Luis Humberto Salgado: el Beethoven ecuatoriano

Música
Oct, 2019
Artículo por Amyr Sarmiento
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  • Fuente: El Tiempo

    «Hay que comprender con el cerebro en tensión y escuchar con el ánimo inmerso en la contemplación auditiva de las imágenes sonoras que emergen.» Luis Humberto Salgado

     

    Luis Humberto Salgado es una leyenda de la historia musical de Ecuador, en su haber compositivo están nueve sinfonías, cuatro óperas, una ópera-ballet, cuatro ballets, una opereta, ocho conciertos y un sinfín de piezas de música popular ecuatoriana como pasillos, sanjuanitos y pasacalles; pero todo esto podría quedar en el olvido debido a que muy pocas han sido grabadas —incluso interpretadas—, lo que dejaría el nombre, la vida y la obra de este artista como una simple leyenda de la que no existe registro alguno. Sin embargo, la Orquesta Sinfónica de Cuenca (OSC), gracias al apoyo del Ministerio de Cultura y Patrimonio (MCyP), está dando un paso enorme en pro de la conservación de este legado con la producción de un disco con las nueve sinfonías del compositor cayambeño, las que además han sido presentadas al público en lo que denominaron Ciclo Salgado: tres conciertos en tres fines de semana, cada uno con tres sinfonías distintas y, para terminar, un conversatorio.

    Sobre Ciclo Salgado

    El reconocido músico Renato Zamora es el productor musical de Ciclo Salgado y es también quien definirá la estética del disco en la posproducción junto a Michael Meissner, director musical de la OSC, de acuerdo a algunos documentos audiovisuales que atestiguan la manera en la que Salgado arreglaba y escribía. Es así como ambos pretenden responder a la pregunta: ¿cómo suena Salgado? Zamora afirma que el producto será un medio magnífico para que la obra del compositor se acerque a más gente, sin importar su grado de instrucción musical o sin tener que esperar a que alguien la ejecute.

     

    Este proyecto consistió en tres semanas con una ardua rutina: ensayos todas las mañanas, grabación de los movimientos de cada sinfonía durante las tardes y un concierto de fin de semana en el que ejecutaban las tres sinfonías que habían practicado durante los días anteriores.

    En cuanto a lo musical, Meissner comentó sobre la «monstruosa» dificultad que supuso ejecutar la obra de Salgado para los instrumentistas, quienes admitieron que al final resultó extremadamente gratificante interpretarlo. El director felicitó a su orquesta por el compromiso para adentrarse en «el mundo salgadiano» sin ningún prejuicio.

    El costo de este proyecto, según Gabriela Sánchez, directora ejecutiva de la OSC, asciende aproximadamente a 28 mil dólares, pero mencionó que hay un montón de costes simbólicos que no aparecen en este rubro como la labor titánica de Michael Meissner de edición y digitalización de las obras que le ha tomado más de dos años. El director alemán comentó que el primer desafío fue encontrar las partituras que, en teoría, gracias a la gestión de la Fundación Salgado, habían sido vendidas al Ministerio de Cultura y Patrimonio por parte de los nietos del compositor, pero que existen varias que podrían declararse perdidas: «Algunas partituras faltan, otras están incompletas y otras, de plano, son un misterio», dijo Meissner.

    De la Primera Sinfonía, La Andina, por ejemplo, no existe registro del final, para interpretarla, la OSC tuvo que adaptar un final de una versión más simplificada que el mismo Salgado realizó 23 años después de la composición original; de la Quinta Sinfonía lo único que existía era la partitura de la reducción para piano (Salgado siempre escribía primero a modo de sonata y luego elaboraba las partes de la orquesta), es decir, en este caso el director tuvo que orquestarla en su totalidad con base en los sonidos del piano y, sobre todo, gracias a su vasto conocimiento acerca del compositor.

     

    Beethoven versus Salgado: la tradición frente a la innovación

    Meissner hace énfasis en que Salgado era un verdadero genio, de esos que no se vuelven a repetir. Tanto el alemán como el quiteño Guillermo Meza Luzuriaga, presidente de la Fundación Salgado, lo han comparado en repetidas ocasiones con Beethoven. El director de la OSC incluso se atreve a decir que, a nivel de sus sinfonías, la obra del vanguardista Luis Humberto resulta ser incluso más interesante que la del clasicista por varias razones: uno, el cayambeño ha sido altamente innovador, en ninguna de sus sinfonías hay algún tema que se repita; dos, mezcló, de manera muy sutil, el dodecafonismo de Schöenberg con rudimentos de la música andina, especialmente ritmos como el danzante, el yaraví, el sanjuanito, entre otros, es decir, fusionó la música de vanguardia del siglo XX con sus propias raíces culturales; tres, mientras en Beethoven se puede apreciar un progreso que va desde una influencia muy marcada de Haydn y Mozart en su Primera Sinfonía, hasta una composición completamente novedosa en la Novena, Salgado, por su parte, es radicalmente innovador desde su Primera Sinfonía, lo cual hace que sea un reto adivinar en qué etapa de su carrera ha compuesto cada una de sus piezas.

