Dialogando saberes

Social & Opinión
May, 2017
Artículo por Rosi Toledo
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Fuente: 2º Encuentro Ecuatoriano de Psicoterapia Gestalt, Hostería Inti Kamari, Valle de Yunguilla

HACIA LA COMPRENSIÓN DE LOS FUNDAMENTOS DE LA PSICOTERAPIA
GESTALT Y LOS SABERES ANCESTRALES

El pasado 6 de abril, cerca de cien personas asistieron a Dialogando Saberes, proyecto promovido por el Museo Pumapungo del Ministerio de Cultura y Patrimonio que busca generar espacios para el intercambio de saberes ancestrales, tradicionales y contemporáneos y permitir el diálogo de diversos saberes en un marco del respeto y del reconocimiento mutuo. Este espacio permite que los conocedores de saberes ancestrales y contemporáneos se vayan posicionando dentro de un diálogo orientado a la construcción de una nueva racionalidad que permita el reconocimiento real de los elementos de la cosmovisión de cada cultura. Dialogando Saberes abrió este círculo con la tertulia compartida que dio inicio al II Encuentro Ecuatoriano de Psicoterapia Gestalt y en sentido ritual, cerró el círculo ―quizá la forma más antigua de relacionamiento― el domingo 9 de abril al finalizar el Encuentro que por primera vez se llevó a cabo en Cuenca en los días 7, 8 y 9 de ese mes. Tres días en los que psicoterapeutas gestálticos de Quito y Cuenca, estudiantes de psicología de la Universidad del Azuay y otras personas interesadas en el crecimiento personal experimentaron de manera vivencial a través de talleres, danza, meditación y temazcales, los fundamentos de la psicoterapia Gestalt y su relación con los saberes ancestrales.

 

Dialogando Saberes cumplió con dos objetivos: de un lado, salir del Museo Pumapungo y llegar con su propuesta a espacios alternativos, esta vez fue la Universidad del Azuay, y de otro, generar cercanía con la comunidad académica, que permitiera abrir el diálogo sobre el enfoque de la psicoterapia Gestalt y su relación con los saberes ancestrales ―que en nuestras culturas originarias sostienen la circularidad del tiempo, sin escindirlo del espacio―.

 

El diálogo contó con la participación de: Patricia von Buchwald, terapista humanista, líder espiritual del Fuego Sagrado de Itzachtilán (FSI); Alicia Cárdenas, psicóloga clínica, terapeuta transpersonal, directora del Instituto Superior de Formación Holística Ecuatoriano (INSFOHE) y Sofía Pozo, psicóloga clínica, directora de INTEGRACION, Centro de Psicoterapia Humanista. Fue un diálogo de iguales que condujo a los participantes hacia el entendimiento de las relaciones consigo mismos, con el entorno, con la naturaleza y también con el proceso terapéutico, que no es otra cosa que el encuentro de almas entre terapeuta y paciente, quienes a partir de un trabajo íntimo y personal llegan a comprender y vivenciar la ritualidad como proceso terapéutico y encuadran en él los ritos, los símbolos y la cosmovisión.

 

Los pueblos originarios han conservado desde el principio del tiempo la cosmovisión que sostiene lo holístico como un concepto originario, primigenio. Esta es la semilla misma del proceso psicoterapéutico que existe desde el principio de los tiempos y que ha sido probado en la experiencia. Estos principios están hermanados con la psicoterapia Gestalt, cuyo enfoque pretende que las personas tomen las riendas de su propia vida. Su creador es el doctor Fritz Perls, quien sistematizó los conocimientos de la psicología de la Gestalt con el budismo zen, el tao y el psicodrama, y tiene como base la filosofía existencial, que centra su atención en la condición humana, la libertad, la responsabilidad individual, las emociones, así como en la búsqueda del significado de la vida. Es llamada también «Terapia de Transformación».

 

Bajo los principios de la presencia, la conciencia y la responsabilidad, el proceso terapéutico se convierte en un encuentro con el flujo primario de cada uno, en presencia, en el aquí y el ahora. Un proceso que lejos de fragmentar o comprender al ser humano dividido, categorizado, devenido de la contraposición de visiones científico-mecanicista o religiosas, nos permite vernos en la unidad. Todos en conjunto formamos la unidad de la vida. En el mundo ancestral esto ha existido siempre y es ese el sustento de la comprensión del mundo. No podemos existir como individuos aislados en el universo; realmente nos debemos a un sistema vivo porque algo que no tiene vida no ofrece vida. Nosotros somos hijos de la tierra, la tierra estuvo primero y estuvo primero el agua y estuvo primero el aire y estuvo primero el fuego. La conjunción de aquello permitió la existencia de todo lo que vino después. Somos una enorme familia, existimos los unos gracias a los otros.

 

El momento en el que se piensa que el resto es tan importante como nosotros, tal vez podamos evidenciar la concepción del todo, donde hay un ritmo, con la misma luna, con el mismo sol, en la misma tierra. Entonces es inevitable que todos estemos relacionados. Es la armonía de esa relación la que genera bienestar; cuando la armonía se rompe y comienza a desequilibrarse se traduce en enfermedad, el cuerpo y la mente se bifurcan. Es ahí que tanto los procesos terapéuticos de la psicoterapia Gestalt como los ritos con raíces se expresan a través del cuerpo; a través del cuerpo, el ser se deja ser.

 

Se dice que todos estos ritos son de renacimiento porque se pide que una parte se vaya para recuperar la energía vital que se expresa en el cuerpo. Por ejemplo, en una limpia de fuego ―que es una forma terapéutica intensa― cuando llega una lengua de fuego sobre el cuerpo, la persona reacciona y desde el cuerpo puede hacer una catarsis. Es el cuerpo el que entra en la dinámica de la energía. De esa manera se relacionan estas formas ancestrales con la Gestalt. En este punto, terapeuta y paciente, guía y guiado entran en un campo de confrontación, experimentación, descubrimiento y autorregulación. Es el espacio sagrado donde los portadores de saberes en el mundo ancestral, los así llamados taitas o mamas, se entregan en cuerpo y alma porque son parte de un proceso en el que al sanar a otros, también se sanan a sí mismos. Es lo que el Taita Manuel Flores, un viejo sabio de La Calera llamó «palabra de cuerpo», o «a morir vamos». En otras palabras, quienes participan son dos espíritus, dos seres trabajando en la misma dirección, relacionándose enteramente. Estamos hablando de ser seres que con el corazón intentan crear una experiencia que movilice la energía del círculo. Esto es absolutamente ancestral, porque partiendo de comprender que no somos seres individuales, la terapia se hace en círculo, en comunidad: soy yo conmigo, yo con mi entorno, yo con el universo… así es como se trabaja en la Gestalt; es un compromiso del alma, un constante desarrollo y aprendizaje. Un proceso en el que el terapeuta y el paciente se crean y recrean a cada instante porque está vivo y responde al aquí y al ahora. Es siempre una aventura, un viaje al encuentro del ser sanador que reside en cada uno, al encuentro con el ser ancestral que lo habita. Es en definitiva un laboratorio que siempre está proponiendo por eso es necesario estar presente en cuerpo y alma en el espacio de la otra persona, para contener y contenerse, para sanar y sanarse.


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