El eternauta

Literatura & Cómics
Nov, 2017
Artículo por Juan Fernando Bermeo
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de pronto un crujido, un crujido en la silla enfrente mío, la silla que siempre ocupan los que vienen a charlar conmigo.

Las historietas suelen tener cierta facilidad para ser digeridas con más soltura por parte de quienes no tienen la sana (y en cierto punto, necesaria) costumbre de la lectura, al combinar gráficos y textos, que vuelven más visual todo el proceso. Si a esto le sumamos un excelente argumento, cargado de mucho contenido literario y social-político, es comprensible por qué toda una nación puede verse seducida e identificada con este título.

El Eternauta, cómic argentino de 1957, se impregnó de tal manera en la mente de jóvenes y adultos de la época, que hasta el día de hoy sigue siendo uno de las historietas más aclamadas en su país y en muchos otros de habla hispana. Esto, por supuesto, no podría haberse logrado si es que el maravilloso guión, perfectamente elaborado a manera de una sutil pero cruda crítica política, no hubiese reflejado oportunamente la situación vivencial de la Argentina de la época.

Todo empezaría cuando el genio detrás del proyecto, el escritor y guionista Héctor Germán Oesterheld, en conjunto con el dibujante Francisco Solano López, empezaron a publicar en la famosa revista especializada Hora Cero, la desventurada historia de Juan Salvo, un valiente y en extremo sensato habitante de una Buenos Aires que, imprevistamente, es víctima de una extraña invasión alienígena que arrasa con todos los habitantes de la ciudad, mediante una nevada química que elimina a quién tenga contacto con ella. Salvo, su familia y amigos, sobreviven afortunadamente gracias al hermetismo de la casa en la que todos se encontraban durante el ataque. Desde este punto, tanto él y sus amigos (Favalli, Lucas y Polsky) como su familia (su esposa Elena y su hija Martita), harán esfuerzos y sacrificios por burlar a la mortal nieve y sobrevivir en un mundo aparentemente deshabitado. Con Salvo a la cabeza del grupo, intentarán averiguar un poco más sobre los misteriosos atacantes (conocidos luego como «Los Ellos») sin morir en el intento. En un magnífico acto metaliterario, la historia llega a nosotros dentro del universo de la obra (diégesis), gracias al mismo Oesterheld, que aparece como personaje sentado en una mesa en el momento en que Juan Salvo se materializa frente a él y le pide que cuente en sus historietas, su soporífero caminar frente a la invasión.

En la primera parte, Juan Salvo se ve obligado a dejar a su familia para, primero, buscar comida, y luego, luchar contra el enemigo. Los sobrevivientes que quedan, se ven forzados por las necesidades a construir trajes herméticos para evitar que los copos mortales toquen su piel (durante décadas la imagen del protagonista usando esta indumentaria fue la más reconocida e identificable de la historieta en el mundo). En 1976 se comienza a publicar la segunda parte del relato de Oesterheld, nuevamente con Solano López como dibujante, esta vez para la revista Skorpio. Tanto la tercera parte que aparecería tiempo después, como las siguientes (entre spin offs y reediciones), carecerían de calidad suficiente al no contar con la dupla original de creadores, y serían desestimados por los amantes de la historieta, al punto de no considerarlos continuaciones canónicas.

La generación que creció a finales de los años cincuenta, se dejó impactar por el argumento que Oesterheld iba desenrollando poco a poco en cada entrega del Hora Cero, durante casi dos años.

No obstante, más allá de la perfección que conjugaban el guión de Oesterheld y el dibujo de Solano López, se debe traducir también el rotundo éxito de la obra, en términos del contexto político y social que Argentina vivía en esos años, para así comprender de forma más global la maestría que implicó e implica esta historieta.

La Argentina de 1957 pasaba por un proceso de fin de época que fluctuaba entre el alivio y la tortura. Después de los conocidos abusos y la brutalidad con la que Juan Domingo Perón gobernaba en una cruenta dictadura (durante tres fatigosos periodos, hasta el último, que arrancó en 1973), finalizaría su horda de silenciamientos y matanzas tras su deceso en 1974. Fue sucedido por su esposa María Estela Martínez, quién terminó de acabar con la poca paciencia que le quedaba a su pueblo y a los organismos de oposición y terminó derrocada en 1976 y reemplazada por una junta militar que gobernó disparejamente (intentando sobrellevar la terrible cantidad de problemas de los periodos anteriores), hasta la llegada del gobierno de la llamada Revolución Libertadora. Esta, provocaría nuevas divisiones y conflictos entre los ciudadanos. El país se partió en dos bandos enfrentados acérrimamente: peronistas y antiperonistas. Los primeros, sufrieron una férrea represión y censura por parte de las fuerzas militares que derrocaron al régimen de Perón.

Así, la cantidad de subtextos que se pueden apreciar al ir avanzando de a poco en la intrigante aventura de Juan Salvo, descubren y reflejan muchas de las situaciones en las que se veían envueltos metafóricamente, cada uno de los ciudadanos que, de acuerdo o no con la postura del gobierno de turno, se veían identificados en la desesperación de Salvo frente a la desigual batalla en contra de los poderosos invasores.

Las clases sociales se desdibujan en la historieta como parte remarcable de una unión de fuerza para salir adelante, lejos de la represión sufrida por parte del enemigo que además, genera divisiones evidentes entre los pocos sobrevivientes. Se descubre que, en el campo de batalla, el enemigo no sólo viene de fuera, sino que gracias a la desesperación generada, todos son némesis potenciales conducidos por la ley del más fuerte. Parecería en algunas ocasiones que el mismo Oesterheld llamase a la gente a sobrellevar el miedo y salir a buscar su propia libertad. El mensaje final después de leer a profundidad El Eternauta, es de esperanza frente al miedo. Según esto, el futuro de la humanidad estaría cimentado en una unión sincera entre cada miembro de la sociedad, en la que predominaría un verdadero compromiso ético y social.

Muy aparte de la tendencia política del guionista (que cambió radicalmente del peronismo a la extrema izquierda, situación que conllevó a la desaparición y muerte de sus hijas y luego a la suya misma), cada aspecto de la historieta nos deja mensajes escondidos que pueden ser decodificados en el lenguaje de la rebeldía, de la inconformidad la búsqueda de la felicidad frente a la represión. Oesterheld supo combinar de forma fabulosa una majestuosa historia de Ciencia Ficción, con la crueldad de la guerra y aquella sed de libertad que suelen dejar como residuo las tendencias políticas extremistas. No cabe ninguna duda de porqué para muchos expertos en el tema, se considera a El Eternauta como la obra cumbre del cómic argentino. Es también en una lectura obligatoria para quienes gustamos del arte de las historitas y novelas gráficas, más aun si se trata de una historia familiar para muchos de nosotros: la historia de abusos y conflictos que han rodeado a nuestros países latinoamericanos; así también la historia de cómo hemos podido superar cada uno de los obstáculos frente a la autoridad mal encarada y autoritarista, que no pudo y no puede ser permitida.


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