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Música
Nov, 2015
Artículo por Juan Andrés Bustamante
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    Fuente: trebolear


    La industria musical en el Ecuador ha pasado por una etapa de cambio muy fuerte en los últimos diez años. Recientemete ha existido un boom en cuanto a la cantidad y calidad de música que se produce en el país. Hoy en día existen grupos que tocan todo tipo de géneros: rock, ska, punk, pop, indie, metal, jazz, hardcore, folk, tradicional, entre otros, todos con sus respectivas variantes alternativas en cada corriente, y explorando sonoridades nuevas y frescas. Hay propuestas nacionales que están a la par de muchos actos internacionales, tanto del presente como del pasado, y no reciben la atención que se merece un trabajo que aporta a la trascendencia y evolución cultural de un país.

     

    Los artistas más exitosos del medio son aquellos que están inmersos en el mundo del pop (género que estimo y respeto) y, de igual manera, los intérpretes de tecnocumbia pueden vivir tranquilamente al dar varios conciertos semanales, ya que en el circuito donde se mueven existe una gran demanda. Pero ¿cómo hace un artista de música alternativa para posicionar su producto en un mercado donde su audiencia es muy reducida? Las herramientas tecnológicas a la disposición de los artistas, y su gran alcance, han sido de gran ayuda a los interpretes para expandir sus mercados; pero las redes sociales pueden ayudar solo hasta un cierto punto. Tal vez la respuesta puede estar en generar distintos tipos de contenidos: tecnológicos, convencionales y no convencionales, para difundir su imagen, música, mensaje y, mayormente, para posicionarse en la mente de la mayor cantidad de gente, potenciales fans, que podrían consumir música ecuatoriana de alta calidad.

     

    ¿Acaso la idiosincrasia de nuestro país y la fuerte influencia cultural que proviene desde el exterior ha desplazado al talento nacional del foco de atención de las personas? Programas de televisión como La Voz y Ecuador Tiene Talento (o ya si vamos más a fondo, Vamos con Todo y toda la basura de prensa rosa que inunda la programación televisiva), en mi opinión, solo promueven música vacía, son shows en los que las apariencias priman y suman una importante contribución a la deseducación cultural de la gente que pasa sus horas de ocio haciendo zapping y buscando un poco de entretenimiento. Por otro lado, el hecho de que muchos sigan pensando que si algo es hecho en Ecuador no está bien hecho es una cosa que a mí me causa desconcierto. Si bien hay muchas cosas que no podemos producir en nuestro país, como computadores de ultima tecnología, naves espaciales o sistemas de transporte público que funcionen correctamente, no es el caso de los productos culturales. La gente que vive en este pequeño rincón de la mitad del mundo imagina y, posteriormente, mediante arduo trabajo y dedicación, pone en escena.

     

    No puedo creer que en la actualidad haya gente que genere eventos de tributos y que haya músicos que todavía lucren tanto de la “chaucha, de tocar covers; peor aún, que haya gente que encuentre efímera satisfacción en ver a músicos tratar de recrear las obras cumbres de bandas extranjeras, aprovechándose del contenido musical y su éxito para vender entradas. No me parece que hay nada de malo en tocar música ajena, ya que todos la disfrutamos, pero si queremos que la escena de música independiente siga floreciendo, hay que generar espacios para que la creación nacional tenga dónde desplegarse y catapultarse. Hay que forzar a los medios a apoyar, no al talento ecuatoriano, sino a las cosas que están bien hechas y que de paso son parte de la identidad cultural nacional. No existe una carencia aptitudinaria para crear buena música, lo que hace falta es apoyo y criterio, no solo de la gente que decide qué difundir o qué circular en los medios, sino también de personas que sepan cómo dirigir y difundir la música, sin trastornarla, a los públicos y espacios pertinentes en los cuales se ven beneficiados tanto el consumidor como los productores.

     

    Bandas independientes han surgido en grandes números, y las propuestas de distintos géneros por parte de músicos profesionales han subido el estándar de calidad musical en el país. Hoy en día existe una variedad de grupos y artistas que, mediante esfuerzos de promoción autogestionados, han logrado llevar a su música a los oídos de muchos jóvenes ecuatorianos. Sin embargo, la industria musical no tiene el apoyo de la industria privada, ni del sector público; la cultura ha pasado a un segundo plano y las disqueras (cuyo rol en otros países es primordial para el fomento cultural musical) en nuestro país son inexistentes. Me pregunto, ¿qué opinará el Ministro de Cultura sobre la escena independiente? ¿Será que ha escuchado de La Máquina Camaleón o de la existencia de 3vol?

     

    El cambio tiene que comenzar por uno mismo, dándose el tiempo para descubrir música, comprar discos, ahorrar un poquito para ir por lo menos a un concierto cada tanto y ver qué onda, escribir reseñas verdaderamente críticas y así encontrar el placer disfrutando de lo que es nuestro y haciendo que los artistas se esfuercen cada vez más en tocar, componer y producir para salir adelante. Y no solo pasa con la música, sino con el teatro, cine, danza, pintura, escultura; hay un mundo ferviente de personas que todos los días trabajan duro para poder brindarle un poco de cultura a un medio que necesita de ellos.

     

    Indudablemente, aunque muchos no lo piensen, nuestros 256 370 kilómetros2 están llenos de artistas talentosísimos que disfrutan mucho de su oficio y cuyo trabajo debería ser reconocido, remunerado y exportado.


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