El 8 de marzo

Mar, 2019
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  • Fuente: Gabriela Cabrera

    Una conmemoración de libertad

    «No quiero que me regales flores, quiero que luches conmigo» es una de las frases usadas en la actualidad en el emblemático 8 de marzo. El Día Internacional de la Mujer, a diferencia de la creencia popular, no surgió como una fecha para halagar la belleza femenina, mucho menos como un día para ofrecer regalos a las mujeres por sus múltiples cualidades. Esta fecha políticamente representativa tiene una historia que data de inicios del siglo XX.

    Comienza con la lucha de cientos de mujeres por la consecución de sus derechos (como el voto femenino y universal) y una marcada oposición a la guerra que se dio desde los frentes de mujeres durante y después de la Primera Guerra Mundial, elementos que hoy son parte de la esencia de este día. Podemos decir que celebrarlo está dentro de un proceso continuo de reivindicación de derechos, que, en la actualidad, se mantiene día a día.

    Desde la primera celebración en 1909 del Día Nacional de la Mujer en Estados Unidos, por parte del Partido Socialista, tuvieron que pasar décadas y varios pronunciamientos colectivos para que la Organización de Naciones Unidas proclame el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer; a partir de entonces se generaron agendas, planes y programas en virtud de la igualdad de género, la erradicación de la violencia contra las mujeres y la construcción un ambiente de paz. Sin embargo, desde su proclamación oficial hasta la fecha, el espíritu de lucha se ha desvirtuado.

    La sociedad actual no ha dejado el machismo ni el patriarcado de lado, esto se pone en evidencia de manera clara en esta fecha: la mujer es agasajada por su belleza, por ser generadora de vida, por su delicadeza y feminidad, mas no por los logros alcanzados en la ciencia, la política, etc., metas alcanzadas a pesar de la desigualdad de género. Hay varios factores que pasan como invisibles para la mayor parte de la población: por ejemplo, la sexualización de los productos comerciales.

    El desarrollo económico y tecnológico ha llevado a comercializar la fecha de tal manera, que la publicidad en marzo está cargada de mensajes acerca de regalos para la belleza femenina, perfumes, collares, ropa y tratamientos cosméticos. Otra muestra clara del poco conocimiento en torno al 8 de marzo aparece además en las frases alusivas a ese día; la respuesta de gran parte de la sociedad en esta fecha sigue siendo mecánica: «Feliz día, mujercitas, la más grande obra de la creación de Dios», «la mujer es un regalo divino», «una flor para otra flor», y los serenos cargados de canciones con alto contenido machista. Se brindan felicitaciones como si fuera un día festivo, no de conmemoración y defensa de derechos.

    Es preocupante ver cómo la institucionalización de la fecha y los múltiples eventos que se realizan en temas de derechos de las mujeres no han logrado integrar el verdadero significado de este día en el imaginario colectivo. La superficialidad sigue sobreponiéndose al tema central de libertad de las mujeres, tal es el caso, que varias personas al referirse al 8 de marzo aseguran que las mujeres tenemos ya la lucha ganada y gozamos de los mismos derechos y oportunidades que los hombres y muchos de ellos consideran exagerado que una mujer manifieste que no desea que la feliciten porque no hay nada que celebrar.

    Si bien las luchas sociales de las mujeres hoy en día no tienen de fondo los mismos temas que un siglo atrás, hay un sistema social que no ha variado y mantiene, como ejes, la inequidad basada en las diferencias de género, la subordinación y violencia de género sigue operando de la misma manera. En realidad, las reivindicaciones sociales y políticas de las mujeres se han complejizado por los cambios de las dinámicas sociales, el voto femenino ya no es la prioridad, en la mayoría de Estados esa lucha está ganada; sin embargo, los problemas se han agudizado en torno al rol de la mujer en el espacio público, la economía de cuidado, la maximización de formas de violencias, etc.

    No se puede considerar que las mujeres, en la actualidad, gozamos de los mismos derechos y oportunidades que los hombres porque seguimos atravesadas por paradigmas que subordinan lo femenino y maximizan lo masculino generando inequidades en el desarrollo económico, social y político.

    Una fecha que expresa la lucha de mujeres por sus derechos, que de trasfondo tiene escenarios de represión donde miles de mujeres dieron sus vidas por sus ideales  no puede estar degradada a un evento de congratulación a los roles impuestos a las «mujercitas». El 8 de marzo no debe ser considerado como una banalidad, donde la mayor preocupación sea organizar conciertos, hacer carreras a nombre de las mujeres o comercializar de rosas con precios exagerados.

    Hemos perdido la memoria histórica, y con ella, la esencia de las fechas emblemáticas, todo porque nos ha envuelto un desarrollo consumista, según el cual, todo es desechable, vendible o cambiable. ¿Hemos cuestionado alguna vez la validez de la fecha o preguntado por su origen? ¿Cuántas de nosotras y nosotros preguntamos a las personas que nos educaron por qué se celebra el Día de la Mujer, qué representa o qué rememora el 8 de marzo? De la misma manera mecánica con la que aprendimos a celebrar esta fecha, la hemos trasmitido a las nuevas generaciones, y por eso se celebra, por una tradición repetida que sigue cargada de mensajes distorsionados que no aportan a la construcción de una sociedad equitativa y segura para las mujeres.

    Es necesario, como sociedad, realizar un ejercicio reflexivo sobre las posturas personales frente a la igualdad de derechos y el accionar personal un 8 de marzo. En retrospectiva, más de uno de nosotros ha felicitado a una mujer este día, se ha esmerado en comprarle flores, llevarle a cenar, postear una frase bonita —como «mujer bonita es la que lucha»— mientras se espanta de las feministas que un 8 de marzo «en vez de disfrutar de su día, reclaman que no hay igualdad».

    Ahora bien, la invitación no es a dejar de expresar el cariño y las frases bonitas a las mujeres de nuestra vida, todo lo contrario, hay que hacerlo con conciencia y entendiendo la relevancia social y política de una fecha que proclamó libertad desde el primer día. Aun antes de tener una fecha establecida por un organismo internacional, las mujeres fueron conscientes de la importancia de tener un día de remembranza del camino andado, de las batallas ganadas y del cambio social que estaban generando. La libertad por la que las mujeres lucharon a inicios del siglo pasado sigue siendo la utopía de camino de las mujeres en la actualidad.

    Feliz y combativo 8 de marzo.

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    Fuente: Gabriela Cabrera


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