Razones para la rebeldía

Literatura & Cómics
Jun, 2017
Artículo por José Manuel Castellano
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Fuente: Portada del Libro Razones de Rebeldia

Tras leer Razones para la rebeldía y durante la elaboración de estas líneas valoré distintos enfoques. No se trata de un libro cualquiera. Por muchas razones, merece una reseña distinta ‒que no debe ser hecha con menor rigor y seriedad‒ y a mi modesto entender, exige un contundente compromiso de mi parte.

 

Razones para la rebeldía puede ser catalogado como un testimonio sobre los últimos conflictos sociopolíticos de España. Se desenvuelve en dos planos estrechamente interrelacionados, el individual y el profesional, y gira sobre dos ejes entrelazados: el panorama nacional y el escenario internacional. Todo ello perfectamente compactado y definido por un compromiso ideológico pragmático y por una decidida apuesta por la construcción de una nueva sociedad. Sin embargo, este libro es más que un mero instrumento testimonial, es un instrumento de reflexión donde Guillermo Toledo muestra una serie de problemas a los que responde con sugerentes aportaciones, y Pascual Serrano los enmarca dentro de un contexto social.

 

Este libro no tiene como finalidad ofrecer un modelo de ciudadano, dar lecciones de ética o de ideología, tampoco es una exaltación del individualismo, más bien es una propuesta que intenta incitar al lector. En definitiva, es un texto de agitación que pretende mover consciencias desde la búsqueda de razones para la rebeldía. Un razonado llamamiento a la acción y al activismo.

 

Aunque es muy complejo por los asuntos que trata, comunica con mucha sencillez y tiene la facultad de introducir al ciudadano activo, en el planteamiento social y profesional de Guillermo que puede compartir o rechazar, es decir, dispone un necesario diálogo entre lector y autor.

 

Tiene además otra cualidad destacable: no es un libro cerrado, es un texto abierto y participativo que exige esfuerzo por escribir nuevas páginas en pos de esa anhelada transformación social. Es diferente, como no podía ser de otra manera. Arranca con una nota editorial infrecuente donde se explica su origen. Su nacimiento no es el resultado de una iniciativa de los autores, sino que proviene de una propuesta de Ediciones Península a Guillermo Toledo para que expusiera sus motivos de rebeldía. Sin embargo, él, enfrascado en ese momento en la acampada de sol, no podía hacer frente a ese compromiso y de forma circunstancial entró en escena Pascual Serrano. La editorial consiguió comprometerlo para que durante intensas jornadas y mediante el procedimiento de entrevista-conversación pudiera llevar a buen puerto el encargo editorial. El resultado es este libro que hoy comentamos. Asimismo, debemos hacer constar ‒y eso dice mucho también‒ que parte de los derechos de autor se destinan al Sindicato de Obreros del Campo (SOC).

 

Sin menoscabar las lucidas aportaciones de Guillermo Toledo, es de justicia resaltar la labor de Pascual Serrano. Los que hemos trabajado el género de la entrevista, somos conscientes del esfuerzo que encierra cuando es abordado con tanta profundidad. En este sentido, Pascual ha sido todo un virtuoso. Ha tenido la enorme capacidad de desaparecer del plano principal, aunque detectamos cómo su sello impregna todo el texto, tanto en la concepción metodológica y estructural, como en el exquisito cuidado y delicadeza a la hora transmitir el ideario de su entrevistado.

 

Razones para la rebeldía además cuenta con un sutil y brillante prólogo de Julio Anguita, titulado «Las aldeas de Potemkin», en el que recurre a un símil para sintetizar a la mínima expresión el contenido esencial del libro: la confrontación entre el «mundo real» y la «tremenda realidad». «El texto [dice Anguita] no es solo el acta de una experiencia permanente en la lucha y en la búsqueda de la justicia; es una reflexión acerca de las apariencias y de quienes las montan, beneficiándose de ellas». Para concluir con un genial epílogo: «Absténganse los súbditos, lean los ciudadanos».

 

Una amplia selección de asuntos de verdadero interés general recorre de forma entrecruzada cada rincón de este libro y que grosso modo podemos reagrupar en dos grandes áreas: el espacio profesional y el espacio social definido por la caracterización ideológica que es el leitmotiv y el elemento que reúne la obra en su conjunto.

