Conservación del Parque Nacional Sangay- Zona Baja

Social & Opinión
Ene, 2019
Artículo por Galo Martínez
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Hace más de quince años planteé a unos amigos la posibilidad de encontrar un sitio prístino en la selva tropical, de preferencia junto a un área protegida, en ese tiempo «parques nacionales», para hacer lo que otros se niegan a hacer:proteger, con sus propios recursos, la flora y fauna agredidas y en peligro tácito.

La oportunidad se dio y con más dudas que certezas, tomamos la decisión de adquirir un predio ubicado en la periferia del Parque Nacional Sangay. Conscientes de la presión que genera la expansión humana en la naturaleza, reunimos los pocos ahorros que teníamos y nos lanzamos a esta aventura de conservar y proteger un espacio prístino geográficamente ubicado al inicio de la Cuenca del Amazonas y junto a un Parque de las características del Sangay.

Se nos hizo relevante la pregunta más evidente:¿cuál sería la mejor acción para ayudara conservar el bosque?, y luego ¿cómo colaborar en la conservación de nuestro gran vecino?

Corrían los años finales delos noventa y entre las diversas coyunturas sociales, el neoliberalismo campeaba en la región andina, influidos por ello,más ilusos que consientes, nos lanzamos en la búsqueda de recursos para destinarlos a nuestro gran mega proyecto, uno que pudiera generar mucho dinero y así materializar nuestros sueños. En el camino nos perdimos como náufragos en la neblina,habíamos dejado el bosque al cuidado de un asalariado y buscábamos montos diversos de fuentes remotas.

No solo que nos chocamos con la burocrática función del conservacionismo burgués y tecnócrata, sino que también el«guardián del bosque» se dedicó a explotar la preciada madera en nuestro predio, en los bosques adyacentes y en los del Parque, practica habitual en estas tierras alejadas de toda normativa y jurisdicción. Pasó el tiempo y los montos no llegaron, los conflictos se hicieron más agudos y los ahorros menguaban.

Con gran pesar decidí emprender mi retorno a la Amazonía, con el peso de haber dejado años valiosos, recursos económicos desperdiciados y muchas relaciones personales destrozadas. Regrese solo y sin dinero,con más dolor que motivación, enfoqué todos mis esfuerzos en aprender sobre la dinámica de esta Bio región, sus características, su realidad.

A medida que avanzaba en la recolección de información y experiencias, decidí también adentrarme en el conocimiento oculto de la selva sobre la cosmovisión de los habitantes de la Amazonía. Gracias a una amiga yahora,hermana espiritual,conocí al maestro Natem en la provincia de Morona Santiago, en el sector de los Guapula, etnias del territorio Shuar.

Poco a poco fui aprendiendo este conocimiento maravilloso y logré develar parte de esta cosmovisión grata, con la ayuda de las plantas sagradas. Fui reconociendo el camino a seguir o Ñankuk.

Las agresiones que sufre un Área Protegida son muchas, pero la más importante es la ausencia de conciencia de los habitantes que la circundan. Este sitio ofrece todo para sobrevivir en un estilo nómada ancestral: cazar y recolectar, prácticas ya imposibles de mantener en el PNS.

Esto más el materialismo y consumismo imperantes,desvirtúan los principios de sus habitantes.Tal es la apreciación distorsionada, que se mira al Parque como una fuente inagotable de recursos naturales para ser explotados.

No pretendo plantear una metodología para la conservación, ni peor aún desmerecer el valor de la investigación científica. Solo resumo de manera sucinta una experiencia personal que si bien no visible, ya es colectiva, porque el movimiento de personas a favor de los métodos ancestrales para las distintas actividades del convivir humano se está difundiendo y generalizando para bien de nuestras sociedades.

Menciono aquí las prácticas de la medicina holística con plantas ancestrales y el manejo de cultivos en el modo local para traducir veinte años dedicados a la conservación. Esta fusión de lo ancestral con la investigación me ha convencido que la ciencia hoy, solo ratifica lo que todas las culturas pre científicas nos han legado. Pero lejos de enfrascarme en debates filosóficos y dialécticos, quiero contarles que hoy invierto no acumulo bienes materiales y peor aún, monetarios, pues mi meta es andar ligero y libre de tenciones.

Creo en la magia de la acciones y en el poder de los elementos y la creación.Busco ser un mejor ser humano, un habitante de este planeta, agradecido de tener la oportunidad de apreciar la imponente Naturaleza.

Reconozco mis limitaciones y defectos, pero en el camino encuentro siempre el sustento y la luz de un nuevo día.

Trabajar junto a las nuevas generaciones me llena de alegría, y me hace meditar en cuan diferente hubiese sido el mundo, si personas en el momento de mi juventud, me hubiesen enseñado el valor de proteger y valorar la cultura y la naturaleza, sé que tuve guías maravillosos.

Pero, en retrospectiva, las cosas serían diferentes por la polución y destrucción hoy.

Pero insisto: no es tiempo de quejas sino de acción, hoy somos actores protagónicos del Parque Nacional Sangay Zona Baja y trabajamos de generar Indicadores y estaciones de recolección de datos en el Área Protegida.

Nos involucramos en la comunidad y trabajamos de la mano con las instituciones académicas, estamos inmersos en procesos de concientización y educación ambiental en la región y nuestro pequeño gran tesoro está protegido y prístino.

Todo esto no hubiese sido realidad sin el valor de cambiar de paradigma, de creer en que los cambios son posibles y que la  asociación y las alianzas, son el motor de las sinergias.

Como dije en un principio, es tan complicado resumir largos años en un pequeño artículo, pero si algo me interesa transmitir, es que en la vida hay que hacer, no solo lo que nos gusta, sino lo necesario. Tenemos que mirar a la Naturaleza y enfocar nuestros esfuerzos por conservarla y por protegerla, es una opción de supervivencia y ¿porqué no?, una de las más divertidas.

El difícil camino que nos espera solo puedea ser llevadero con motivación y si algo les puedo asegurar, es que nuca estaremos aburridos.

¡Larga vida a los guardianes de la Madre Tierra!

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