Música y medios

Música
May, 2019
Artículo por Roberto Moscoso Hurtado
Este artículo tuvo: 32 visitas, compártelo !
Compartir por Facebook Compartir por Twitter Compartir por mail

Artículos que te podría interesar



  • La cultura no es un tema menor cuando hablamos de relaciones de poder; la cultura actúa como un instrumento con el que las hegemonías promueven y cultivan su forma de pensar y hacer el mundo. Y eso lo confirma el informe producido en 1974 por un grupo de investigadores de estrategia de la Escuela Nacional de Guerra del Pentágono:

    En este siempre más pequeño globo nuestro, todas las sociedades, todas las culturas están comprometidas en una inevitable competencia por el predominio y la supervivencia. Quienes van a moldear el mundo del mañana son aquellos que son capaces de proyectar su imagen (a ejercer la influencia predominante y una influencia de largo alcance) […] Si deseamos que nuestros valores y nuestro estilo de vida sean triunfantes, estamos forzados a entrar en competencia con otras culturas y otros centros de poder.

    Para este fin, las compañías multinacionales ofrecen una fuerza considerable. Su creciente arsenal de negocios con sus bases extranjeras trabaja para nosotros 24 horas por día. Se trata de un hecho de ósmosis que no sólo trasmite e implanta métodos empresariales, técnicas bancarias y relaciones comerciales norteamericanas, sino también nuestros sistemas y conceptos judiciales, nuestra filosofía política, nuestro modo de comunicación, nuestras ideas de movilidad, y un modo de contemplar la literatura y el arte apropiados para nuestra civilización. (Citado por Roger Wallis y Krister Malm en «Big Sounds from Small Peoples: The Music Industry in Small Countries», 1984)

    En este sentido, los medios de comunicación poseen un rol fundamental para que esta empresa cumpla su objetivo: tienen la capacidad de programar lo que la población y el estado entienden como cultura y legitimar discursos que no necesariamente corresponden a las realidades locales. En términos musicales, cualquiera que sea la programación que difunda el medio, siempre está ligada al interés económico y a lo que ellos consideran que la audiencia debería escuchar, por tanto, consciente o inconscientemente, difunden formas de pensar que están relacionadas con los centros de poder. Los intereses culturales pasan a un segundo plano cuando se trata de difundir música a un grupo social determinado y se utilizan discursos relacionados con la «moda», lo «popular», entre otros, para definir el direccionamiento de sus programas y, así, poder acaparar la mayor cantidad de audiciones.

    Los medios condicionan el consumo de lo que se escucha a la valoración económica, es decir, tiene más valor cuanto más se consume; invitan a la audiencia a ser parte de sus programaciones vendiendo la idea de lo que ahí se difunde es gracias a la petición del público, algo así como «el cliente siempre tiene la razón»; no permiten la creación y el libre pensamiento, e imponen las formas con las que la cultura dominante entiende la construcción de su música, mas no exponen alternativas para escuchar otros tipos y formas de organización del sonido.

    Los discursos emitidos por los medios (y por los músicos que allí exponen sus trabajos) se han empeñado en alejar o tergiversar la realidad local; poseen y generan juicios de valor que otorgan jerarquía social a lo que difunden. Es decir, mucha de la música (sonoridad) local ha sido relegada a lo folclórico, como dije en algún momento: no es lo mismo escuchar a Gerardo Morán que escuchar a Metallica (en términos de estatus social).

    Por otro lado, pero no fuera de este contexto, la educación también transmite modelos de pensamiento. Los currículos utilizados en los conservatorios y en varias universidades promueven la música europea, que es difundida por los medios (más allá de nuestros gustos por tal o cual género musical), pues todo lo que se escucha en la radio, tv, plataformas virtuales, etc., sin excepción, pertenece a la escala do re mi fa sol la si, que responde a esta tradición.

    Así pues, la búsqueda de nuevas posibilidades de expresión queda relegada únicamente a las posibilidades que brinda esta forma de entender y hacer música. De esta manera ―y en combinación con el poder de los medios de comunicación― es que los discursos impuestos desde las culturas hegemónicas se implantan y permanecen a través del tiempo.

    Un ejemplo de esta realidad es el rock, que, pese a su propuesta contracultural, mantiene cánones de pensamiento de la Europa del siglo XVIII y XIX y valida como único y superior todo lo que se le parezca, dejando de lado lo que se ve o escucha diferente. Además, este género ha forjado una identidad dentro de los cánones sociales que mantiene y promueve un estatus que imita las estéticas de realidades ajenas, alegando originalidad e innovación.

    Lo anteriormente dicho no quiere decir que no posea un valor estético y sociocultural en donde se muestren propuestas coherentes al contexto, sino que esta forma de pensar ha sido impulsada por los medios de comunicación locales durante muchos años y que ha logrado mantenerse gracias a los espacios de difusión (poder) que posee. A esto se suma que el rock, bajo la misma línea de pensamiento, se ha convertido en el brazo ejecutor, en términos culturales, de los gobiernos locales, quienes se han posicionado, muchas veces hablando sobre los códigos de moral y ética que promueven (conciertos de rock sin alcohol o con frases como “El rock es Cultura”, por ejemplo) y utilizan al género como idea de acercamiento político hacia los ciudadanos consumidores.

    Los medios de comunicación y difusión no se han sentado a discutir y reflexionar sobre las formas en las que el poder cultural hegemónico actúa sobre la sociedad. Ellos se concentran básicamente en los réditos económicos que su programación puede generar. En el caso del 1×1, su inconformidad, básicamente, viene de la idea de que en el país no existe «calidad» y variedad musical para llenar sus programaciones, creo que no se han percatado de que gran parte de lo que ellos demandan ha sido resultado de sus propias políticas, en otros términos, jamás se han preocupado por abrir el abanico de las posibilidades sonoras y musicales que pueden o pudieron existir. Siempre han jugado de lado de la balanza del poder monetario, de la mano también de nunca mirar hacia las realidades locales.


    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • NUEVOS
    Ph: TNS

    33.293

    Una, de vez en cuando, vuelve a casa como migrante privilegiada.

    Y, como migrante, se enfrenta a noticias como esta:

    “Un diario …

    Leer más

    Ph: Rock al Parque

    El orgullo estridente cumple 25 años

    Una crónica sobre la última edición del Rock al Parque
     

    La programación del día tres llevaba más de una hora de …

    Leer más

    Entrevista a David Holguín, director de Estación Polar, documental de Mamá Vudú

    «Estoy contando mi propia historia y se siente que es de verdad»
    Si hay algo de qué hablar —y hablar muy …

    Leer más

    Literatura para ingenieros

    Estimado lector o lectora de esta Gaceta, si usted no se dedica la ingeniería, a la ciencia o no es …

    Leer más

    LA ESQUINA: Con sabor a la abuela

    «Logramos imponer un concepto» fueron las palabras del chef argentino Fabián Spahr, propietario y creador de La Esquina, para referirse …

    Leer más

  • ÚLTIMA EDICIÓN