De Tránsito Amaguaña a Guillermina Alba

Social & Opinión
Oct, 2015
Artículo por Vanessa Sánchez
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Fuente: Google

Escribir sobre otro siempre ha sido una tarea difícil porque no solo estamos frente a la existencia de algo que no es propio, sino también corremos el riesgo de convertir al texto en un artefacto distante de ese otro al que queremos retratar. Quiero hablar de Tránsito Amaguaña, líder y represente indígena del Ecuador. Ha sido difícil saber cómo empezar y no he encontrado otra forma que a través de una historia auténtica, tan verdadera como fuera posible. Este texto no tiene la intención de declarar verdades absolutas, carece de todo tipo de método y más bien ha sido un intento por describir y contar la historia de la líder indígena a través de los ojos de quien escribe.

Cayambe – 3 de septiembre del 2015

Reviso la libreta del viaje y descubro que la primera frase que escribí fue la publicidad que se anunciaba en la entrada a Cayambe: ¡KFC ya está en Cayambe! Esa fue la primera nostalgia y la primera verdad a la que me tuve que enfrentar. Efectivamente, el cantón ya no era ese espacio romántico que yo había imaginado. Superando las primeras decepciones, avancé hasta el pequeño terminal del lugar, una estación en la que apenas cabían dos buses, no hubo necesidad de hacer fila ni de comprar boleto, con un salto premeditado en pocos minutos ya estaba viajando hacia Pesillo.

Fueron aproximadamente 45 minutos lo que me tomó llegar al lugar, desde lejos puedo mirar una casa con gigantografías con la imagen de Mamita y algunas de sus frases más importantes. Pregunto dónde está enterrada y me explican que justo debajo de la torre de piedra y cemento a mi costado izquierdo. No se trata de una torre cualquiera sino de un calendario solar que ha sido levantado para celebrar la cosecha, así como el cumpleaños de Mama Tránsito.

Luego de pasar algún tiempo junto a ella, decido caminar hacia La Chimba, lugar donde ella vivió gran parte de su vida. No hay nadie que me pueda decir cómo llegar, me recomiendan preguntar en el camino. Voy en busca de la casa de Guillermina Alba, nuera de Tránsito Amaguaña y la última persona que la acompañó hasta el día de su muerte. Luego de avanzar más de un kilómetro me acerco a la primera casa, me dicen que siga por el empedrado, que todavía falta mucho para encontrarla.

Luego de una larga caminata estoy dispuesta a resignarme y volver para alcanzar a tiempo el último bus hacia Cayambe. Mientras pienso en regresar, puedo ver una pequeña casa de cemento escondida entre sembríos, estoy completamente segura que esa tampoco es la casa, sin embargo, entro para al menos sentir que no me quedé con la duda. Anuncio mi llegada pero nadie me atiende, como en muchas casas de los pueblos de la Sierra, imagino que no hay nadie. Estoy a punto de salir del lugar cuando aparece una mujer, entre nerviosa y ansiosa le pregunto por Guillermina Alba, para mi sorpresa me dice que esa es su casa. Espero planeando en mi cabeza qué es lo que voy a preguntar, cuando la veo no se me ocurre nada, solo extiendo mis dos manos y le agradezco por recibirme. Guillermina, tan escéptica como demuestra serlo durante toda la visita me dice: “¿cómo así han venido a visitarme?” Le digo que conocí la historia de su suegra cuando milité en el Partido Comunista. Ella automáticamente entra en cólera, me pregunta cuánto me están pagando por estar ahí. “¿Comunistas, comunistas? ¡Esos ahora son pagados por gobierno!” Me quedo callada, no sé qué responder. No es necesario que diga nada, inmediatamente Guillermina recuerda que Mama Tránsito juró ser comunista hasta el día de su muerte. Hablamos del Gobierno, me cuenta que cuando murió, el presidente Rafael Correa asistió a su ceremonia en Pesillo, asegura además

que cada Día de la Madre, así como en su cumpleaños, Tránsito llena la plaza de personas que llegan a visitarla desde diferentes lugares de Latinoamérica. Me invita a sentar, me pregunta desde dónde he venido, ella no sabe dónde está Cuenca, nunca ha salido de su pueblo excepto las veces que le llevaba comida a Mama Tránsito cuando estuvo presa en el Penal García Moreno, acusada de traficar armas soviéticas. Guillermina recuerda esa historia, el viaje de Mamita a Rusia y a Cuba como representante de los indígenas de Ecuador. En Cuba percibió, según las palabras de Guillermina, “demasiada riqueza para tanta pobreza” y en Rusia lo que más le impresionó fue que todos los ancianos a cierta edad eran enviados a sanatorios mentales porque “ya no valían nada”. Enseguida me pregunta si Fidel Castro sigue vivo, se sorprende de mi respuesta y se siente molesta. Noto en Guillermina resentimiento con las organizaciones que ocupan el nombre de Tránsito Amaguaña en sus banderas de lucha, me dice que nadie la visitó cuando estaba viva, y mucho menos cuando dejó de ser dirigente. Nostálgica, me dice que las luchas ya no son iguales,

somos incapaces de organizarnos y defendernos. Ella recuerda cuando los soldados entraban armados a su casa con la intención de reprimirlos. Rememora los episodios en los que se escondían en los caminos y cuando los militares subían, les lanzaban agua, y así les quitaban las armas “soldado sin casco, acabó soldado; soldado sin arma, acabó soldado”. Sin embargo, está cansada de luchar: “¿qué será?, ¿será por la edad?, ¿será porque nos han dejado lluchos?, ¿qué también será?”

Guillermina me mira, me pregunta si lo que tengo en la mano es una grabadora, mira y sabe que solo es una libreta con un montón de notas, me dice que no me voy a hacer rica con su historia, que a nadie le va a interesar, que no la van a leer. La lucha de Tránsito se ha quedado atrapada entre las faldas de Pesillo y el taita Cayambe, y así, en medio de montañas, mares y valles habrán tantas historias como héroes menores a quienes solamente valoraremos cuando comprendamos que no somos tan distintos, que somos un todo conformado por diferentes rostros, la unidad entre el pasado, presente y futuro.

Fuente: EL Universo

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