La Maga y la Niña Mala: dos visiones de la feminidad latinoamericana

Literatura & Cómics
Sep, 2016
Artículo por María Dolores Araujo
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Fuente: www.theidealist.es / Cortázar Rayuela

A la vida de la gente llegan tantos libros como experiencias, que le permiten al lector conocer un punto de vista diferente al que ya ha adquirido de su entorno. Es por eso que al leer obras tan fuertes que requieren de un esfuerzo extra para entenderlas por completo como Rayuela o Las Travesuras de la Niña Mala, es normal que se forme una posición tanto a favor como en contra de la construcción de los personajes dentro de la obra; esto puede suceder con la formación de una empatía con el personaje o como una crítica desde una visión externa. Los dos libros mencionados comparten la característica de narrar en primera persona a otro: a una mujer, y permitirle al lector sentir su piel, sufrirla, desearla, amarla, odiarla. Pero ¿cómo está representado el ser mujer en Latinoamérica? Estas obras que marcaron la vida de tantos lectores influyeron — sin dudarlo— en la construcción de la feminidad; en qué es ser mujer y en qué se debería buscar en una.

 

Tanto la niña mala como la Maga comparten esa característica de ser mujeres ambiciosas, que, sin temer al destino, dejan un pasado de pobreza atrás para viajar a otro país en búsqueda de días mejores. La Maga sale del Montevideo del siglo XX, con un hijo en su vientre, y le daba lo mismo ir en parar a Singapur como en Ciudad del Cabo, solo quería salir a otro lado. La niña mala comienza a ser narrada como una chilenita que logra huir de la pobreza de un barrio Miraflorino del Perú a través de la revolución cubana y sus becas de formación de guerrilleros; aunque no compartía ni un solo ideal de la ideología de izquierda de la isla, decidió aprovechar la oportunidad para salir de ese Perú lleno de miseria y hambre. Esta es la primera característica que comparten ambos autores con respecto a la construcción de la feminidad: ser mujer latinoamericana es ser una mujer sin miedo a comenzar de nuevo, sin importar lo que haya que hacer para cumplir estos objetivos.

 

Otra característica curiosa de ambos textos es cómo estas mujeres son narradas: son mitos idílicos, símbolos eróticos —ojo, no sexuales— del Boom latinoamericano; ellas son las que permiten tener textos en los libros que hagan estremecer a quien los lee: sentir cómo es tocar el borde de la boca de la Maga, dilucidar a la menuda mujer de traje amarillo frente a un bistró en Paris. Es inevitable que el lector no caiga rendido ante la magia de la feminidad y la dulzura de estas mujeres; que no se haya dejado seducir por aquellas descripciones densas de cómo era amar por las noches a estas mujeres; sentir a través de Socomurcio y Oliveira cómo se estremecían sus cuerpos al contacto con la piel del otro. Entonces, una segunda característica común que tienen es que el ser mujer en Latinoamérica es ser un ente erótico para el otro, el atraer las miradas por ser mujeres bellas y enamorar al otro por la simpleza de sus conversaciones. Radicar la feminidad en la sensualidad natural que emana la piel de la mujer.

 

La maternidad siempre será un tema histórico a tratarse en la concepción del imaginario alrededor de la mujer latinoamericana, aunque los autores lo representen en dos perspectivas similares. La Maga, a pesar de ser madre de Rocamadour y que parte de su felicidad haya consistido en tenerlo en su vida, no planeó su nacimiento; plasmando así la problemática tan fuerte de nuestra región sobre los embarazos no deseados y la falta de información y aplicación de conocimientos sobre el control de la natalidad que persiste aun en nuestros días; muy por el contrario, la niña mala había tomado medidas más permanentes sobre este tema en Cuba: la ligadura para no tener hijos jamás y así poder alcanzar sus ambiciosos objetivos. La construcción de la mujer siempre estará ligada a la maternidad, sea que la acepte o la rechace, inevitablemente será parte del imaginario de la feminidad dentro de la sociedad latinoamericana, aún en el siglo XXI, aunque en los sectores más conservadores se siga creando la necesidad femenina de tener familias y descendencias.

 

La libertad sexual era un tema que comenzaba a surgir en los movimientos contraculturales de los 40 en Estados Unidos, llegando hasta Latinoamérica —sea como tabú, sea como filosofía de vida— influenciado también a los escritores latinoamericano del Boom. Cortázar y Vargas Llosa conocían la cosmovisión europea sobre el tema y fue inevitable que sea parte de sus obras. La niña mala parece ser concebida como un objeto que puede ser adquirido por casi cualquiera que pueda pagarlo: el comandante cubano, Monsieur Arnaux, el inglés de los caballos de New Hampshire, Fukuda, a excepción de Socomurcio; mostrando así que su sexualidad no podía estar ligada al amor. Por otra parte, la Maga no era muy distante: Osip, el Soldado que lloraba en el parque, los 3 del carnaval, Ledesma, Vicent; su sexualidad le permitia tener una forma de agradecer, era como decía Oliveira “su lado samaritano”. La sexualidad dejó de ser un tabú y el sexo se dejó de tener con la luz apagada y el camisón con el agujero en el centro: la sexualidad y el placer de la mujer era ya un lineamiento de la novela latinoamericana.

 

El Boom latinoamericano no fue solamente un momento de la literatura de nuestro lado del continente, fue también la muestra de que estaba sucediendo un cambio y que las mujeres eran parte de ello. No solo la Maga y la niña mala, sino todas las mujeres de todos los autores fueron dejando un poquito de ellas en quienes las leían, todos fuimos creándonos a partir de ellas; sus miedos, sus fortalezas, sus leyendas, su belleza, su inteligencia fueron cruciales para que la mujer latinoamericana del siglo XXI guiara sus objetivos de vida hacia más allá de ser ama de casa y tener hijos, a descubrir que podía desear y ser deseada, a tener metas y ambiciones. Para aquellas mujeres que nacimos entre los 80 y los 90, en medio de una agitación política y social, fue inevitable que estos libros llegaran no solamente a nuestras manos, sino también a ser parte de nuestra vida y de cómo construimos nuestra identidad. Sin La Maga y la niña mala esta historia nunca hubiera podido ser contada.


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