La amplitud no modulada de Álex Alvear

Música
Mar, 2016
Artículo por Mariela Ramos C.
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  • Fotografía cortesía Festival Polifónico

    Un melómano ha de discernir hábilmente a la hora de escuchar música, qué escuchar y no perder el tiempo, es la cuestión. Cada tanto la atención ha de estacionarse en constructos sonoros que valen la pena ser colocados bajo luz, lupa y todos los sentidos bien despiertos.

    Me enteré de la llegada a Cuenca, luego de muchos años, del gran músico ecuatoriano Álex Alvear, había que estucharlo, pero también que entrevistarlo, así que propicié una encerrona en la cabina de Antena 1 – 90.5 FM a voz cruda, sin ediciones, para conocer qué música traía consigo en los albores del 2016 este caballero de hippie armadura, qué mutaciones decantaron los años y las agüitas en su proyecto de vida, y cómo se han nutrido sus dimensiones musicales.

     

    El tiempo de Promesas

    Álex reconoce que encontrarse a Hugo Idrovo y Héctor Napolitano le cambió la vida; porque hasta ese entonces era intérprete, copiaba, hacía covers; “esta gente” solo tocaba sus canciones originales y no tocaban un par, tocaban noches enteras. Su camino coincidió con una residencia de estos guayacos en Quito, se cayeron bien de entrada. Fue natural, tocaba con Napo rock and roll y funk en una discoteca, vivieron juntos en una suerte de comuna hippie, a la que luego se unió Dani Cobo y se armó el combo.

    Promesas Temporales fue una agrupación ecuatoriana de rock progresivo que propuso un sonido nuevo y propio en aquellos 80 y no fue bien recibida del todo. Recordó su debut en el Teatro Prometeo, estaba toda la directiva de la Casa de la Cultura y su séquito, a la tercera canción, se fueron. Pues claro, salían a los escenarios disfrazados, con máscaras antigas, con tutús, con mallas. Pero ojo, ante esto, la gente creó una mística acerca de su postura política. Vivían con sus reglas y no encajaban en una doctrina, sin embargo, Álex cuenta que eran sensibles a lo que estaba pasando en el país. “La verdad éramos parias”, dijo, “los izquierdosos nos tiraban de marihuaneros, pequeños burgueses, y los derechosos nos decían comunistas. El membrete más adecuado es: hippie/ anarco”.

    Paralelamente a Promesas, con Napo, tuvo un proyecto llamado Rumba Son, que incluía ritmos latinos como la salsa. Aunque no tuvo el pegue de Temporales, explica Alvear, incidió en la movida capitalina de tal forma que aparecieron salsotecas; la gente comenzó a aprender el baile y quedó esa semilla de estos ritmos en la capital.

     

    Susto en el gobierno facho de Febres Cordero

    La polémica administración de Febres Cordero en el Ecuador (1984 -1988) extendió los tentáculos hasta Álex; agentes del gobierno lo secuestraron, mas, con suerte, sin analizar su rutina de llegada a Guápulo a las tres de la mañana, hora en la que por las calles no hay un alma, sus secuestradores lo ubicaron en la 6 de Diciembre y Veintimilla, una esquina llena de negocios en Quito. Pilas el hombre, armó bulla y ni bien se lo llevaron, familiares y amigos empezaron presionar a sus captores. Tuvo la fortuna de salir vivo y libre ese mismo día. “Es el momento más humillante y terrorífico que he sentido en la vida”.

     

    Los plot poits de la travesía

    A la semana del denso drama en Ecuador, viajó a Estados Unidos con 70 dólares en su bolsillo y, sin plano ni mapa, llegó a estudiar en UC Berkeley, además se desempeñó como gestor cultural, actividad que le permitió subvencionar su vicio del arte: “porque seamos sinceros, es una carrera difícil, aquí o en la China”.

    Cuando guambra rockero, Alvear despotricaba contra la música nacional, pero va la fiesta de San Juan en Cotacachi (Imbabura) y se le activa el punto de encaje; “el Colorado”, en la casa de un shamán, se encandila con el sonido de un arpa y un bombo que tocaban un par de señores mayores. Lo invitan a ser parte de la banda y, con prisa, hace un puente para su guitarra con una rama, el patrón del sanjuanito asoma por su memoria y toca por horas sin parar.

    Por el trance, la cabeza y el shungo se mueven lo suficiente como para pasar de ser un citadino full chagra a un músico conectado con la sonoridad de su pueblo y el universo. Incorpora el legado, este sentir y le guarda espacio para que con la práctica, la investigación y el tiempo, pudiera luego darle a todo esto, nuevo cuerpo y propia voz.

     

    La exploración

    En tierras del Norte rápidamente tejió trayectos múltiples como arreglista, bajista y cantante; presentaciones en festivales, clubes, conciertos. Mixtura de ritmos: afrocubanos, latinos, jazz, blues, R&B, rock, funk, música tradicional de distintos puntos. Vínculos importantes en la escena latina con Celia Cruz, Orlando “Puntilla” Ríos, Daniel Ponce o Paquito D´Rivera.

    Cada tanto, cuando extrañaba la tierra, jugaba con una guitarra o su piano y traía al momento un albazo o un yaraví. Se dio cuenta de que había material suficiente como para asentarlo todo en Ecuatorial, un disco inspirado en la música del Ecuador, producto de casi 20 años en la composición.

    La primicia que nos compartió es el anuncio de la producción en este año de Ecuatorial Vol. II. Nos adelantó su intención de incluir sonidos afroecuatorianos como la bomba o la marimba. Sin ánimo de quedarse en un solo lugar por mucho tiempo, busca darle continuidad al ciclo, cerrar y dejar el testimonio.

     

    Wañukta, el golpe

    25 años después de iniciado el viaje, entre idas y venidas, escalas y vuelos Estados Unidos-Ecuador, sostiene constante el enganche con la movida musical de aquí y de allá. De varios procesos creativos, resalta un proyecto loco: tres bajos, el de él; el de Matías, su hijo y el de Ivis Flies. Hacen happenings donde improvisan texturas, colores y ambientes. En su repertorio incluyen temas ecuatorianos propios y de artistas tan diversos como Delfín Quishpe o los Hermanos Benítez y Valencia. Se dijo: “¡funciona!”, así que sumó a la fila un tremendo tecladista, compositor, arreglista, acordeonista como Nelson García, al monstruo del blues y del rock Andrés Noboa, de Blues S.A., y al pintor de ritmos, el percusionista Pablo Vicencio. La ensalada se bautizó como Wañukta Tonic.

    En su afán por afirmar la universalidad de nuestra música, Wañukta se aveza a tomar temas ecuatorianos, que por naturaleza son hermosos, los saca de su contexto y los hace funcionar, hermosamente, en otros: un yaraví convertido en blues, un albazo con arreglos rock, un pasillo dado la vuelta al reggae.

    Ecléctico por ejercicio, Álex Alvear no deja de rastrear sus raíces o todas las raíces. Música del shungo para quienes se aventuran por la multidimensionalidad de su propuesta musical. Lo que hizo, hay revisarlo; si viene a tocar, vale la pena verlo; si lanza algo nuevo, vale la pena escucharlo; si acierta o se equivoca, no importa, vale la pena.

    Fotografía cortesía Festival Polifónico

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