La novela Gráfica

Literatura & Cómics
Jul, 2016
Artículo por Joaquin Garrido Marsal
Este artículo tuvo: 357 visitas, compártelo !
Compartir por Facebook Compartir por Twitter Compartir por mail

Artículos que te podría interesar

Fotografía Hugo Pratt, deliberacion.org

Este artículo no persigue otra cosa que ser una breve reseña alusiva a dos autores que resultaron fundamentales en las décadas 70 y 80 del siglo pasado, en la todavía joven historia del cómic y solo abordará algunos aspectos gráficos parciales. Mi afición a este arte (sí, arte) y mi dedicación profesional durante una década a la ilustración me animan a escribirlo, aun con las limitaciones de mis conocimientos fragmentarios y la brevedad del espacio dedicado.

 

Los 70 y 80 fueron décadas claves en la evolución del cómic, pasando desde series o historietas breves de aventuras bélicas o no, cuyos destinatarios eran niños o adolescentes; por las románticas (para chicas); hasta la siembra a discreción de superhéroes de inequívoca impronta U.S.A, expresiones simbólicas de la galopante expansión norteamericana durante la 2ª Guerra Mundial y los años posteriores. En este período, la eclosión europea con temáticas diversas (underground, ciencia ficción, aventuras -esto siempre-, históricas, eróticas…), con grafismos novedosos y hasta rompedores, guiones cuidados y complejos y artistas de alto nivel, supusieron un salto cualitativo del mero pasatiempo y de la franca deriva ideológica (casi siempre reaccionaria), a la auténtica novela gráfica para adultos de cuidada e irónica prosa, acompañada de un bagaje artístico considerable que consagraba el medio como una nueva forma de arte. De la historieta ilustrada al cómic.

 

Entre la pléyade de artistas que emprendieron este camino, he seleccionado a dos: Hugo Pratt (Italia 1927-1995) y Moebius (Francia 1938-2012), porque son dos representantes icónicos del nuevo arte, cuya obra perdura hasta hoy mismo y porque un servidor es devoto de ambos.

 

Hugo Pratt empezó su carrera imitando (sin paliativos) al norteamericano Milton Caniff hasta el punto que, en ocasiones, era harto difícil diferenciar los personajes y el grafismo que utilizaba de este último. Los guiones se circunscribían a una serie de tópicos de la aventura policíaca de escasa sustancia (muy lejanos de la novela negra). La lectura de autores literarios tan sólidos como Jack London y Joseph Conrad, junto a sus propias vivencias nómadas (vagó con su familia por Europa, África y América), alumbraron al personaje que le consagraría como uno de los grandes: el Corto Maltés.

 

Corto se convierte en el arquetipo de la época en el terreno del cómic (aunque el cine ya había dado vida a tipos similares). Es un nómada sin rumbo fijo, sin destino ni propósito definidos, una suerte de aventurero romántico que, ironías aparte, no renuncia a los principios que le sustenta: pragmático e idealista, al tiempo, y conservando su integridad aun en los avatares más adversos. Además, se muestra comprensivo (y beligerante) con “malos” de todo pelaje, una especie de encarnación del anarquista sin bomba. Los escenarios son referenciales, escogidos especialmente por su exotismo, pero nunca adquieren un peso decisivo, no son más que el marco que sirve para la acción.

 

Fotografía Hugo Pratt, Corto Maltés

Fotografía Jean Giraud

 

Durante este tránsito (casi un salto), Pratt ha ido depurando y sustanciando su grafismo y ciñéndolo a lo fundamental, lo ha dejado prácticamente “en los huesos”. Las tramas casi desaparecen, los grises van perdiendo importancia hasta casi desparecer, siendo sustituidos por líneas fundamentales y violentas manchas de negro a pincel. Esta renuncia no es casual, y mucho menos simplificadora, renuncia a todo artificio para subrayar la esencia, el vigor y la claridad del personaje central. Es un ejemplo de expresionismo gráfico que solo cabe en alguien con las ideas claras y sin miedos. Los personajes adquieren así una fortaleza y una energía inagotables. Yo mismo consideré durante algún tiempo que esto simplificaba la historia, pero afirma una esencia sin concesiones, valiente y decidida, de los personajes que la habitan. Así, es el guion el que suple las “deficiencias” de la falta de matices, un camino peligroso que Pratt resolvió con maestría. Ese tenebrismo gráfico de claroscuros a lo Caravaggio es tan exigente que pocos ilustradores además de Breccia y Sánchez Abulí se atrevieron a abordarlo, no creó escuela precisamente por lo arriesgado de su apuesta, pero tampoco lo pretendía. Precisamente por eso, su personaje Corto Maltés y sus historias son únicos en el mundo del cómic y de ahí su pervivencia.