 

Guillermo Toledo inicia con una exposición sobre el origen de su compromiso social y cómo su activismo se enriquece y define a través un proceso vital y de una decidida toma de postura frente a los problemas domésticos y globales: la Ley de Extranjería, la privatización sanitaria, la crisis democrática, la monarquía, el 15-M, el militarismo y los conflictos bélicos, el Sáhara, el pueblo palestino, etc. Su espacio profesional también es otro campo de batalla. Guillermo traslada su compromiso hasta la creación artística con su grupo de teatro Animalario; contribuye a desmontar esos decorados Potemkin al propiciar, junto a Ernesto Alterio y Alberto San Juan, el clima adecuado para que sus compañeros de profesión alzaran la voz del «No a la guerra de Irak» durante la entrega de los Premios Goya de 2002; se enfrenta abiertamente a la Ley Sinde; denuncia los cambalaches de la Sociedad General de Autores; exterioriza el complejo mundo que se esconde detrás las bambalinas y realiza interesantes reflexiones sobre el séptimo arte, la caja tonta, internet, la cultura y más.

 

Sería conveniente detenernos en esos episodios intrahistóricos, que, tras desmantelar los decorados de cartón piedra, nos acercan un poco más a ese «mundo real», pero es imposible abordar esas cuestiones ahora. Así que, tendrán que esperar ustedes a leerse estas 141 páginas para descubrirlos. De todas formas, me gustaría realizar un comentario sobre los medios masivos de (in) comunicación, que han desplegado acciones represivas y manipuladoras sobre él y sus luchas. Un procedimiento muy habitual en las redacciones ‒como señala Pascual Serrano‒ donde se engendran seres endemoniados para consolidar una opinión uniformada y descerebrada. Solo hay que repasar la prensa de España –la de la derecha y la de la falsa izquierda– o los grandes entes televisivos, que están en las mismas manos, para comprobar cómo han crucificado, desvirtuado y hasta ridiculizado a Guillermo Toledo en lo personal y profesional. Ataques con los que se pretende desviar la atención del conflicto en el que participa, utilizando al personaje como noticia central para banalizar y marginar los problemas y, por tanto, relegar la información.

 

Ante estas feroces agresiones, amigo Guillermo, sabes que no estás solo. Junto a ti hay una legión de ciudadanos y ciudadanas que comparten una sacrificada lucha social. Muchos de ellos desde el anonimato y sin transcendencia pública ni mediática y que, igual que tú, sufren los zarpazos del régimen y cuyos nombres forman parte de esas malditas listas negras simplemente por defender sus ideales, denunciar injusticias y corruptelas y por no aceptar un régimen antisocial y antidemocrático. Sí, antidemocrático, porque la democracia es una cosa bien distinta, como sabemos.

 

Antes apuntamos que reseñar este libro no debe limitarse a trazar rasgos generales o realizar algún que otro comentario, así que, con el permiso de ustedes y con la mayor brevedad posible –ya que no es nuestra intención exponer nuestras razones para la rebeldía, aunque algunas de ellas están contenidas en este libro–, me van a permitir compartir algunas consideraciones.

 

La primera: debemos transitar por el camino de la insumisión y desobediencia social y civil. Este pensamiento está fundamentado en la esencia de los valores democráticos, porque cuando un gobierno legisla contra el pueblo, cuando destruye las libertades, cuando recorta nuestros derechos o fomenta desigualdades, la sociedad tiene el sagrado deber de reaccionar, de desobedecer, de sacudirse el yugo e instaurar su soberanía; en palabras de Thomas Jefferson, de «derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad».

 

La segunda consideración es que ha llegado la hora de la verdad, como decía José Martí, y ha llegado la hora de actuar conjuntamente y mostrar nuestro compromiso radical contra un sistema corrupto, especulador y criminal.

 

Es evidente que la ciudadanía y las organizaciones reivindicativas –algunas viciadas y otras atomizadas– no hemos estado a la altura de las circunstancias. Esta realidad, junto a otros comportamientos histórico-culturales ha formado sociedades resignadas e inmovilistas, hasta extremos que rozan el masoquismo social y ha servido de elemento autorregulador del descontento social que consolida el statu quo del poder establecido. En otras palabras, no existe contrapoder.

 

La realidad es que tenemos un pueblo que no reacciona, exige o lucha por sus aspiraciones. Un pueblo vencido y sometido a unas estructuras represivas, sutiles y agresivas, que se imponen en todos los ámbitos. Un pueblo que soporta lo indecible y que costea una crisis generada por un grupo dominante, especulador y avaricioso, que con el apoyo institucionalizado de los representantes públicos, se beneficia de la explotación y se siente cada vez más fuerte y autoritario al recortar las libertades y derechos sociales. De ahí que Guillermo Toledo reivindique «el papel de los ciudadanos en marcar los pasos para proyectar el futuro».

 

A nosotros nos queda simplemente elegir cuál será nuestro camino: «seguir aguantando o salir a la calle y exigir nuestros derechos». Por este, y por muchos otros motivos, no quisiera concluir mi reseña sin invitarles encarecidamente a la lectura de este libro convencido de que no se sentirán defraudados.


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