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Fotografía
Feb, 2017
Artículo por Fabiola Cedillo
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Fuente: Fabiola Cedillo

“Sin embargo, había siempre en esas fotos de mi madre un lugar reservado, preservado: la claridad de sus ojos. Por el momento no se trataba más que de una luminosidad totalmente física, la huella fotográfica de un color, el verdiazul de sus pupilas. Pero esta luz era ya en sí una especie de mediación que me conducía hacia una identidad esencial, el genio del rostro amado. Y además, por imperfectas que fuesen, cada una de esas fotos manifestaban el sentimiento justo que mi madre había debido experimentar cada vez que se había «dejado» fotografiar : mi madre «se prestaba» a la fotografía, temiendo que su rechazo pudiese ser considerado como «actitud»; superaba esta adversidad de situarse ante el objetivo (acto inevitable) con discreción (pero sin nada de la teatralidad contraída a base de humildad a de enfurruñamiento); pues sabía sustituir siempre un valor moral por un valor superior, un valor civil. Ella no se debatía con su imagen, tal como yo hago con la mía: ella no se suponía”.

Roland Barthes
La cámara lúcida

 

Considero que los mejores fotógrafos de esta ciudad son los autores de las fotografías que llenan nuestros álbumes familiares. Hace tiempo, estudiando la historia fotográfica de Cuenca, le pregunté a un coleccionista de archivo fotográfico local si conocía fotógrafos que hayan trabajado sobre un tema de manera constante y consciente, intentando narrar algo, siguiendo un relato. Él me miró confundido sin saber de qué hablaba, como si fuera una marciana, o tal vez pensó que estaba loca y no sabía lo que decía.

 

Hagamos un vuelo rápido por los hitos de la fotografía cuencana y ubiquémonos en el tiempo:

 

Mientras que en la década de 1820, Joseph Niépce realizaba el primer procedimiento fotográfico en Francia, no fue sino hasta 1875 que aparecieron los primeros fotógrafos itinerantes en nuestra ciudad. Después, en 1912, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Cuenca, se reunió un grupo de nueve estudiantes con intereses en la fotografía. Posteriormente, en el año de 1977 se creó el primer club de fotógrafos de la ciudad, cuyos miembros, Sánchez y Serrano continúan vigentes. Al parecer, este club no generó mayores actividades, proyectos, libros o exposiciones. Lle-gamos a la actualidad: desde hace ocho años existe el Foto-club de Cuenca, conformado por aficionados.

 

Recorriendo el pasado fotográfico de la ciudad, puedo ver que la temática siempre estuvo ligada a la religión, registro de eventos sociales y paisaje/naturaleza. ¿Por qué no existe un archivo de trabajos que hayan explorado fuera de esas áreas?, ¿acaso no hay nada que contar relevante sobre esta ciudad, sobre nuestra gente, sobre nuestros cercanos, sobre nosotros mismos?, ¿habrá algo más que imágenes estereo-tipadas que se repitan constantemente?, esas imágenes que nos han sido heredadas de libros de turismo, de visiones extranjeras: las típicas fotografías de mujeres con pollera, ancianos pidiendo limosna afuera de las iglesias, niños con mocos chorreando.

 

Pero bueno, eso es a grandes rasgos los rastros que se han podido extraer del siglo XX. Ahora, lo importate sería pre-guntarse hacia dónde miran los fotógrafos cuencanos en la actualidad. Quizás lo único que nos diferencia de hace 50 años, y esto debido a una necesidad, sea la producción de fotografías de moda y publicidad. Por lo demás, seguimos teniendo en su mayoría fotógrafos de eventos y paisajes.

 

Creo que esto se debe a que muchos ignoran el poder que tiene la imagen. A pesar de que constantemente hacen fo-tografías y las consumen, siguen utilizando la cámara para crear imágenes que piensan que se deben guardar por su belleza estética o importancia social. A estos los llamamos “fotógrafos profesionales”, profesionales porque viven de ello o porque manejan técnicamente una cámara. Quizás a veces solo haya que ser “fotógrafos”, quitando eso de “pro-fesionales”, para así liberarnos y utilizar la fotografía como una herramienta que tiene el potencial de registrar las pro-pias obsesiones, miedos, afectos, opiniones, momentos, y hacer que este lenguaje comunique y haga reflexionar, tan-to al que hace la foto como al que la mira y al objeto foto-grafiado.

 

A modo de cierre de este círculo (el del obturador me refie-ro), acabaré igual que como empecé, citando ciertas frases de Susan Sontag (1975) de su libro Sobre la fotografía, que espero que al igual que el texto les sirva como punto de reflexión:

 

“Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado”.

 

“Nadie exclama: ‘¡Qué feo es eso! Tengo que fotografiarlo’. Aun si alguien en efecto lo dijera, todo su sentido sería: ‘Esa cosa fea me parece… bella’”.

 

“Como cada fotografía es un mero fragmento, su peso mo-ral y emocional depende de dónde se inserta. Una fotogra-fía cambia según el contexto donde se ve”.

 

“No es del todo erróneo afirmar que no existe una mala fo-tografíaa, sino solo fotografías menos interesantes, menos relevantes, menos misteriosas”.


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