Nativos digitales: poesía de internet

Literatura & Cómics
Mar, 2016
Artículo por Lucía Moscoso Rivera
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La poesía es un espacio muerto del que hay que apoderarse, y el lugar donde hay más posibilidades es la Red.

 

 

Keneth Goldsmith

Liberan a Mandela, y entre guerras, revueltas y series de televisión, mueren Mercury, Lavoe, Cobain y Lady Di; viaja el Discovery, se propagan los mensajes de texto, la memoria se vuelve extraíble y nacen personajes de la vida real que crecen en entornos digitales, con sueños que simulan la vida en play station, sin fe, con convicción, sin redes morales y en la red su irreverencia: poesía, palabras que se conectan a 90 revoluciones y más, por minuto, dentro de la pantalla y fuera de lo instaurado, décadas atrás, por la institución literaria. Publicar no es más un privilegio, dinamitar lo establecido con la palabra se convierte en necesidad. No se trata, simplemente, de nuevas voces, si no de aquellas que dialogan con su tiempo y reflejan, en sus textos, variados referentes culturales con un lenguaje fiel a la velocidad de los días, poesía del instante(1).

 

Cuando hablamos de poesía joven en el Ecuador y en cualquier parte del mundo es inevitable mencionar la web como el medio de producción y difusión por excelencia, pero también como una marca generacional que provoca otras formas de hacer y concebir el que-hacer poético, propias de los poetas nativos digitales. Es una generación adherida a la máquina.

 

Marc Prensky, escritor y catedrático estadounidense, propuso, a inicios de este siglo, el término nativo digital para referirse a quienes nacen en la era de la tecnología ya desarrollada (finales de los ochenta en adelante) y se consideran miembros de una civilización que ha forjado su forma propia de comunicación e interacción humana a través de los medios digitales, en contraposición al inmigrante digital, nacido anteriormente y quien se pasea por la tecnología como un extranjero que intenta adaptarse a los mecanismos de una sociedad que le resulta ajena. El poeta nativo digital es un sujeto que accede a la información de manera veloz, utiliza todos los recursos tecnológicos, teléfonos inteligentes, tablets, blogs, redes sociales; su lectura se produce de manera simultánea e hipertextual y su escritura aparece interconectada a una realidad que simula ser más libre aunque, casi siempre, espere una respuesta del otro lado de la pantalla.

 

Al situarse fuera de la era de Gutenberg, la poesía digital se revitaliza y deja de ser un puerto muerto e impreso que pocos leen, como menciona Keneth Goldsmith(2) antes el lenguaje escrito estaba encarcelado en la página impresa, no se podía hacer mayor cosa con este, pero con el lenguaje digital las posibilidades son infinitas, la escritura poética revive de las más diversas fuentes: “Nunca se ha movido el lenguaje de la manera que lo estamos moviendo hoy (..) Internet es una maquinaria gigantesca que no hace más que generar escritura”(3), maquinaria que pone en juego ideas establecidas dentro del arte como originalidad, autoría o propiedad intelectual y genera una poesía producto del cortar, pegar y destruir otros textos; poemas con imágenes, emoticones y enlaces de youtube; poema-rios que se presentan en formatos diversos, en definitiva, nuevos productos culturales.

 

 

 

Poesía de pantalla

Dentro de la red, los medios de difusión se propagan y son diversos, podemos encontrar poemarios en libro electrónico [56,300,000 resultados en 0,42 segundos], formato que permite publicar sin necesidad de recurrir y pagar a una editorial reconocida o de someterse al sistema de derechos de autor; poesía en PDF [183,000 resultados en 0,37 segundos] como una variante mucho más simple del e-book; blogs de poesía [2,840,000 resultados en 0.24 segundos] que funcionan como bitácoras o diarios virtuales; poetas en Facebook [802,000 resultados en 0,32 segundos] y en Twitter [1,900,000 resultados en 0,30 segundos], redes sociales en las que, además de compartir su escritura, los poetas interactúan —en el momento— con sus lectores y los textos se someten a un proceso de aprobación en función de cuántos me gusta tenga la publicación o cuántas veces se comparta, aunque esto no tenga una relación directa con la calidad poética del texto. Además encontramos otras propuestas como poesía audiovisual [1,720,000 resultados en 30 segundos]; audiopoemas [27,700 resultados en 0,25 segundos]; poesía en códigos QR [4,120 resultados en 0,29 segundos] o aplicaciones relacionadas con la escritura poética [782,000 resultados en 0,44 segundos] comopoetweet o poetika.

