Curador de Arte, Curador Pedagógico: aproximaciones

Arte
Jun, 2016
Artículo por Cristián G. Gallegos
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Fuente: www.artishockrevista.com / Cristián Gallegos

En Chile, lugar desde donde provengo, el ejercicio curatorial es una decisión de auto-nombramiento, puesto que de esa forma y a partir de intereses puntuales, en un momento determinado se decide ser curador. Digo esto, ya que si bien en los últimos años ha existido una formación académica en el país (diplomados), finalmente la decisión de ser curador o curadora se define por la praxis y la circulación de esta en los diversos espacios museales, galerísticos u otros. Esa decisión no está exenta de una extrema rigurosidad (en la gran mayoría de los casos), basadas en investigaciones de carácter histórico o conceptuales, las que dan corpus a exposiciones con artistas de diversos perfiles, los que en ese contexto dan cuenta del marco curatorial del cual son parte. La formación u origen de los curadores es diversa; historiadores del arte, teóricos del arte, literatos, críticos e incluso artistas visuales. Esto hace que las exposiciones y sus resultados, tengan una exquisita diversidad, lo que desde un punto de vista ayudan a flexibilizar el academicismo con que cargan algunos artistas en Chile y también, generar una circulación de los mismos. Ahora, este punto en la labor del curador es interesante cuando se piensa en relación con el artista. La comunicación entre ambos puede ser desde un grado creativo bastante fructífero, ya que existe complicidades e intereses comunes que fortalecen tanto la obra en los procesos que involucran su reflexión e investigación por parte del artista, como también la escritura creativa volcada a esa reflexión de la obra por parte del curador, que finalmente genera otros lugares de análisis, ampliando la percepción de ésta a un público generalmente especializado.

 

Otra relación entre curador y artista, que más bien comprendo como contraria a la anteriormente descrita, es cuando esta se basa en una cierta traductibilidad curatorial, teniendo generalmente una lista de artistas que cumplen este perfil a partir de obras que en algunas ocasiones, están por realizar. Aquello puede ser leído directamente desde una relación de poder, donde el curador ejerce su seducción para hacer válido su ejercicio teniendo al artista como un actor que articula la escena de sus pensamientos. Resulta interesante la descripción de este tipo de curadores que realiza Pablo Helguera en el libro Manual de Estilo del Arte Contemporáneo, donde los sitúa como curadores-ventrílocuos siendo «aquellos que han decidido trabajar con artistas que funcionan virtualmente como asistentes, pero cuyos servicios resultan lo suficientemente maleables como para propagar sus ideas por el mundo, convirtiéndose así en representantes de las ideas estéticas de dicho curador.»2 Esta relación al parecer es común y se observa con frecuencia, cuando generalmente un curador decide armar una o dos listados de artistas que va integrando a diversas exposiciones, siendo una matriz que es identificable cuando revisas los catálogos de exposiciones de dichos curadores, y vas percibiendo los mismos nombres de artistas.

 

Ambos tipos de curadores los entiendo como parte misma del ejercicio, donde el primero se asocia y trabaja en procesos creativos recíprocos con un artista y el otro se vale de los mismos como parte de su ilustración discursiva. Creo que ambos son absolutamente válidos, no los entiendo como algo mejor u otro no tanto, sino más bien sólo creo que es parte de la realidad en el mundo del arte, así como la existencia de otro tipo de curadores que tan bien y acertado ilustra el libro de Helguera. Ahora, si tuviese que encontrar un punto común entre los curadores descritos con anterioridad, es su falta de aproximación al trabajo con educación. Eso es quizás porque el primero, esta en un proceso conjunto con el artista, abarcando un trabajo intelectual (que en sí todo trabajo curatorial lo es o al menos debiese) que no desembarca más que un ejercicio en esa línea, pero entendamos que al ser expuesto, sólo un restringido porcentaje pertenece a ese segmento del público, siendo el aporte que hace la obra y texto, un acceso limitado. En el caso del segundo, al estar inserto en una construcción discursiva a partir de la producción de los artistas, su zona se limita a la validación de dicho discurso en el medio al cual se inserta, es decir, el mundo del arte, lo cual produce un ejercicio similar al del primer caso. Generalmente ocurre en estas situaciones, que el trabajo de educación viene a ser un apéndice de la exposición el cual sólo se permite repetir el discurso curatorial, produciendo el monólogo poco productivo en la aproximación de un trabajo con los públicos.

 

Bajo este desarrollo previo, a propósito del curador de arte: ¿cuál sería el papel del curador pedagógico en este contexto? Digamos que su práctica se basa en la construcción de procesos creativos-educativos con los públicos, integrar espacios de trabajo con la curaduría de arte, producir acciones pedagógicas con los artistas e incluso proponer algunos que potencien el marco de reflexión curatorial, trabajar a partir del arte como un constructor de instancias para conocer-aprender, buscando la producción de experiencias significativas para los diversos públicos que asisten a la exposición. ¿Cómo podría cambiar la realidad del curador, sin una mirada concreta en los procesos de educación? Creo que en lo inmediato, sólo se pueden hacer esfuerzos para generar grietas a esta mirada de curaduría, dando a la reiteración y posicionamiento de la educación, una igualdad necesaria para expandir la importancia del arte en la ciudadanía, tal como se está planteando en la propuesta educativa de la XIII Bienal de Cuenca y su programa “El tiempo no es más fuerte”. Entendamos las posibilidades del arte como productor de procesos donde conocer-aprender son centrales para una construcción metodológica desde la pedagogía. Si esto lo entendemos así, en la auto-denominación o incluso en la posible formación académica del curador, la producción del ejercicio intelectual que exige un trabajo curatorial debiese estar relacionada y fuertemente comprendida, como un trabajo de educación, sencillamente por su gestación constructiva de procesos para conocer-aprender, los que pensando no tan sólo en un posible público, sino más bien en la diversidad de públicos que van acceder a esa curaduría, podría hipotéticamente insertar al ejercicio curatorial un trabajo de educación o más bien de arte-educación desde su génesis y de paso, borrar las especificidades como la del curador de arte o de educación ¿será esto posible? Por ahora, desde el espacio que me corresponde en este contexto, seguiré majaderamente aumentando esa grieta necesaria.

 

  • Parte de este texto, se incluye en Un texto reaccionario o simplemente una posibilidad necesaria que fue realizado en el marco de la Escuela Experimental de curaduría en Arte-Educación, desarrollada en la 10ª Bienal del Mercosur entre 23 de octubre y el 6 de diciembre del 2015, en la ciudad de Porto Alegre, Brasil.
  • Helguera, Pablo. (2013). Manual de Estilo del Arte Contemporáneo (2ª edic.). Coedición Tumbona Ediciones S.C. de R.L. de C.V. Consejo Nacional de la Cultura y Las Artes, Dirección General de Publicaciones. México D.F. Págs. 57-58

Fuente: Priscila Orellana / Reunion con profesores

Fuente: @bienalcuenca / Critián Gallegos

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