Por el día del teatro

Teatro
Abr, 2017
Artículo por Piotr Zalamea Zielinski
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  • Fuente: www.buffalonews.com / “A Country Road, A Tree.” A new novel by Jo Baker

    Leía el Mensaje por el día del Teatro, que este año realizó el artista mexicano Francisco Hinojosa, uno de los principales autores mexicanos de literatura infantil. Allí él reflexiona sobre su hogar y cómo este fue el epicentro, el semillero de su inspiración artística.

     

    Mientras lo leía me inundaba la emoción por verme a mí mismo ahí reflejado: los cuentos de mi madre, los de mi abuelo o del infaltable Tío Pepe (¡quién no tiene un Tío Pepe en casa!), los cuentos grabados en los antiguos casetes y aquellos que hacíamos, como juegos, en los improvisados teatrines de cobijas y con medias como nuestros títeres. Estas actividades, a las que creo indispensables para alentar la imaginación y confianza de los niños, fueron aquellas que me permitieron tener mi primera experiencia frente a un espectador, mis primeras experiencias como creador dramatúrgico (y, como ahora, una creación que en mí surgió siempre desde el juego)…, en definitiva, mis primeras experiencias teatrales… casi tal como sucede en lo que nos cuenta Francisco.

     

    Y es Francisco también quien nos cuenta lo maravilloso que puede ser el teatro, cómo este transforma todo el mundo del espectador y cómo puede provocar que este, al salir de las salas, vea el mundo distinto. A diferencia de la literatura, cuando el texto salta a las tablas y cobra vida, cuando sucede delante, y alrededor de un espectador, incluso encima o debajo en algunas propuestas contemporáneas, cuando esto sucede y sucede ejecutado con maestría, con solvencia, cuando sucede bien hecho, el espectador es transportado y sufre una catarsis en la que se identifica con el protagonista, lamenta la suerte de las víctimas y aborrece a los malvados… es el momento en el que, en el teatro, ahí dentro, se forja la magia. La magia de la vida. El vivir. El buen vivir, si gustan algunos.

     

    Y remarco esto del “bien hecho” porque, de forma que Cuenca es una ciudad de gran producción escénica y de calidad, artistas como Cacho Gallegos, Martín Peña, Xavier Andrade, Monserrat Astudillo, entre otros, han dejado el terruño por años, creando y presentando obras tremendamente reconocidas en varias partes del Ecuador y del mundo. Mabel Petroff, Juana Estrella y Andrés Zambrano también han hecho residencia tras nuestras fronteras y retornan periódicamente a la ciudad con la mochila cargada de éxitos.

     

    Hay quienes han preferido hacer trinchera aquí mismo, en esta ciudad de aguas, y salir por breves momentos para retornar, compartiendo sus creaciones y su arte por diversos rincones de este ancho mundo: Pancho Aguirre, Angélica Vásquez, René Zavala, Jaime Garrido, Paúl Sanmartín, Fabián “Chokilla” Durán, Belén Ochoa, Andrés Vázquez, y una lista enorme de grandes artistas con quienes me disculpo por no poder nombrarlos a todos. Artistas formados bajo la mirada de otros artistas de gran calidad como Diego Carrasco, Abraham Urdiales, William Saquicela, Felipe Serrano y más, herederos directos del gran impulso que generó en la ciudad la Asociación de Teatro Experimental de Cuenca, el ATEC, con nombres como Edmundo Maldonado, Estuardo Cisneros, Catalina Sojos, Atala Jaramillo, Jorge Dávila, Luis Cordero, entre otros. Y me he extendido en nombres, no en tantos como quisiera y debiera pero en los prudentes para dejar plasmado aquello que decía anteriormente: hay teatro, teatro cuencano, teatro de calidad y lo hay en cantidad. La oferta teatral, en diferentes centros culturales o en espacios de administración pública, es diversa y frecuente.

     

    Y si no ha ido; vaya, que luego de 20 años de trabajar con el Teatro Barojo y otros 10 de conocer lo que implica programar presentaciones en diferentes salas como las de “El Prohibido” o de “El Sono”, y hoy coordinando las salas la Casa de la Cultura, puedo dar fe de la manera increíble en la que estas se encienden con gritos de los niños y las niñas que quieren evitar que el villano salga vencedor, que es increíble ver a las jovencitas suspirando por el amor finalmente conseguido tras largas peripecias de los protagonistas, que es inmensamente sobrecogedor escuchar las risas emocionadas tras diferentes gags en las tablas y a veces hasta fuera de ellas, y es tan emocionante escuchar los aplausos cálidos que uno, desde el escenario, escucha sobrecogido a veces sin distinguir más que unos ojos brillantes entre las sombras. Sí, yo lo aseguro: hay teatro de calidad en Cuenca, y le invito: vaya y vea. Y sí, vaya, pague una entrada y vea, que esta costumbre de creer que el trabajo del artista debe ser gratuito nos ha hecho daño, mucho daño, no solo a los trabajadores de la artes escénicas (porque somos trabajadores y de aquellos que firmamos contrato por 24 horas al día los 7 días de la semana). Pero el daño nos lo han hecho a todos como sociedad, porque nos ha hecho creer que no somos todos responsables de la creación escénica, que no somos todos quienes podemos impulsar un teatro que nos hable directamente y nos hable de lo nuestro, si no que hemos dejado que unos cuantos decidan qué tipo de teatro debemos ver, qué temas tratará este teatro y cómo deberá tratarlo. Nos hemos dejado distanciar de un arte vivo que se alimenta de nuestras vidas y que, como han dicho grandes maestros, es un reflejo de nuestra sociedad.

     

    Y así, veo desde una ventana la llegada del alba del 27 de Marzo, del día internacional del teatro. Me prepara para celebrarlo haciendo lo que creo deberá hacerse, presentando una función. Y mientras me preparo, hay tantos otros y tantas otras, preparando, creando, soñando en su insomnio con su inminente subida al escenario y con la ilusión de encontrarse con un gran público. Y a todas estas vidas, si de esta forma lo puedo hacer, les abrazo fraternalmente, les agradezco por mantener vivo este arte en la ciudad, y les felicito por hacerlo, con tanto esfuerzo, con tanta gana, con tanta magia, y hacerlo tan bien.

     

    Salut!! por las y los Trabajadores del Teatro, por su magia, por el Teatro.


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