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Jul, 2019
Artículo por Rocío Pérez
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  • Que nos va la vida en ello.

    ¿Qué va a ser ahora de nosotros/as sin Juego de Tronos? ¿Cómo vamos a poder volver a nuestra vida cotidiana sin esperar el capítulo de cada semana o la nueva temporada?

    Y es que ante la descomunal avalancha de quejas y críticas ante el final de la serie y, en especial, por su última temporada, pareciera como si el mundo se acabase no por un cambio climático que derrite los polos y hace avanzar los desiertos, sino por un dragón zombie que bajo mandato del Rey de la Noche desintegra de un soplido el muro que separa civilización de barbarie, y por su hermano Drogo, vivito y coleando, que a la orden de dracarys, reduce a cenizas nuestro cariño por la Rompedora de Cadenas y enloquece a todos aquellos que han puesto de nombre Daenerys a su prole.

    La comunidad fan está desatada. Las redes se inundan de una decepción masiva y de un odio gratuito que consigue montar en tres días una petición por internet, de más de un millón de firmas, que exige (no que solicita, porque eso del respeto y la libertad es para uno mismo, no para los otros) a rodar la última temporada completa porque no nos ha gustado el final. No era como queríamos que fuera. Así que, no contentas o contentos con dar nuestra opinión destructiva en las redes sociales, nos unimos ante tal honorable causa, noble Sancho, para exigir que se ruede de nuevo. Como si un nuevo final fuera a satisfacer a todos. Como si fuera a satisfacer a alguien. Y una, a quien la serie no le está gustando desde hace ya varias temporadas atrás, y que tiene su opinión sobre lo que han hecho con algunos de los personajes femeninos principales y sobre la forma de terminar una de las series más vistas de la última década con chistes manidos de machirulo graciosillo de manual… esta una no deja de impresionarse por la capacidad de los seres humanos para atribuir importancia, prioridad y lugar a las cosas.

    ¿No suena todo un poco ridículo? ¿Estamos tan frustrados/as por el mundo en el que vivimos que ponemos nuestros deseos y anhelos en una serie de ficción? Pero, ¿qué es lo que verdaderamente proyectamos y esperamos de ella?

    Y pregunto esto siendo una devoradora de ciencia ficción desde niña. Una de las que se sumergía en estos inmensos libros cuando al resto le parecían cosas de nerd. Una de las que esperó unos cinco años para poder leer su cuarto libro y unos seis años para el quinto. Y sigue esperando. Y sé que han debido oír mucho esto de “lean los libros”, pero háganlo, es un juego interesante encontrar las diferencias. Y pregúntense por qué algunas de ellas que no son necesarias para la trama, se cambian en pantalla. Como, por ejemplo, el forzamiento de Daenerys por Khal Drogo en su noche de bodas. En los libros él la trata con respeto y no la fuerza. Ella es activa y da su consentimiento, pero parece que vende más la cultura de la violación en pantalla. Pero claro, si el propio actor que interpreta al Dothraki, Jason Momoa, se permitió hacer bromas en la Comic Con del 2011 en San Diego sobre cómo le gustaba trabajar en una serie de ciencia ficción porque “hay tantas cosas que puedes hacer, como arrancarle la lengua a alguien y salirte con la tuya, además de violar a mujeres hermosas”, no hace falta aportar mucho más para mostrar el punto al que quería llegar. Ah, que era una broma. Ah, qué poco sentido del humor tenemos algunas. Ah, que luego pidió disculpas. Ah, que pidió disculpas dos veces por su humor insensible. Ah, claro, todo arreglado. Preguntarse por qué en los mundos de fantasía está interiorizado que “es normal” y “se puede” violar mujeres, para qué. Preguntarse qué significa tener estas fantasías y qué produce normalizar estas fantasías en el mundo real, para qué.

    Ni voy a hablar del personaje de Sansa Stark. Ni del de Bran. Descúbranlo.

    Aunque bueno, al final ante tanto fraude a nuestras expectativas, deseos y anhelos, no ante el fraude de nuestros ricos, bancos y multinacionales a hacienda, creo que igual deberíamos ir más allá y pedirle al señor Martin que no solo reescriba el final de juego de Tronos en dos libros, sino que la reescriba entera. Es más, que lea todas nuestras opiniones para construir los personajes y las tramas narrativas desde el principio. Porque nosotros/as lo valemos.

    Mira que somos idiotas.

    No se trata de no apasionarse leyendo un libro, viendo una serie o haciendo cualquier otra cosa. Por favor, al contrario. Emocionémonos, sintamos, riamos, lloremos, ilusionémonos, amemos y odiemos (aunque esto último no demasiado, o mejor, nada), pero no perdamos de vista, por mucho que nos guste evadirnos en otros mundos, las batallas que tenemos en este. Invirtamos toda esa energía, visceralidad, movimiento y unión para exigir cambios en nuestro mundo, que casi le hace más falta. Apaguemos la tele, no el cerebro.

    Quizás, entre otros factores, es cosa de los tiempos en los que vivimos. Sociedades de la imagen, de la aceleración, de la individualidad, de la incertidumbre, del egoísmo. Sociedades posmodernas de la deconstrucción incesante hasta el vaciamiento de cualquier sentido. Sociedades, aún así, conectadas en una inmensa red, como hubiera dicho Eduardo Punset de madrugada. La moraleja, entonces, de todo esto: utilicemos este privilegio de estar conectados/as para algo más que para esparcir odio y ser gilipollas.


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