Los álbumes más explosivos del 2018

Música
Dic, 2018
Artículo por Amyr Sarmié
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Fuente: Hiato - Línea Coral

Una Pistola de Balín recargada de sonidos pesados, Rosalía que está haciendo del flamenco una bomba y, hablando de bombas, Molotov estalla con su MTV Unplugged. Así ha sido este 2018: un año lleno de novedosas disonancias explosivas, algunas muy buenas, otras no tanto, pero que igual han despertado los oídos de muchos melómanos y fanáticos.

En este artículo repasaremos algunos de los lanzamientos más relevantes de la música en Ecuador y en la escena internacional.

La mecha de este recuento se enciende en la ciudad de Cuenca, donde arrancamos el año con una intensa Nube naranja con la que los Donnie Parko y su vocalista Stefano Pauta nos demuestran magníficas aptitudes interpretativas, aunque es cierto que a veces sus letras parecen integradas a la fuerza en los compases, exhiben unas composiciones simples pero con mucha electricidad.

Esta electricidad no se pierde ni siquiera en las canciones más suaves y relajadas de los Donnies, lo que le da un sabor lleno de contrastes rítmicos a la producción. Todo lo contrario pasa con 1983 de Mr. Monkey, que tiene cierta complejidad en arreglos, pero no se siente un trabajo interpretativo ni una dirección en las canciones; es como si cada canción tuviera una sola emoción de fondo y de ahí no creciera o fuera para ningún lado.

Por otro lado Ilaló lanzó su disco homónimo con un muy buen trabajo de funk psicodélico tanto en lo instrumental como en lo vocal. Respecto de lo primero, las composiciones cuentan con arreglos que dialogan entre sí y que van creciendo en intensidad compás tras compás, es así que llegan a detonar cada canción en un clímax con el que no se puede evitar bailar. «Chimboya» nos hace caer en la cuenta de que definitivamente existe una fuerte labor compositiva detrás de Ilaló con todo ese juego vocal que exhibe.

Las letras son bastante sencillas y poco trascendentales, sin embargo, aunque hay uno que otro acento erróneo y a veces falta fuerza en la interpretación, estas guían muy bien al contexto musical.

Tristes Trópicos de Lolabúm fue otro de los estallidos del 2018, logra una su intención romántica y nostálgica con arreglos orgánicos, pero un poco simples. Además, dejó en evidencia la interpretación golpeada y poco fraseada de Pedro Bonfim con letras a las que todavía les queda mucho por madurar aunque sean entretenidas.

De lo dicho se puede hacer un copy paste para los dos discos de Niño Baldío, solo que en el caso de Primavera acuarela, en el que casualmente se hizo un feat con Bonfim, es imposible pasar por alto las repeticiones tanto en la música como en la letra. Lejos de casa, junto a Koala Precipicio, cayó en arreglos chillones y melosos, encima de una técnica vocal estentórea y descuidada.

Una agrupación que puede parecer chillona a primer oído es HIATO, pero con Línea coral nos han demostrado que saben jugar muy bien con el contraste de alturas y timbres, complementándolos con mucho estilo gracias al uso de capas de sonido que mantienen la esencia electrónica, energética y levitante del álbum.

Es cierto que tiene cierto toque minimalista, pero nunca hasta el punto de ser monótono, aunque también es cierto que no se siente un clímax realmente explosivo en ninguna de sus canciones. Para seguir con la electrónica guayaquileña, pero esta vez un poquito más dream, en Electro Psicodelia vol. 1 sí que se siente explosiones muy marcadas.

La Iguana Invisible se luce por una gran interpretación cuyo contexto musical, distinguido por sintetizadores protagónicos, le da un excelente soporte a sus exclamativas letras. Sus influencias, que van desde el house, pasando por el synth pop hasta llegar al rock progresivo, dialogan con mucha gracia y le aportan al disco un juego rítmico muy interesante.

Con texturas más oscuras, Síndrome pasado de Ela Mar muestra arreglos de guitarra y teclados bastante simples, que sin embargo, siempre le están dando una dirección a las canciones. En esta ocasión han sido producidas por el peón Mauro Samaniego y no llegan a ser monótonas excepto por la interpretación del vocalista, que contrasta con el agradable juego de matices que le da un muy buen complemento al carácter íntimo de sus letras.