 

 

La pantalla es un país

Dentro de este contexto, en Ecuador los poetas nativos digitales utilizan el Internet frente a una problemática que no es exclusiva de esta generación y es la escasa difusión de la literatura nacional. Si comparamos el número de librerías que hay en el país y cuánto podemos encontrar en la red, estaremos frente a una realidad cruel para el libro impreso, mas no para la lectura(4). Pero más allá de los libros, la red no es solamente un medio de difusión masiva, si no que se ve inmersa en la propia escritura de una generación que no se define por completo, ya que no se puede concretar algo que está en formación, en movimiento constante, mas lo que sí podemos reconocer como marca generacional es que los poetas nativos digitales abarcan los mismos temas universales (amor, muerte, existencia, etc.) que ha tratado la poesía desde sus inicios, pero lo hacen con otros ojos.

Que no tengan que curarte el espanto —espanto del agua cuando desaparece— respirar no es suficiente para estar vivo ya verás

escindida entre el animal y la máquina los mensajes del mundo deconstruido aplasta play www.youtube.com/watch?v=uzgBD2wysuI y recuerda: el miedo nos mantiene vivos el miedo también nos mata.

 

 

‘Poema de no amor’, Sonia Ramos (Loja, 1990)

Es un lenguaje que se pasea por lo coloquial y lo tecnológico con textos más informales, libres y conversacionales:

El cuerpo se estira y recoge, luego de despertar. Cepillo mis dientes y cuatrocientos escalofríos se deslizan por mi espalda, como pingüinos en celo. Mis tetillas se enfrían al margen de una foto de perfil bien elegida.

Soy guapa. Soy rica. Soy de la clase alta, sin sitio. Act Sí Pero vuela

Vers    Dale     😉

Suceden tres preguntas fundamentales en cerca de cuarenta y siete mensajes.

Dos pedazos de sánduche de huevo caen casi sin ser masticados por ese museo de gritos que tengo por garganta. Mojo las ganas en café. The History Channel en mi sangre y Animal Planet en mis bóxers de banda apretada. Qué antinatural he sentido siempre la ropa. Como un montón de sogas minúsculas que solo privan de sol a partes tan bellas del cuerpo. Ocultan de la luz el simio que fui de niño.

Un whatsapazo y se me rompió la servilleta con la que estaba sosteniendo mis nervios. Llaves nerviosas y tu sonrisa de burro cómico que, al parecer, recuerdo bien-tan-bien como todos los culos que me aventé pensando en tenerte comprándome un helado.

 

 

Mi dios tiene cabeza de gorila’ (fragmento), Azael Álvarez (Guayaquil, 1993) Antologías, blogs y redes sociales

En el intento de abarcar la producción de poetas nativos digitales en nuestro país, encontramos propuestas interesantes, antologías de poesía en la red como Ecuador en nueve voces, muestra publicada en la revista electrónica Círculo de Poesía de México en junio de este año, elaborada por el quiteño Sharvelt Kattán Hervas, selección que tiene el afán de mostrar o descubrir qué y cómo hacen poesía jóvenes escritores nacidos entre 1985 y 1994 a través de la “peregrinación virtual” por sus textos. Kattán, a propósito de su recopilación y la presencia de internet en la poesía, menciona que los poetas de principios de los ochenta se relacionan con la lectura y la escritura de manera tradicional ya que se enfrentan al libro: “Allí sientes aún la huella de un lector que va transitando entre los autores de manera atenta y ordenada”, lo que no ocurre con los poetas más jóvenes, entre los cuales él mismo se encuentra, estos poetas habitantes de la tecnología “se enfrentan a cientos de autores juntos, recogidos de las formas más extrañas en portales web, y eso hace que tu idea de la poesía cambie (…) son ya más hijos de la globalización y digo esto aunque la poesía sea una forma de hacerle frente”.