    La gran dificultad en el registro de la obra de Salgado radica en la serena, introvertida y apolítica personalidad que le caracterizaba. Él nunca tuvo mayor interés por darse a conocer o por salir del país, lo que ha resultado en una falta de conocimiento por parte de la ciudadanía acerca del compositor. No solamente han sido muy pocas las personas que han escuchado las composiciones del cayambeño ni existe un formato o plataforma para reproducirlas, sino que en Internet hay información muy escasa acerca de su vida, por lo que su legado se reduce a tres o cuatro párrafos muy escuetos y sus obras se pueden disfrutar únicamente en vivo en contadas ocasiones.

    Por todas estas razones, tuve el propósito de escribir este artículo para profundizar en la genialidad del gran compositor; justo entonces, casi como un acto divino, fui invitado al conversatorio del Ciclo Salgado en el cual participó Guillermo Meza con una intervención que era en buena parte lo que estaba buscando, de modo que los próximos párrafos serán mayoritariamente un resumen bastante literal de dicha exposición, con una dosis de investigación personal.

     

    Sobre Salgado y sus nueve sinfonías

    Primero un pequeño contexto acerca de Luis Humberto. Fue el primero de los ocho hijos del compositor Francisco Salgado Ayala con Bethsabé Torres. Nació en Cayambe (1903) y vivió en Quito desde los cuatro años, donde murió en 1977 de un infarto en plena aula de clase. Efectivamente, además de compositor, era profesor, investigador y también crítico musical. En 1924 se graduó como pianista del Conservatorio Nacional de Música, del que después sería director en tres ocasiones. Es compositor de las óperas Cumandá y Eunice (de esta última habló Javier Andrade en su entrevista para esta gaceta en una edición anterior), su obra cumbre fue el Sanjuanito Futurista, en el que puso en práctica sus postulados teóricos sobre la evolución y el nacionalismo musical con esa distintiva mezcla salgadiana de componentes en apariencia antagónicos: el académico y el vernáculo. Además, fue pionero en Ecuador del género sinfónico dentro de la tradición del sinfonismo clásico vienés.

    Meza Luzuriaga cuenta que Salgado no solamente fue un gran creador, sino también un incomprendido por su sociedad, que nunca estuvo —ni quiso estar— preparada intelectualmente para comprender sus logros. Su música es indudablemente de tradición occidental, de raigambre europea, pero Luis Humberto logró un mestizaje entre el alma blanca y el alma indígena. Aquello no fue fácil, a decir de Meza, puesto que el alma europea siempre quiere imponerse, por las mismas connotaciones coloniales y porque en el ámbito académico la música mestiza era vista de manera peyorativa.

    El equilibrio del que hablamos fue posible gracias a la completa educación de la que gozó Luis Humberto. Por intermedio de su hermano, el diplomático Gustavo Enrique Salgado, el músico tuvo acceso a libros, partituras, tratados teóricos, etc., de muchos lugares del mundo, lo que le permitió estar al tanto de las corrientes musicales a nivel global. Además de la circunstancia excepcional de haber tenido como maestros a su padre (otra coincidencia con Beethoven), gran compositor de la época, y a Doménico Brescia, reconocido músico italiano traído al país por el General Eloy Alfaro.

    Aun en sus inicios en la composición, ya se sentía madurez en su producción, pero la terminó de alcanzar, según los críticos, en el año de 1944 con la creación de su Sanjuanito Futurista. A partir de ese momento, su obra se dividió en el periodo antefuturista y el posfuturista. Cabe destacar que aquella fue una época convulsa en Ecuador, pues había una tensión civil muy alta debido a la entrega de territorio amazónico al Perú dos años atrás, al mismo tiempo que nacía la revolución civil de La Gloriosa que azotó a Guayaquil.

    El Sanjuanito Futurista es una pieza para piano en la cual logra un «maridaje» (término del músico) perfecto entre el dodecafonismo de Arnold Schöenberg, adoptado desde una visión evolucionista, y los aires vernáculos del sanjuanito, de raigambre netamente indígena. Luis Humberto la concibió como una obra de laboratorio que alcanza el nivel de obra de arte desde todo punto de vista y con la que supo que estaba abriendo un camino nuevo, es entonces cuando él mismo reconoce su estilo como «modernista y ultramodernista, más allá de Schöenberg», lo cual no era en lo absoluto una exageración.