Asimismo, con texturas oscuras, pero también con más fuego, Sexores lanzaron este año East/west, una producción bastante loable porque todo el material discográfico tiene cierto concepto que va desde místicas nostálgicas (east) hasta llegar a lo enérgico (west). Además, se debe destacar el buen trabajo compositivo que tiene gracias a las capas de sintetizadores que se van agregando poco a poco para darle un sentido más profundo a lo que nos cuentan las letras.

Para terminar con las texturas oscuras, TayosTayosTayos hizo un EP en el que el bajo se lleva el protagonismo, algo muy coherente con ese género «ñengótico» que pregona la banda. Ese detalle, sumado al trabajo de Sabi Gallegos -Anda en la voz— que brilla no solo por su timbre dulce, sino también por su excepcional interpretación llena de emociones y de acentos bien puestos—, hace de Bailorio un álbum con mucha pólvora y con un juego de colores exquisito.

Aunque tuvo poco de novedoso, porque contiene muchas canciones que ya habíamos escuchado, eso no le quita mérito a las composiciones optimizadas de los guayaquileños.

Entre los álbumes más explotados de la escena nacional está Verde fugaz con una musicalización bastante plana y en el que se siente poco o ningún trabajo interpretativo; además, en él, Paola Navarrete exhibe una vocalización chiclosa y bastante monótona.

Absolutamente todo lo contrario ha sucedido con otra quiteña: Magus, que no ha sido una bomba mediática, pero su disco Atemporal contiene muestras de tal calidad compositiva e interpretativa que cautivan desde los primeros segundos de escucha. Soul, funk y gran variedad de ritmos latinos mezclados con mucho tino le aportan un color muy peculiar a esta producción.

A ello se le puede agregar la limpieza y el sabor con los que la línea de bajo va guiando el oído a lo largo de los distintos paisajes de esta colección.

Géneros un poco más pesados también han sido alcanzados por la llamarada «Mauro Samaniego, productor»: Infinito Zen ha lanzado su segundo EP, Siluetas disueltas, con una maravillosa producción musical desde un punto de vista armónico, con arreglos que no son muchos, pero son los suficientes y con riffs pegadizos y muy limpios. Las líricas, por su parte, son profundas e intensas.

Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, las composiciones no me acaban de convencer, pues se siente como si la letra y la música hubieran sido creadas independientemente las unas de las otras, se lo puede notar especialmente en la falta de un contexto musical y en la necesidad de limar ciertos detallitos en el fraseo de la voz.

Hablando de Samaniego, el 2018 ha estallado con un disco de cada una de las bandas en las que él es vocalista. Revisemos primero Reales tamarindos, un álbum de rock con sonidos saturados. En esta producción, se puede sentir cómo Tripulación de Osos se esfuerza por darle dirección y sentido a su música con gran cantidad arreglos en los instrumentos, que dialogan entre sí y nunca dejan de crecer. «Factura» es un gran ejemplo de cómo la guitarra principal puede hacerte sentir el agobio de «paredes que se cierran» o de un «juego de mesa del que no se puede escapar».

Da Pawn, por su parte, no pierde su esencia romántica y nostálgica. Algo que detona los sentidos en Pistola de Balín son los arreglos sutiles que se van adentrando en las canciones casi a manera de contrapunto. En «La muerte» se puede sentir cómo la guitarra acústica dialoga y se complementa con la eléctrica, sin dejar que los arpegios de la una opaquen a los riffs de la segunda, y con una batería que sabe adaptarse y darle fuerza al empaste.

En ninguna canción del álbum se escucha un sonido al azar, las líneas de cada instrumento, sin lugar a dudas, tienen un sentido compositivo profundo. La producción tiene mucha madurez, tanto a nivel musical como lírico.

Con la escena nacional cubierta, podemos adentrarnos, al menos superficialmente, en algunos de los álbumes internacionales más explosivos del 2018. Un trabajo que no podemos dejar de mencionar es el de Molotov, más que nada por la cantidad de fans que resucitaron gracias a su MTV Unplugged.

Las composiciones de la agrupación son y serán simples y viscerales, pero uno de los detalles, a mi parecer, más destacados de esta colección es que todos los instrumentos y artefactos que se usaron en El Desconecte aportaron un aire muy fresco y pulcro a los diecisiete ya conocidísimos temas de los mexicanos.

