Notas para la presentación de Sollozo por Pedro Jara

Literatura & Cómics
Ago, 2018
Artículo por Johnny Jara
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Este año se cumplen cuarenta años de la publicación de Sollozo por Pedro Jara, motivo por el cual se hizo el lanzamiento de la primera edición bilingüe de este poema que representa el culmen del período de experimentación formal de la poesía de Jara Idrovo. Se trata de un texto con enorme rigor formal y profundamente humano que ya es un clásico de la literatura ecuatoriana.

Sin embargo, en un mundo cada día más globalizado, es imperiosa la necesidad de trascender las fronteras de lo nacional y dar a conocer al mundo el trabajo de nuestros escritores. Por ello, los que hacemos el sello editorial Gramatozoo hemos creído importante publicar un libro que recoja las versiones en Español y en Inglés del poema para hacerlo asequible al público angloparlante y, en el fondo, universalizar el texto.

Esta edición de Sollozo por Pedro Jara es un alarde de diseño gráfico y diagramación, un libro para coleccionistas. Se respetó la idea original del autor, de manera que el poema en sí, es un corpus que se desdobla para leerse, pero, a diferencia del original, publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay en 1978, esta versión propone dos bolsillos que están pegados a las portadas en Español y en Inglés y que guardan en su interior el poema.

El legado de mi padre, Efraín Jara, a la poesía hispanoamericana es, sin duda, importante. No es este el espacio para un análisis de esa naturaleza, sin embargo, me permitiré señalar uno de los lineamientos que considero fundamentales en su producción poética y posiblemente la base sobre la que se funda ese legado: la experimentación lingüística.

Luego de un silencio de más de veinticinco años desde la publicación de sus primeros poemarios Tránsito en la ceniza (1947) y Rostro de la ausencia (1948), aparece en 1971 Dos poemas, libro integrado por dos composiciones relativamente extensas: «La Balada de la hija y las profundas evidencias» y  «Añoranza y acto de amor». Especialmente, con el segundo poema, se inaugura una etapa de experimentación que dominaría su producción por las siguientes tres décadas.

Esta fase de su creación poética obedece a una reflexión profunda sobre el lenguaje, una nueva conciencia de relación con él mismo y con el mundo, un cambio de perspectiva operado por la experiencia de lo cotidiano que le condujo a la exploración de otros lenguajes que, hasta ese momento, habían sido excluidos del territorio de la lengua literaria. Aquí se indaga sobre las posibilidades de trascendencia, ya no desde los retornos cíclicos de su poesía anterior, sino desde la trascendencia de lo cotidiano o, más bien, desde la intrascendencia de lo cotidiano.

En una entrevista conducida por Carlos Calderón Chico en 1980, Efraín Jara expresó lo que ha sido su poética, el problema que se había vuelto acuciante en esa época: qué es lo que convierte a un mensaje verbal en obra de arte. Según Jackobson, el gran formalista ruso del círculo de Moscú, ese era el problema fundamental de la poesía. De la respuesta que mi padre supo dar a esa interrogante, se desprende toda esta etapa de su producción, caracterizada por la convicción de que la poesía radica en la especial disposición de los signos a fin de potenciar su eficacia expresiva y estética.

«Añoranza y acto de amor» inaugura un tipo de experimentación que procura liberar al lenguaje de su servidumbre a la realidad empírica y, con ello, de su función referencial. De manera similar, la pintura redimió el color y la forma de su función representativa y los tornó aptos para la pura construcción plástica del cuadro; así, también la poesía debía perseguir la liberación de la palabra que no es mera sombra verbal del objeto, sino un objeto en sí, material idóneo para el entramado fónico del poema.

Esto no entraña prescindir del significado, pues una lengua sin significado implica una contradicción llevada al absurdo. Se trata de rescatarla, no del significado, sino del referente, es decir, de la realidad significada. En verdad, como lo afirmó Firth, las palabras carecen de significado, son simples potencialidades o posibilidades de significar. Tal virtualidad significativa se fija en el decurso verbal de acuerdo con la intención del hablante. El poema instaura el contexto puramente lingüístico en el que las palabras generan nuevas significaciones que ya no corresponden a los referentes establecidos por el consenso de los hablantes, por la convención social. El poema no tiene por qué restringirse a representar la realidad circundante, sino aspirar a crear con las palabras nuevas realidades que enriquezcan el mundo empírico. La palabra, único elemento de construcción de la obra del poeta, siempre le pareció demasiado limitada e indigente frente a los elementos constructivos con los que disponían en la primera mitad del siglo XX, los plásticos y los músicos.

La exploración de nuevas fuentes sonoras como los ruidos, los sonidos producidos por generadores eléctricos, las ondas sinusoidales, la injerencia del azar, el cálculo de probabilidades, la teoría de conjuntos, la lógica matemática en la composición, han otorgado a la música un carácter marcadamente experimental, situándola como pionera en el campo de la prospección de las formas artísticas. Nada hay de raro, entonces, que un poeta conocedor de las manifestaciones avanzadas del arte contemporáneo haya visto en la música un estímulo decisivo para buscar nuevas posibilidades expresivas.

En «Sollozo por Pedro Jara», quizás su poema más experimental, se utilizaron algunos principios de la música serial y de la gramática generativa. Es importante en este poema, su estructura musical, cuyo modelo se encuentra en el «Estudio XI para piano» de Karheinz Stokhausen y en la «Tercera sonata» de Pierre Boulez. Dicha estructura origina un poema aleatorio, donde son factibles posibilidades combinatorias, que hacen del texto —que no está establecido definitivamente— un haz de inabarcables orientaciones que desee tentar el lector de acuerdo a los llamados de su sensibilidad. Entonces, quizás lo más importante que Jara debe a la música contemporánea sea la concepción de la obra de arte como proceso; según esto, el proceso mismo de la obra es el objeto de su composición.

El ciclo de poemas experimentales a los que titula «Oposiciones y contrastes» responde, en el área de la poesía, a la idea de Stokhausen de que el hecho de revelar, escribir y experimentar procesos de la representación musical será, cada vez más, el tema de la composición y no el objeto cristalizado, el producto sobrevenido.

La poesía es una forma de ordenación del mundo y de la vida, un ejercicio experimental en el que confluyen por igual la sensibilidad y la inteligencia. Es un discurso que se vuelve sobre sí para hacerse objeto de su propia reflexión, es decir, metapoesía.

El poeta me ha pedido compartir el siguiente texto, con el que quisiera despedirse de muchos de ustedes a quienes, tal vez, ya no verá:

 

Epitafio para Efraín Jara

Halcón arisco, tigre solitario,
yace en cenizas quien domó al relámpago.
Jamás ambicionó fama o fortuna,
ni éxitos ni lisonjas lo ofuscaron.

Y aunque en su vida dilatada y ardua,
mudó mujer, igual que el árbol de hojas,
no precisó de otra compañía
que la música, los libros, el olvido.

Por muchos años demoró en Galápagos:
lava y desolación, aún sin tiempo.
De vivir tanto expiran las tortugas.

Lo desveló tan sólo la hermosura
y, en ocasiones de excepción, amó
y fue amado por la poesía.


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