 

Otra propuesta es el blog Cráneo de Pangea, dedicado a difundir el trabajo de poetas nacidos en las décadas de los ochenta y noventa. Este espacio, dirigido por Yuliana Ortiz y Juan Romero Vinueza, también poetas jóvenes, empezó en enero de este año y recoge más de 30 autores de diferentes países y tendencias. Ortiz comenta que el soporte en el que se presenta este proyecto “ha sido una herramienta práctica, hay exponentes que han sabido tomar las riendas de las redes y la web para manifestarse y hacer llegar sus trabajos al mundo”. De la misma manera, Romero, reflexiona acerca de este corte generacional “En la poesía se da una cuestión parricida pero no por odio, sino por una renovación necesaria que deben tener siempre los ciclos culturales (…) en una conversación Juan José Rodríguez me dijo al respecto: tu generación es la que va a matar a los que nos preceden y, en algún momento, a nosotros.”

 

Las redes sociales también generan movimiento y poesía. Para Diego Rojas, a quien se conoce como Poesíadicto Rojas en Facebook y cuyo muro está plagado de textos propios y lecturas predilectas, esta red le permitió publicar un libro con Marfuz editorial dirigida por el poeta Alexis Cuzme y comenta acerca de la escritura “no todo lo publico en Face pero escojo algunos textos porque creo que no solamente otros poetas son lo que deben darte opiniones, sino la gente en general”. De esta manera, el poeta reconoce si un poema merece o no ser publicado como este texto escrito en febrero:

 

La soledad puede ser cualquier cuerpo infiel que te encuentras en facebook instagram twitter badoo enviando CUPIDO al 7040 puede ser cualquier video de Youporn cualquier verso forzado en un momento de desesperación algún sábado por la noche en el que te has quedado en casa escribiendo cartas lloriqueantes.

‘San Valentín’ (fragmento), Diego Rojas (Pasaje, 1986)

 

 

 

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La era digital desplaza a la poesía tradicional y propone nuevos formatos. La escritura poética de los jóvenes se ve plagada de otras escrituras, imágenes, música, referentes culturales muy diversos, emoticones, etc. Es una poesía que conversa y no tiene duda de serlo; así como no titubean al llamarse poetas estos sujetos nativos digitales, ya que dentro de internet, el poeta, ese ser antes especial y minoritario, se convierte en imagen masiva y sus textos se propagan sin ninguna limitación. Es cierto que podemos encontrar mucha basura textual, resultado de la libertad de expresión, y no todo lo que encontramos en la red vale la pena; pero, ¿qué sí lo hace? Cuando aparece en el arte una forma que rompe lo establecido la cuestionamos “¿esto es literatura?”, “¿es válido un poema con emoticones?”, “¿publicar en red es hacer poesía?” y en definitiva, “¿qué es la poesía?”… Lo más probable es que busquemos las respuestas en Internet.

 

 

Notas

  1. Fragmento del Prólogo de 90 Revoluciones, Antología de poetas latinoamericanos nacidos en la década de los noventa, publicada por Mecánica Giratoria.
  2. Poeta neoyorquino (1961) creador de Ubuweb, archivo de poesía sonora, concreta, videoarte y vanguardia; de Printing out the Internet, proyecto de arte colaborativo que busca imprimir todo lo que se encuentra en internet y presentarlo como producto literario y artístico; autor de varios libros experimentales.

 

  1. La Vanguardia vive en Internet, entrevista a Keneth Goldsmith, El País, 14-02-2014.
  2. De acuerdo con la información registrada en la Cámara del libro, contamos con 27 librerías o libreros afiliados, de los cuales 5 tienen libros de poesía y se registran 12 editoriales dedicadas a la producción literaria; en Internet, en cambio accedemos más de un millón de librerías virtuales, miles de libros electrónicos de literatura ecuatoriana.

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