Para no salir de México, hablemos de Natalia Lafourcade quien, por cierto, estalló en los Grammy por tener el Mejor Álbum Folclórico con Musas Vol. 2. En realidad no es que ese Grammy me parezca gran cosa (si Maluma ganó uno ya no sé en quién confiar), sin embargo, el de Natalia me parece muy bien merecido por toda la labor que está haciendo por la música latinoamericana.

Hay quienes se oponen a la mezcla de esta música con el pop contemporáneo, pero debemos ver que esa es la mejor manera de asegurarle un futuro próspero a la buena música; Lafourcade no sólo lo ha hecho, sino que lo ha hecho con maestría pura: equilibrado juego de timbres, instrumentos propios para la ocasión, arreglos bien logrados y con mucha limpieza y una interpretación encantadoramente introspectiva. Es un disco perfecto para disfrutarlo con una taza de café negro caliente en una sabrosa tarde de lluvia.

El último trabajo discográfico latinoamericano que revisaremos es Aztlán, en el cual no dejaremos de encontrar, por lo menos en una buena parte de los temas, lugares comunes y las letras trágicas y melodramáticas que caracterizan a Zoé. Sin embargo, esa es prácticamente la esencia de la banda, el detalle más loable de este disco que se ilumina con el brillante uso de sintetizadores que recalcan ese estilo psicodélico y espacial de su rock.

Entre las novedades favoritas de muchos fanáticos del jazz estadounidense está la aparición de John Coltrane con un disco grabado una noche de 1963. Una joya compilada por su hijo Ravi con el nombre de Bothdirections at once: Thelost album,que no es nada demasiado especial en la trayectoria de Trane. El «álbum perdido» es solo el recuerdo de una velada en la que él y su cuarteto estaban inspirados. Lo que sí es cierto es la maestría con la que el foco de protagonismo va pasando de un instrumento a otro.

Otro dinosaurio que se encendió en este año fue Sir Paul McCartney, que ya no sorprende ni por sus elegantes composiciones, ni por sus letras idealistas; son otras cosas las que me resultan interesantes en Egypt Station, empezando por la obsesión de McCartney por hacer cosas que rompen un poco con los paradigmas sobre lo que uno espera de él. Un ejemplo de ello es el coro con apoteósico crescendo que anuncia una canción con mucha fuerza, pero hace implosión en un piano sutil y delicado.

Lo mismo sucede con «Back in Brazil» por su toque cuasi electro bossa nova. Lo que Macca no está cumpliendo es la promesa de un álbum conceptual. ¿Qué tiene que ver Brasil con Egipto?

Los que realmente han logrado un estallido de la escena internacional son los Arctic Monkeys con Tranquility base hotel & casino, con el que han hecho un fuerte cambio de estilo que, en mi opinión, se acerca más a la esencia de los británicos. Pero esto es un tema que detona polémicas que tomarán un buen tiempo solucionarse. Lo que sí es cierto, es que se trata de un proyecto muy ambicioso el de los Monos del ártico; la reinvención es parte de la evolución.

Y hablando de evolución, Rosalía es la gran explosión del 2018 gracias a la excelente mixtura de géneros que ha logrado con El mal querer, un álbum conceptual inspirado en un texto del siglo XIV llamado Flamenca y que brilla la mezcla de géneros tradicionales con el pop contemporáneo (justo de lo que hablamos hace pocos reglones).

La española ha hecho esto con una base de flamenco sobre la que ha colocado trap, pop, rap y hasta un toque de blues. No existe canción en que la composición no resulte compleja a pesar de todo lo mainstream que pueda sonar el disco. Ya desde los primeros segundos, la producción impacta por la sorprendente combinación de estilos que se sienten en el teclado trapero con palmas flamencas. Además, los juegos vocales son otro detalle que no se puede quedar sin una mención especial.

Y así terminamos el 2018, con gran variedad de sorpresas que nos deja un buen augurio de lo que será la música del futuro, con los estándares bastante altos para el2019 que se viene.

¡Año nuevo, música nueva!

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Fuente: Natalia Lafourcade - Musas Vol. 2


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