El orgullo estridente cumple 25 años

Música
Ago, 2019
Artículo por Boris Banegas
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  • Fuente: Rock al Parque. Los Amigos Invisibles

    Una crónica sobre la última edición del Rock al Parque

     

    La programación del día tres llevaba más de una hora de retraso en el Escenario Plaza, sin embargo, de a poco el público se convertía en un solo cuerpo en el parque Simón Bolívar de Bogotá. En una pantalla led se encendió un temporizador que arrancó con ocho segundos y culminó en un estallido de fuego y pirotecnia fría. Al escenario saltó Juan Esteban Aristizábal, con una ruana negra y una guitarra amarilla con blanco; a medida que se acercaba al micrófono, los músicos interpretaban el intro de «A dios le pido». Las primeras líneas del hit fueron coreadas por más de 200 mil personas mezcladas entre colombianos y extranjeros, entre rockeros, punkeros y poperos. El festival entendía cómo fusionar diversos géneros musicales y celebrar así sus 25 años de vida. Juanes también lo entendió y, antes de continuar con su repertorio, dio una de las primeras sorpresas de la noche: invitó al exbajista de Soda Stereo, Zeta Bosio, al escenario.      

    ***  

    Llegamos al aeropuerto de Bogotá el viernes 28 de junio por la noche y en el área de migración nos preguntaron el motivo de nuestro viaje a Colombia. «Venimos a un festival de música», respondí. «Ah ya, al Rock al Parque», intuyó el hombre del otro lado de la ventanilla. En El Dorado varios grupos de música rotaban en uno de los jardines verticales de la planta baja; la organización había preparado un recibimiento especial para los visitantes. Así, la capital colombiana empezaba a demostrar por qué ha mantenido uno de los festivales más importantes del mundo durante veinticinco años. Desde el conductor de Uber hasta las estaciones del Transmilenio, la programación, las fechas, las actividades e inclusive algunos nombres de los artistas estaban en el entorno.

    La edición aniversario del Rock al Parque programó más de setenta propuestas musicales divididas en tres días. A lo largo del Parque Simón Bolívar se podían recorrer tres escenarios con la programación oficial y una cuarta estructura más modesta en la que se libraba la «Batalla de Bandas». El Escenario Plaza era el principal, este arrancó a las 15:00 del sábado 29 de junio con la banda Buitres, invitada del programa CREA del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá. Esta explanada tenía seis pantallas led para circuito cerrado y una pantalla principal en el escenario y el sonido se propagaba por más de sesenta cajas instaladas en seis torres. La superficie tenía adoquín y algunas partes de césped, graderíos a los lados y una capacidad para albergar a más de 200 mil personas.

    El circuito continuaba con una feria de artículos y suvenires con temática musical hasta llegar al Escenario Lago, que a pesar de no poseer una infraestructura tan grande como el anterior, tenía una programación igual de importante: las bandas colombianas Razón de ser, El Sagrado, Tras las púas, Grito y R.O.R., y para completar el line up los mexicanos Vaquero Negro y Here comes the Kranken con sus potentes directos. El recorrido terminaba en el Escenario Bio, que acogió a siete bandas, cuatro locales y tres internacionales, de Chile, Suecia y Estados Unidos.

    Pasadas las 19:30, en el Escenario Plaza, la banda brasileña Angra iniciaba un show especial: días antes el mundo conoció la noticia de la muerte de André Matos, exvocalista de la agrupación, la que le rindió un sentido homenaje que fue aplaudido por todos los asistentes. Así iniciaba el punto fuerte de la primera jornada, que culminó con la presentación de la banda de death metal Deicide, la más esperada de la noche por su trayectoria y propuesta musical que ha causado polémica entre los seguidores católicos. El día uno culminó con una Bogotá fría, pero cargada de emociones.