 

Los ilustradores detallistas y hasta minuciosos nunca agradeceremos lo suficiente que hubiera un tipo como Pratt dispuesto a llevarnos la contraria hasta el límite.

El caso de Jean Giraud/Gir/Moebius es casi la otra cara de la moneda. Su virtuosismo gráfico con tramados personalísimos, su ilimitada capacidad de utilizar distintos grafismos según los personajes, la historias, los ambientes y atmósferas en las que discurren las  narraciones, lo convierten en un punto de referencia para cualquier ilustrador o lector dispuesto a asombrarse con el suntuoso despliegue visual que despierta.

 

Moebius trata el entorno ambiental como un personaje relevante (a veces incluso por delante de los personajes), y lo mima de una manera tan convincente que los mundos creados por él parecen naturales y hasta lógicos. Para ello utiliza panorámicas desde el punto de vista del lector o a vista de pájaro. Arquitecturas orgánicas fabulosas de creación propia, que, quien las vea, no echará de menos las construcciones clónicas que pueblan nuestras urbes. Uno puede verse a sí mismo residiendo en ciudades oníricas tan reales como si las hubiese fotografiado. La indumentaria de sus personajes oscila entre la del explorador decimonónico de libro y el barroquismo veneciano, pasando por insólitos atavíos futuristas sin que el observador se sobresalte por la ucronía del ambiente descrito. Sus máquinas son una sabia síntesis de ingeniería de vanguardia y zoomorfismo barroco que las hace creíbles y cercanas. Sus animales fabulosos son la antítesis del dragón chino: existen en realidad aunque solo sean producto de la mente. Es imposible sustraerse a la fascinación de un mundo onírico tan realista. Todo está ahí.

 

Moebius alcanza tal virtuosismo gráfico que es capaz de construir personajes históricamente reales como “El Teniente Blueberry” (firmado en esta ocasión como Gir) de tratamiento académico irreprochable, como imaginarios “El Incal”, “Arzak”, “El Garaje Hermético”, simplificar la línea o convertirla en expresiva, acentuar los volúmenes o sugerirlos, crear mundos o reproducirlos. A veces es difícil discernir entre ilustraciones y se las puede atribuir a autores distintos, ¡pero son logradas por las mismas manos! Un derroche de genio.

 

Su fructífera asociación con Alejandro Jorodowsky resultó un espléndido acicate para sacar sus otros yo. En definitiva, con resultados tan diferentes y hasta enfrentados, tanto Moebius como Hugo Pratt se han convertido en imprescindibles para todo aquel que considere que el cómic es más (mucho más) que la historieta, relato de superhéroes o la infla-ción del manga (al que Moebius ayudó a su penetración en Europa y después abominó).

 

No es necesario tener alma de ilustrador o grandes conocimientos de dibujo para que podamos disfrutar de estos inconmesurables artistas, si ya sois aficionados al cómic, sus obras deben estar en vuestra estantería; y si no habéis sucumbido todavía al virus comiquero, no os los perdáis. Tal vez así se os encienda la bombilla de una afición y podáis corregir una laguna intelectual importante. Lo merecen los autores y os lo merecéis los lectores.

 

Fotografía Moebius El garaje hermético

Fotografía Moebius El vigilante de las estrellas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • NUEVOS

    Evocando a Foster Wallace


    Entre pliegues y texturas de una broma
    Están dos peces jóvenes nadando y se encontraron por casualidad con un pez mayorque …

    Leer más

    Se buscan auspiciantes para el horror

    Cuando pequeña escapaba del frío y de los rezagos familiares del colonialismo en la biblioteca de mi abuelo que consistía …

    Leer más

    Black metal noruego

    La oscura sinfonía del Norte en Oslo y Bergen
    Quizás un músico buscaba la morada del Norte en oscuras sinfonías, su …

    Leer más

    Ph: Carlos Maldonado. IG: @yeye.cm

    Festival La Orquídea

    Del cine al espectáculo
    Desde Francis Ford Coppola hasta Miguel Bosé, estos fueron algunos de los artistas que formaron parte de …

    Leer más

    Entrevista a Filmarte

    Gabriel Páez e Isabel Rodas
    Nos reunimos de nuevo, después de mucho tiempo, con los cabezas de Filmarte: Isabel Rodas y …

    Leer más

  • AGENDA REPÚBLICA SUR
  • ÚLTIMA EDICIÓN