Panela Fest: Del calor a la calidez

Música
Ago, 2018
Artículo por Amyr Sarmie
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Fuente: «Sergio Chango» por Carlos Maldonado. IG: @yeye.cm

De la música al baile, del diseño al grafiti, del teatro callejero al circo, del arte al deporte, así estuvo la segunda edición del Panela Fest. Su lineup tuvo músicos de géneros variados que iban desde el hip-hop hasta el heavy metal. Este festival latacungueño se caracterizó por lo acogedor de su organización y sus instalaciones que nos mantuvieron compenetrados tanto en el achicharrante sol de la tarde y en el gélido viento de la noche.

Por fin llegó la mañana del sábado 21 de julio y Latacunga nos recibió con un arcoíris congelante. Al mediodía, el frío había amainado y aunque el cielo aún estaba nublado, en el estadio ya había al menos trescientos «panelas» que empezaban a ubicar sus carpas y a brindarle una vibra muy festivalera a la explanada del Ignacio Flores mientras disfrutaban de las interpretaciones planas pero psicodélicas y vibrantes de Danzan las Plantas. No fue el mejor arranque, pero fue parte de toda la música de este Panela Fest.

Llegó a nosotros una dosis de flores y frutas por cuenta de la producción, un excelente preludio a Natural Dreada, una agrupación de hip-hop y reggae experimental, que contaba dos DJ y tenía efectivamente un diseño sonoro muy natural. Además estaban acompañados por visuales llenos de referencias a la planta natural. Pasamos a un hip-hop más explosivo ejecutado por los ambateños Don De Gente que, aunque tuvieron poco tiempo en el escenario, fue suficiente para activar el Panela Fest.

En ese punto, el festival ya tenía cerca de ochocientos asistentes que rondaban los distintos rincones del Ignacio Flores para mirar las piruetas de los skaters o los originales y creativos diseños artesanales, adhesivos, carteles y textiles de varios emprendimientos que exponían su trabajo. Esta fiesta bipolar también se celebró con murales de grafitis, cuyos trazos iban tomando forma a medida que trascurría la intermitente llovizna vespertina de Latacunga. Y el teatro callejero, a pocos metros de los emprendimientos, narraba míticas, histriónicas y sutiles historias sobre el origen de los colores y de otras bellezas del mundo.

Era turno de El General Villamil, que se subieron al escenario con sobria potencia oscilante que les caracteriza; tal vez menos potente de lo usual, incluso Dave Rojas parecía tan desconcentrado que a ratos se le caía la técnica de canto. La potencia dispar de las presentaciones no evitó que se armaran pequeños pogos en los éxitos más pesados. A continuación, Zebra Circo se instaló en medio de la explanada y dio un genial show de malabares con pelotas, clavas y ¡hasta espadas!

La bipolaridad rítmica volvía al Panela Fest con la trova urbana del Viejo Napo, con su interpretación gritada y muy afinada. ¡Cautivó tanto a los panelas que no dudaron en pedirle otra!, y de otra en otra se fue cinco canciones fuera de programa. Según él «el público tiene la razón». Aún así, Curaré y su longometal sí alcanzó a hacer su show completo y brilló por su retumbante potencia y excelente empaste. El polvo se levantaba cada vez más alto y el sol pegaba más a medida crecía.

Los cuencanos de Zebra Circo volvieron a aparecerse en el Ignacio Flores con sus malabares y monociclos para darle pie a la espontaneidad de Lolabúm. En esta ocasión, el Panela Fest fue el concierto de lanzamiento de su nuevo álbum: Tristes Trópicos. Es así que, con un aire como reflexivo, Pedro Bonfim y su banda se subieron al escenario para hacernos saltar y poguear. Apegados a la dualidad del festival hicieron un juego de contrastes con la pura intención de ponernos románticos o meditabundos. A pesar de un bajo mal ecualizado, los revolcones en el piso con solos de guitarra y los cirqueros que se paraban de manos fueron algunas de las tantas manifestaciones de la exagerada espontaneidad de Lolabúm.

