolvar o montar una bicicleta. Los recuerdos infantiles salen a la luz, aquellos que son agradables y también los que nos dejaron moretones y raspones. Hay quienes tuvieron la suya, otros la compartieron o la tomaron prestada. Subirse a la bicicleta es conectarse con otra forma de percibir las cosas. Es, tal vez, por un momento, olvidarse de la edad que uno tiene. Es sentir la libertad que se transmite del viento soplando a la cara, o la tensión de pantorrillas y músculos que guían la velocidad y el tiempo. Es percibir cómo el sudor es parte de tu cuerpo en sentidos contrapuestos: por un lado sabes que es la energía que produces, que le hace bien a tu salud, a tu estado físico y lo disfrutas; por otro, es un asunto que hay que lidiar cuando es tu medio de transporte al trabajo o al centro de estudios. Los olores y la transpiración están en función del clima, de la distancia, de la ropa que se usa, de las subidas, de las cosas que cargas y sobre todo, de la prisa que llevas.

La experiencia en pedales no estriba solo en el ciclista, sino también en quienes lo ven transitar. En el mundo del ciclista urbano conviven distintos motivos y razones, emergen formas sociales y modas a veces importadas como lo urbano, lo hipster, sport, vintage, hippie, frikie o incluso lo cycle chic. Ya sea un estilo de vida, una necesidad de transporte, una forma de activismo ecológico, una moda, una actividad de recreación, ejercicio o un pretexto para ahorrarse el bus o la gasolina, lo cierto es que la bicicleta no es exclusiva de una clase económica, ni es patrimonio de una edad o género particular.

En el mundo de la bicicleta urbana la colectividad presenta una taxonomía distinta: están los peatones, otros ciclistas, los motociclistas y los conductores. Todas estas formas convergen en una arteria que en ocasiones tiene carriles y ciclovías, pero en otras no, y entonces se generan conflictos. Es un asunto de movilidad, de falta de empatía, de vulnerabilidad y de irrespeto al que todos los actores están expuestos. Pese a las dificultades, el ciclista urbano coexiste aún con el humo, los pitos, los gritos y las estadísticas poco favorables a este modo de transporte.

La experiencia del ciclista también se refleja en su relación con el entorno: el día, la noche, la lluvia, la contaminación, el estado de las vías, los puentes y los atajos son esquemas que establecen rutas específicas y estas rutas, a su vez, generan mapas que forman conceptos de ciudad por parte del ciclista. Los espacios construidos y naturales convergen, los árboles facilitan una sombra temporal, los edificios, las señales de tránsito, las vías y carriles, que no siempre son adecuadas para uso de bicicletas, están presentes. La experiencia con el entorno no termina cuando el ciclista se baja de la bicicleta. Una vez culminado el trayecto, hay que buscar el lugar para parquear, el espacio donde no se molesten al ingresar, las seguridades para que no te roben a tu compañera.

 

La investigación en movilidad

Donde hay una bicicleta hay una historia que vale la pena contar. Este es uno de los motivos que mueve al grupo Llactalab desde el ámbito científico. Llactalab – Ciudades Sustentables es parte del Departamento de Investigación Espacio y Población de la Universidad de Cuenca.

La misión del departamento consiste en generar y difundir conocimiento científico sobre las interacciones entre la población y su entorno construido, desde una perspectiva multidisciplinaria. La movilidad, en este sentido, es un componente clave de la sustentabilidad de las ciudades y se ha demostrado que la promoción del desplazamiento en bicicleta y a pie es una de las mejores estrategias para solucionar los innumerables problemas derivados del tráfico en vehículo particular. Para esto, es necesario comprender el comportamiento espacial de las personas y cómo se relacionan con el entorno urbano.

Ningún resultado fuera posible si no contáramos con el apoyo de voluntarios que comparten su experiencia, registran sus movimientos diarios y aportan a nuestros experimentos. Los participantes son seleccionados e invitados gracias al reclutamiento realizado en la convocatoria de “Científicos en Pedales” del grupo. Para contestar las preguntas investigativas elegimos varias estrategias desde lo cualitativo y lo cuantitativo. Utilizamos herramientas tecnológicas como GPS, cámaras y sistemas de información geográfica, pero también aprovechamos viejos aliados de las ciencias antropológicas como las técnicas etnográficas, los diarios, las entrevistas o los grupos focales. Recoger y analizar “La Experiencia en Pedales” de algunos de los voluntarios es el propósito de uno de nuestros experimentos, con el objetivo de comprender el viaje en bicicleta, sus motivaciones, rutas e impresiones.

Estamos seguros que los resultados del proyecto aportarán al conocimiento sobre movilidad y sobre el ciudadano en Cuenca y servirán como soporte a la toma de decisiones sobre movilidad sostenible en la región


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