    ***

    Zeta Bosio tomó su bajo, vestía zapatos blancos y una gorra. La multitud empezó a ovacionarlo como si estuviera en el monumental de River. El argentino levantó su puño derecho y se lo llevó al corazón. Inmediatamente, «Cuando pase el temblor» sonó por toda la explanada y el público llegó a un momento inexplicable de éxtasis, los asistentes levantaron sus cabezas hacia el cielo para corearla y, mientras saltaban, el piso se movía como si se tratara de un sismo. Al final de la canción, Juanes retuvo por unos segundos más a Zeta, se sacó la ruana y se la obsequió. Cuando el argentino se bajó del escenario, el público mostró su resistencia al cantante paisa, quien tuvo que recurrir a un breve discurso para explicar sus sentimientos en ese momento y pedir a sus compatriotas paciencia. Cómo no hacerlo si en ese mismo escenario, minutos antes, Pedro Aznar recordó varias de las canciones que hizo con Charly García; Gustavo Santaolalla se fue empapado por la lluvia que permaneció durante los 60 minutos de su presentación, y la multitud coreó «Triste canción de amor» del Tri de México. Fue después de 40 minutos de concierto que el colombiano cambió de guitarra, probó un par de acordes y dio su siguiente sorpresa.

    ***

    La falta de grupos integrados por mujeres ha sido motivo de charlas y críticas para los programadores de festivales en los últimos años. Rock al Parque, en su día dos, presentó un line up de lujo que combinaba a bandas mixtas y femeninas. La hoja de ruta quedó marcada desde las 14:00 con Cuerda Rota de Colombia, para continuar con Puerquerama de México, y la también local Odio a Botero.

    La lluvia intensa de las 16:00 no impidió que podamos ver al power trío The Warning, que sorprendió con una sólida puesta en escena y por su conexión con el público. Siguió la banda Eruca Sativa de Argentina, quienes interpretaron varias de sus canciones más conocidas. Esperamos por un café casi 60 minutos, tiempo justo para llegar nuevamente al escenario y disfrutar de la propuesta exótica del festival: The 5 6 7 8´S, un trío que llegó desde Japón y es recordado por su aparición en la película Kill Bill, quienes agradecieron en su idioma la presencia de las cerca de 80 mil personas reunidas alrededor de las tablas. Treinta minutos más tarde, los uruguayos de La vela puerca se tomaron la noche y el Escenario Bio por más de una hora en la que mantuvieron al público saltando y coreando sus canciones. Rubén Albarrán, con su No Dj Set, fue el inesperado invitado tras el anuncio de que El gran silencio no estaría para cerrar el día dos.

    ***

    La canción «Solo», de la banda Ekhymosis, hizo temblar el piso del parque una vez más. Saltos y gritos acompañaron a Juanes en esos más de cinco minutos que recordaron su mejor época rockera, pero ese no sería el final: cambió nuevamente de guitarra y segundos más tarde provocó siete pogos. La canción «Seek and Destroy» de Metallica fue la elegida para cerrar su presentación, dejando un mensaje muy claro a los asistentes. El colombiano entendió la dinámica del festival, entró como un villano y salió como un héroe, a tal punto que, días más tarde, Metallica destacó a través de su cuenta oficial la interpretación y la recepción de su amigo Juanes.

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    Rodolfo se sentó en el piano, vestía un sobretodo rojo y una bufanda verde. Acomodó el micrófono y contó que recorrió un largo camino para llegar a «uno de los festivales de rock más importantes del mundo». Interpretó catorce canciones; se molestó con las primeras filas por no acompañar su petición de prender la linterna del celular; pidió a su dios que bendiga Bogotá y se despidió con «Dale alegría a mi corazón», cantada por más de 200 mil personas.

    Los 25 años se cerraron con la filarmónica de Bogotá interpretando en versión de orquesta nueve temas icónicos de algunas de las agrupaciones que han pasado por este festival. Por el retraso de dos horas, la primera canción arrancó cerca de la medianoche. Fue un cierre espectacular, una suerte de regalo para sus asistentes, que logró transmitir el mensaje de Chuky García, programador y curador artístico del Rock al Parque: «Si una sociedad no cabe dentro de un festival, no va a caber dentro de un país nunca».

    Fuente: Rock al Parque. Rubén Albarrán


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