Poesía y música, hermanas gemelas

Literatura & Cómics
Oct, 2017
Artículo por René Silva Catalán
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  • Fuente:

    Presentación libro Disonancias

    de Alexander Ávila Álvarez

     

    Tamba, tamba, tamba, tamba,

    tamba del negro que tumba;

    tumba del negro, caramba,

    caramba, que el negro tumba:

    ¡yamba, yambó, yambambé!

    Nicolás Guillén

    La cuestión de la duración relativa de las sílabas nunca ha sido descuidada por los hombres de oído sensible. Particularmente quiero evitar detalles técnicos. La manera de aprender la música del verso es oírla.

    Ezra Pound

     

    Para existir el signo debe tener códigos significantes y significados, un ejemplo de ellos es la música, una partitura sobre la cual vamos colocando símbolos en cinco líneas y espacios intermedios, Disonancias, el libro es algo similar, poesía y música, ambas nos recuerdan ser hermanas gemelas, siempre que el hombre las necesita, a través de un play o un separalibro, están dispuestas a calmar el aliento, relajar la vista, olvidarnos del entorno gris del rito diario. Homero lo hacía, a través de un instrumento musical de viento o cuerda al abrigo de la palabra con sus acentos y puntuación, le comunicaban los distintos tonos y estados de su pensamiento, afloraban sus fobias, alegrías, desesperanzas, en fin, este poemario, breve y concreto, también es lo que buscar decir, una entonación de sosiego como preguntas y afirmaciones lanzadas en el aire.

     

    De motivos tan cotidianos y sencillos, de las avenencias de la vida diaria, Alexander, su autor, erige este libro; además, gracias a su oficio de músico, construye el entramado del verso, alcanzando el vínculo con el axioma, tal vez por su formación profesional en la sicología, que le permite un matiz escritural abstraído, refleja e impone como concepto creativo, la rutina del ciudadano robótico en la línea de producción de nuestro esnobismo capitalista. Una poesía sin compromiso visual, pero que adquiere fuerza al ser cantada, con frases con una cadencia donde el imaginario se traslada por las problemáticas del ser sicológico, filosófico y cae de bruces a la acera terrenal. También hay un acercamiento a los poetas de antaño, aquellos de versos con rimas y sonetos, pero no en la construcción decimal sino, en la eufonía del poemario, la reiteración de comunicar aquel segundo flash consiente del credo de moda, desde el estado presente del ser poético y del ser hombre, desde la mirada personal del autor, que en cortos y breves poemas da refutación, observa y corrige las afirmaciones al dogma del lunes a viernes. Poesía y música, unidas por un cordón umbilical, un canto en busca de acentuar el dolor al silencio, la soledad del humo del cigarro, el monólogo de la urbe, ese culto de vivir con horas y segundos perdidos. La música como la poesía nos traen remembranzas de autores, poemas y melodías que nos trasladan a momentos y sus olores con sus colores vivos, recordar los gestos del rincón de un bar, de los hit de adolescencia, en fin, con el tiempo se trasforman en referentes de la memoria que muy a pesar de ciertas enfermedades, nos da pellizcos para no desconocer su melodía baja, sus palabras entrecortadas.

     

    Disonancias, un libro sin apuro de transitar por el tamiz de la academia o por una sala de concierto, adiós a la liturgia profesada en estas esferas, lo importante es el intrínseco encuentro con la palabra con el lector final, justamente imagino busca Alexander, que la palabra se torne una línea de tiempo, un trailer con su guión y personajes, transmitir hábitos diversos similares para todos y cotidiano como escupir en el suelo o callar a un bebé, a través de la escritura, con el tiempo pasa a tener efecto poético y se vivencia en el poemario.

     

    Disonancias en dos capítulos el primero titulado lado A y el segundo lado B, como los vinilos (como metalero, me alegra hoy recobren su sitial), un lado A más formal y bien logrado poéticamente y un lado B, totalmente más niezcstcheniano y punzante. Curioso en el poemario es el signo musical, que tiene su función con la simbología del play, rec, rew, etc., para dar nombre a algunos textos o simplemente apoyarse en estos significantes, sin duda este recurso en el libro, ofrece una versión distinta a la escritura y sucede hoy lo mismo en otros poetas que se apoyan en el cine la televisión u otros lenguajes y códigos audiovisuales permiten salir de la formalidad de la poesía, un acercamiento donde poesía y música se abrazan en este libro.

     

    Actualmente, con la existencia de la cultura de masas, las nuevas tecnologías y el mundo de las redes sociales, surge la posibilidad de conocer y aproximarnos a una obra literaria más cercana al ciudadano común, a un lector que no lee poesía, pero con Disonancias debería, ya que habla y solfea lo que sucede en el mundo externo, ese vulgar de la ciudad y el interno más allá de los audífonos, del mp4 pero que conserva la estética emotiva y sensorial del texto poético, ese diálogo con el yo interno.


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