La OSC lució el talento infantil con una ópera

Música
Sep, 2018
Artículo por Amyr Sarmie
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  • Fuente: Carlos Maldonado. IG: @yeye.cm

    Una ópera infantil que incluso los adultos la disfrutamos, aunque El Quinde, el Fuego y El Gigante consiguió ser una experiencia integralmente cautivadora para los más pequeños. Dicha experiencia empezó con la repartición libro ilustrado que los niños podían llevarse de recuerdo a sus casas y que contenía dos rompecabezas para colorear y armar.

    La ópera, producida y ejecutada por la Orquesta Sinfónica de Cuenca (OSC), fue presentada al púbico general en dos ocasiones (viernes 21 y sábado 22 de septiembre) con dos elencos distintos. República Sur asistió únicamente a la primera función, sin embargo, fue suficiente para apreciar todo el talento y las voces dulces y blancas del Coro Infantil del Colegio de Artes “José María Rodríguez”.

    Una de las mayores fortalezas del coro en esta ópera fue su seguridad, ello se pudo apreciar no sólo en el diálogo claro de las distintas voces, que consecuentemente llevan a una sonoridad bien afinada, sino también en unas entradas mayoritariamente prolijas, tal vez con dos o tres errores pero prácticamente imperceptibles.

    En lo que se refiere a los solistas, lo único que le faltó al jaguar Yambinga fue un poco más de potencia, pero la voz dulce de José Daniel Madero estuvo afinada durante toda la ópera. En el rol de Pandamá estuvo Gabriel Regalado, cuyo único defecto fue dejar caer la posición en los finales de frase largos, con esto habría logrado completar un trabajo de interpretación fabuloso.

    La ópera también contó con la actuación de dos adultos, quienes sí participaron en todas las funciones. El primero, interpretando al Taita Sol, fue el tenor Frank Cárdenas, el cual se lució especialmente por su voz potente, la cual dejaba ver a las claras un disciplinado trabajo de técnica vocal. El segundo, en el papel de El Gigante, fue el ya reconocido bajo Héctor Rondón; cuya técnica, a pesar de que en esta obra sonó bastante nasal, está empezando a mostrar una evolución, además de haber exhibido una interpretación hipnotizante.

    La dirección escénica de la obra fue llevada por María Belén Ochoa, quien le inyectó de manera acertada una dosis de mucho dinamismo a la ópera, incluso en la actuación de El Gigante que tenía un leitmotiv pesado y marcado. Dentro de este mismo tema, fue claro que también se trabajó con ahínco el tema del contexto escénico, es decir, se podía sentir cada niño del coro estaba bien metido en su propio personaje, de manera que se generaba una mística envolvente alrededor de la trama.

    Aunque la ejecución orquestal todavía no se siente con toda la vida, conexión y humildad que debería, sin duda el trabajo de producción de la OSC en esta ópera se merece un aplauso, no sólo porque piensa en la inclusión cultural de los niños, sino también porque no escatima esfuerzos cuando se trata de ofrecer una experiencia artística multiplataforma.

    Fuente: Carlos Maldonado. IG: @yeye.cm


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    1. […] ópera El Quinde, el Fuego y El Gigante consiguió ser una experiencia integralmente cautivadora para los más pequeños, pero los adultos también la pudimos disfrutar. […]

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