    Al poco tiempo, compuso la Primera Sinfonía (1945-1949), que fue comparada por el presidente de la Fundación Salgado con La Primera de Beethoven, aduciendo que la sinfonía del genio alemán se ceñía a cierto esquema, mientras que la de Salgado era extraordinariamente innovadora. La comparación no es arbitraria, puesto que Luis Humberto le tenía una enorme admiración a Ludwig Van, tanto que su Séptima Sinfonía fue un homenaje al bicentenario de su natalicio. Con esta obra, el cayambeño encontró el camino hacia una música genuina y auténticamente ecuatoriana.

    Fue así cómo Salgado concibió que nuestros aires pueden ser utilizados de manera eficaz dentro del tratamiento de la técnica sinfónica, llegar hasta lo que él llamó «la forma de la sinfonía andina» tomó tiempo. Esta simbiosis es el prototipo de lo que sería la creación de Luis Humberto Salgado, que oscila entre la estricta tonalidad hasta la atonalidad, con sinfonías más abstractas, otras más claramente predispuestas hacia lo que él mismo llamó «estilo folklórico», pero lo importante es que él nunca se alejó del nacionalismo.

    Con el mismo espíritu lúdico y de vanguardia, Salgado hizo ejercicios intelectuales con muchas de sus sinfonías, por ejemplo, cuando compuso sus sinfonías sintéticas, asumió la realización de Franz Liszt con la Sonata en Si Menor para Piano, en la que el austro-húngaro logró hacer un compacto de todos los movimientos de la sonata en uno solo. Justamente eso es lo que Salgado replicó en su Segunda Sinfonía, La Sintética No. 1. Esta versatilidad del gran compositor es el resultado de estudios autodidactas profundos, disciplinados pero, sobre todo, muy críticos, incluso consigo mismo. Es mentira que en Salgado haya descriptivismo, él nunca trató de describir una realidad, aunque sí es cierto que siempre va a honduras emocionales, lo que le otorga momentos fuertemente expresionistas. No se puede negar, cada una de sus sinfonías es un universo propio en la que nunca deja que se pierdan ni su solidez estructural ni su rasgo de amalgama salgadiana.

    «Las estructuras que relacionan el interior de la obra son las que mandan y deciden en la misma. En este sentido, Salgado, como todo gran compositor, es un arquitecto de sonidos». Guillermo Meza Luzuriaga

     

    Cronología sinfónica

    Primera: Sinfonía Andina (1945-1949)

    Segunda: Sinfonía Sintética No. 1 (1953)

    Tercera: Sinfonía Estilo Rococó (1955)

    Cuarta: Sinfonía Ecuatoriana

    Quinta: Sinfonía Neorromántica

    Sexta: Sinfonía para Cuerdas y Timbales (1968)

    Séptima [Homenaje al bicentenario natal de Beethoven] (1970)

    Reedición de la Primera Sinfonía [Homenaje al sesquicentenario de la Batalla del Pichincha] (1972)

    Octava (1973)

    Novena: Sinfonía Sintética No. 2 (1975)

     

     

     

    Referencias:

    Wong Cruz, K. (2004). Luis Humberto Salgado: un Quijote de la música. Quito: Banco Central del Ecuador, Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión.

    Orquesta Sinfónica de Cuenca. (septiembre de 2019). Boletín de Prensa de «Ciclo Salgado». Cuenca, Azuay, Ecuador: Ministerio de Cultura y Patrimonio.

    Orquesta Sinfónica de Cuenca. (20 de septiembre de 2019). Conversatorio acerca del «Ciclo Salgado». Cuenca, Azuay, Ecuador: Ministerio de Cultura y Patrimonio.

    Ponce Berrú, I. (2014). Expresión estética y mestizaje en la obra de Luis Humberto Salgado. Quito: Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

    Ministerio de Cultura y Patrimonio. (s.f.). Tres sinfonías de Luis Humberto Salgado ofrece la Orquesta Sinfónica de Guayaquil. Recuperado de Ministerio de Cultura y Patrimonio: https://www.culturaypatrimonio.gob.ec/tres-sinfonias-de-salgado-ofrece-la-orquesta-sinfonica-de-guayaquil-este-viernes-26/

    Músicarte. (20 de diciembre de 2013). Luis Humberto Salgado. Recuperado de Músicarte: http://www.academiamusicarte.edu.ec/academia/index.php?option=com_content&view=article&id=147&catid=10&Itemid=8

    EcuRed. (s.f.). Luis Humberto Salgado Torres. Recuperado de EcuRed: https://www.ecured.cu/Luis_Humberto_Salgado_Torres

    Fuente: Ministerio de Cultura y Patrimonio


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