Para la realidad hace falta la ficción

Literatura & Cómics
Jul, 2017
Artículo por Rubén Camacho Zumaquero
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Fuente: http://screenrant1.imgix.net / Screen Rant

Hace unas semanas perdí el celular en la Universidad de Cuenca. Debió caerse en un sillón. Me levanté, regresé una hora más tarde y ya no estaba allí. Alguna persona debió de haberlo visto y lo sustrajo para su deleite personal. Tardé tres días en volver a comprar un celular nuevo (tan barato que nadie quisiera robarlo). Durante esos tres días sin Whatsapp, redes sociales o llamadas, leí El extranjero de Camus, retomé Uno y el Universo de Ernesto Sábato, leí varios cuentos de Gabriel García Márquez, releí El miedo a la libertad de Fromm y hasta se me ocurrieron varias ideas nuevas que anoté religiosamente en mi archivo borrador con cincuenta y cuatro ideas literarias para novelas, ensayos o relatos.

 

En solo tres días uno puede redefinir totalmente su concepto del mundo, de uno mismo, de los demás y de su relación con todo ello. La literatura de ficción es un portal abierto no solo a la imaginación, sino que expande la conciencia y la capacidad para comprender lo que ocurre, experimentar y existir. Los niños comienzan usando la imaginación, la fantasía y la ficción para comprender el mundo. Los ancianos que se recrean en el pasado y tratan de hacer llegar un mensaje que consideran vital no están haciendo más que un tipo de ficción memorística, un invento literario que reconstruye el pasado para poder encontrar el mensaje preciso. Sin embargo, no es lo que estuvo en sus vivencias sino el que en ese momento quieren ver.

 

En esos tres días recordé mucho el cuento «Comprende» de Ted Chiang, que se puede encontrar en su libro de relatos La historia de tu vida, de donde procede el cuento del mismo nombre en el que se basa la reciente película La llegada. En «Comprende», Chiang explora uno de los temas que más fascinan al ser humano: la inteligencia y cómo podemos desarrollarla hasta límites inimaginables: un diseñador gráfico que ha sufrido un grave accidente y ha llegado a estar en coma, recibe un nuevo fármaco experimental que le hará recuperar funciones cognitivas. El fármaco, además, expande su inteligencia hasta límites que los científicos no pueden precisar. Chiang no solo fantasea con lo que puede hacer, sino que sumerge al lector en la mente trepidante del protagonista mediante una estructura narrativa rápida, que va de un pensamiento a otro en milésimas de segundo. La inteligencia desbordada se encuentra frente a otra persona de similares características, en una especie de combate intelectual con más emoción que las clásicas batallas de espadas de Dumas. Eso es lo que hace la literatura: no es imaginación, no es entretenimiento, no es mera ficción, sino es hacer ver que otra realidad es posible y que uno se puede sumergir en ella. Incluso crearla. La mera experiencia cambia la mente para siempre y la ayuda a construir una realidad donde precisamente la ficción es el germen de todo.

 

Ese libro de relatos es la puerta de varios viajes, personas, emociones, ideas, sentimientos, angustias y posibles realidades. Cada relato lleva a un lugar diferente, como el que inspiró La llegada que no es una historia de extraterrestres aunque probablemente sea la mejor historia de extraterrestres que se haya podido leer y ver en las últimas décadas. En «La historia de tu vida», Ted Chiang utiliza a extraterrestres porque para nosotros significan lo desconocido, una alternativa a nosotros mismos. Eso es lo que nos asusta más: saber que pueden ser muy diferentes a nosotros y que podemos perder el control e incluso nuestra propia libertad o identidad. Sin embargo, estos extraterrestres solo tienen una visión y experiencias diferentes del universo debido a su comunicación. Chiang habla de cómo el lenguaje verbal y escrito condiciona nuestra mente, y por lo tanto, nuestra percepción del mundo. Nuevamente: es la ficción la que influye en la realidad y deja ver que existen otras posibilidades y realidades. Un estudio descubrió que en los clásicos griegos, la Odisea y la Ilíada, los autores hablaban de cielos color cobre. ¿Por qué hablaban del cielo en tonos rojizos en lugar de azules? En ese tiempo, no existía un término para el azul en el idioma griego.

 

Otro de los relatos que más me impactó estaba relacionado con las matemáticas. Una matemática descubre una paradoja que haría totalmente falsa a la aritmética y, por lo tanto, todas las matemáticas y toda nuestra concepción del mundo. Obviamente, se vuelve loca. Perdemos la cordura cuando el sentido del mundo se ve desafiado. Chiang explora y conduce a ello. Dice que se debe tener cuidado con cómo se interpreta la realidad, pues es solo una interpretación y puede dejar completamente solo y desamparado a quien tenga pensamientos demasiado rígidos e impermeables.

 

No sé qué hace Chiang, un informático, para encontrar los momentos que le permitan profundizar tanto en la psique e idear una ficción que permite ampliar los límites de la realidad. Ahora sé que el mismo Sábato, que escribió toda su melancólica obra en el escritorio de su casa de Santos Lugares, en la provincia de Buenos Aires, no pudo concluir Sobre héroes y tumbas, aquejado de una de sus depresiones, sino hasta que decidió ir a descansar con su esposa Matilde (su editora sentimental, primera lectora y correctora) a una cabaña del lago Huechulafquen, muy cerca de la Patagonia. Sábato huyó de la trágica Buenos Aires, donde la novela sucede, y huyó en busca del entorno preciso que le hiciera vislumbrar de nuevo la ficción de una realidad que lo salvaría a él y a quienes hemos estado con él a través de su obra. Ahí, Sábato pudo terminar el manuscrito. Martín, el protagonista de Sobre héroes y tumbas, también decide huir de los fantasmas que acababan de nacer y recién habitan Buenos Aires; marcha también a la Patagonia en busca de la esperanza que se siente en las últimas páginas. Gracias a ese libro y gracias a muchos otros, tenemos la idea de que la huida es en realidad una marcha hacia un lugar donde uno se encuentra consigo con nosotros mismos.

 

La literatura de ficción nos acompaña desde siempre, porque sin ella no hubiéramos llegado hasta aquí. Es la compañera para ampliar nuestros límites, inspirar a la vida y crecer, primero dentro del libro, luego hacia afuera y finalmente hacia el mundo. También los que escribimos necesitamos hacerlo porque, aunque escribir en muchas ocasiones es doloroso y perturbador, el dolor y la perturbación son más satisfactorios que todo lo que sentimos cuando no estamos escribiendo. Porque sin escritura, no hay realidad que construir. Porque sin lectura, la realidad es única e inalterable y termina por resultar demasiado pequeña. Al menos, estas breves lecturas de tres días me permitieron escribir estas sesenta y seis palabras, que no hacen más que decirme de nuevo que no existe mayor ficción que la soledad.

 

«Al principio estaba completamente solo en la habitación, sin puertas, ni ventanas ni espejos. Con el paso de las semanas comenzó a ver las primeras sombras, luego susurros y finalmente voces que comenzaron a protagonizar todos los minutos del día hasta terminar por absorberle y devorarlo. Cuando salió de la habitación era una persona totalmente diferente. Le dijo a todo el mundo que no estábamos solos.»


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