Llegaba el momento de revivir al hardcore con una banda que estuvo muerta durante cinco años. Con toda rudeza y pesadez, Hijos de Quien, demostró que una pausa tan larga no significa una merma en la calidad de su música; de hecho, fueron muy pocas las veces en las que sus ejecuciones instrumentales perdieron claridad. El intenso y abrupto mosh de Hijos de Quien estaba bipolarizado por un dulce atardecer con luna y arreboles, y por cuatro flamantes murales de Sergio Chango y TenazGraff.

De lo pesado pasamos a lo melancólico, Da Pawn parecía ser una de las bandas más esperadas del festival, sus canciones fueron coreadas casi de principio a fin. Desde las nuevas hasta las más viejitas, desde «Pistola De Balín» hasta «El Peón». Algo en lo que Mauro Samaniego y su banda se están destacando es en su evolución interpretativa; se notó una fuerte apropiación de sus temas más antiguos, claro, por otro lado, algunos nuevos aún tienen pendiente cierto proceso de aprehensión emocional.

El viento ya empezaba a helar la explanada y a hacer que los panelas junten los más de dos mil cuerpos para abrigar el ambiente.

El Panela Fest 2018 tuvo más de un resucitado, solo que en el caso de Biorn Borg, no ha vuelto para quedarse. En efecto, a los seis años se han vuelto a subir a las tablas como una ocasión única, excusa perfecta para celebrar con unas copitas que sí se sintieron sobre el escenario. Ya sé que el estilo de la agrupación es así mismo: medio gritado; sin embargo, no es excusa para desafinar. Lo que nadie les puede quitar es la energía contagiosa y apasionante. Fue tanta que cuando se les acabó la hora de escenario, siguieron tocando una canción tras otra, pero para este punto Sofía había dejado de cantar y optado por desgañitarse. Biorn Borg logró algo sin precedentes en esta edición del Panela: fue la única banda que cerró con el sonido desconectado.

Los headliners por fin empezaron a subir al escenario. Aunque muchos creían que Movimiento Original Crew cerraría el Panela Fest, el trío chileno sorprendió al público subiéndose primero al escenario latacungueño. Estos hiphopers demostraron que el talento no es cuestión de géneros, no sólo por sus voces sedosas y muy bien trabajadas, sino por un empaste prácticamente perfecto y unos acordes vocales muy precisos. Se podría pensar que era el DJ quien realmente ponía estos «efectos», sin embargo, en más de un solo de voz, quedó comprobado que él simplemente era el encargado de reproducir la armonía estroboscópica que caracteriza al show de hip-hop y reggae de Movimiento Original.

A las once de la noche la onda reggae continuó, esta vez, con Sudakaya, cuyos éxitos «Sale el Sol», «Santita» o «Canción desde el abismo» fueron vivamente coreados por el público del festival.

La banda de Guanaco se lució por un empaste que sabía resaltar muy bien al protagonista de cada frase musical, lo cual es altamente loable cuando hablamos de una agrupación conformada por nueve integrantes; tiene mucho sentido si tenemos en cuenta que desde su tour La Cosecha, en 2017, casi no han descansado de las tablas —eso sin mencionar los ya 16 años que llevan de trayectoria—. Este festival le sirvió a Sudakaya para celebrar su título de «los reyes del reggae del Ecuador».

Antes de que Sudakaya termine su perfomance tuvimos que despedirnos de las dualidades del Panela porque nuestro bus de regreso a Cuenca partía a la medianoche. Fue difícil hacerlo, no sólo por la calidad musical que se estaba exhibiendo en ese momento, sino porque, entre tanta gente y con tan buenos artistas, el frío de la Sierra central del Ecuador había dejado de sentirse y se había convertido en una calidez intensamente acogedora.

Es así que todos los asistentes asistimos a un péndulo de emociones que iban de lo sonoro a lo visual, de lo olfativo a lo gustativo, del calor al frío, de lo melódico a lo gritado, de lo chill a lo pesado, de lo romántico a lo mosheable, de la calma a la algarabía… de desconocidos a panelas.

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Fuente: «Sudakaya» por Carlos Maldonado. IG: @yeye.cm


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