Contra la neutralidad

Literatura & Cómics
May, 2017
Artículo por José Manuel Castellano
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Estoy convencido de que una inmensa mayoría de los lectores ecuatorianos no conoce a Pascual Serrano, periodista especializado en política internacional y experto analista de los medios de comunicación, quien cuenta con una dilatada trayectoria profesional. Fue cofundador de Rebelión, ha sido asesor editorial de Telesur durante 2006 y 2007, es colaborador habitual de numerosas publicaciones europeas y latinoamericanas, y autor de diversas monografías y ensayos. Espero que esta reseña sirva de estímulo para acercarse a sus obras.

 

Una de sus últimas publicaciones, editada por Península, bajo el título Contra la neutralidad: tras los pasos de John Reed, Ryszard Kapuscinski, Rodolfo Walsh, Edgar Snow y Robert Capa, es uno de esos libros que pueden ser calificados de «necesarios» y que en estos momentos de encrucijada histórica ―agudizada por unos medios de comunicación que arrastran un permanente déficit de información veraz y plural―, adquiere un valor añadido que me atrevo a definir como «imprescindible».

 

Contra la neutralidad se desarrolla a través de siete capítulos, aunque básicamente se articula en tres ejes muy bien definidos. En el primero de ellos, bajo el epígrafe «El periodismo necesita corazón», se nos propone un cambio de los objetos de discusión del periodismo actual y futuro y se nos plantea, con total claridad, la necesidad de entender el periodismo a partir de los contenidos, del espíritu y del sentido de las cosas, o lo que es lo mismo: del qué y cómo hay que contar y a quién hay que contarlo. Todo ello bajo el compromiso del periodista con su tiempo, es decir, su implicación en los conflictos sociales, su decisión por explicar el mundo y su valor para tomar posición frente los acontecimientos.

 

Pascual Serrano se detiene, además, para analizar y desmitificar conceptos como ‘objetividad’ y ‘equidistancia’, al tiempo que propugna el compromiso, la honestidad, la veracidad y la rigurosidad informativa como razón de ser.

 

De modo que este libro se nos muestra como un intento por rescatar valores y revalorizar el compromiso de los periodistas con la sociedad. Para ello su autor ha recurrido a trazar las semblanzas profesionales de cinco ejemplos de dignidad, que «cubren un espectro rico en cuanto al modo en que plantearon su trabajo». Este es el contenido que se aborda en el segundo bloque y que constituye el grueso del libro, donde además se nos ofrece de forma transversal una espléndida radiografía histórica de primera mano de los grandes acontecimientos del siglo XX: a través de las crónicas de John Reed nos adentra en los conflictos sociales como la huelga de los trabajadores de la seda en Nueva Jersey, en la Revolución Mexicana, en la Primera Guerra Mundial y en la Revolución Rusa; con Ryszard Kapuscinski, en cambio, nos traslada a los sueños descolonizadores de los países en vías de desarrollo, a la situación latinoamericana y sus conflictos, a la Revolución Iraní y al derrumbe del sistema socialista; por otra parte, a través de Edgar Snow nos acerca al continente asiático y a la Revolución China; con Rodolfo Walsh nos trasmite el clima de terror de la dictadura argentina y su fuerte compromiso contra el cruel sistema represivo que le arrancaría la vida en 1977 tras la publicación de su «Carta Abierta a la Junta Militar», y por último, con Robert Capa nos hace visible el dolor y el sufrimiento humano en los conflictos bélicos. Todo aquello, sutilmente aderezado con pinceladas que esbozan los espacios vitales e ideológicos de cada uno y con firmes trazos analíticos sobre sus métodos de trabajo, estilos, enfoques, producción periodística y bibliográfica.

 

El libro se cierra con una gran puerta abierta al futuro en una especie de epílogo titulado «El periodismo que viene». En este tercer eje, Pascual Serrano caracteriza la dinámica actual del periodismo como una profesión mecánica de transmisión de datos,definida por la inmediatez, la brevedad, la simplificación y el sensacionalismo. Un periodismo supeditado a los condicionamientos empresariales, a las injerencias políticas y a la precariedad laboral; un periodismo que debido a la masificación de información y datos superficiales e inútiles genera un verdadero caos, un ruido ensordecedor y una desorientación absoluta, y que como bien apunta, «se ha convertido en una pesadilla, en una losa informativa que, al final, no logra informar», cuya verdadera finalidad quizás sea esa: modelar ciudadanos simples y con un bajo nivel de exigencia.

 

De todas formas, el autor deposita su esperanza en un periodismo activo que busque la noticia y que contextualice, analice e interprete los hechos; un periodismo, que además de un instrumento de información, sea una herramienta de pensamiento y de creación que ayude al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta.

 

En definitiva, Contra la neutralidad gira en torno a una reivindicación del periodismo comprometido con la sociedad y el momento. Además, nos propone un referente profesional basado en la responsabilidad social que en el fondo, no es más que un modelo de actuación que debe ser simplemente inherente a los ciudadanos y que tiene que impregnar cualquier manifestación individual, social o profesional. Este compromiso es el que en definitiva, nos permitirá proyectar por qué tipo de periodismo, de educación, de modelo de sociedad, de sistema político o estructura económica luchamos. Queda claro que el ejercicio profesional es plenamente compatible con una postura comprometida, y aun diría más: necesario, junto con la militancia y con la creencia ideológica.

 

Por último, simplemente quisiera compartir con ustedes un par de consideraciones que estimo de especial relevancia. La primera es que este es un libro verdadero, que muestra la coherencia vital y profesional de su autor, es decir, que no se incluye en esos análisis teóricos hipócritas que claman por una información veraz, independiente, plural y libre para después contradecir, limitar y hasta aplastar cualquier eco de libertad de expresión y de información con su participación plena en el engranaje empresarial mediático.

 

Esta aportación de Pascual que es una reflexión más empírica que teórica acerca de la responsabilidad social del periodista, no es una obra que viene avalada por la firma de un sesudo investigador ―en el sentido clásico del término― que guarda distancia, neutralidad, objetividad y equidistancia, sino que cuenta con el sello de un profesional activo y comprometido que ejerce su labor cotidiana en la primera línea de fuego, al tiempo que toma postura ante los acontecimientos. El autor se muestra como un periodista capaz de reflexionar, cuestionar y criticar la estructura general en la que se desenvuelven los grandes oligopolios de la comunicación, donde prima la desnaturalización, la basurización informativa, la simplificación, la frivolidad, el dirigismo empresarial, etc., y donde se tiende a conformar una realidad virtual que marca un distanciamiento objetivo con respecto a los problemas, a los conflictos, al abuso de poder, a la injusticia social y al libre pensamiento. Pascual reivindica con valentía viejos y nuevos caminos basados en el compromiso, en la responsabilidad y en la profesionalidad con un marcado cariz social y con sustento en principios y valores en pos de una sociedad libre y solidaria.

 

Una segunda y última consideración es que este libro posee una cualidad interesantísima: consigue motivar al lector a continuar indagando en estas y en otras cuestiones relacionadas con el complejo mundo de los medios de comunicación que trascienden al espacio social, político y económico. Su lectura despierta también una necesidad de profundizar en la producción de estos cinco magníficos y estimula, asimismo, un acercamiento hacia otras reflexiones de Pascual Serrano vinculadas al proceso de desinformación predominante en nuestro tiempo.

 

Me gustaría concluir con una cita extraída del libro que desde mi punto de vista sintetiza con absoluta claridad su tesis fundamental: «El periodista debe ser valiente para transmitir sus principios sin miedo a molestar. Para escribir hace falta valor y, para tener valor, hace falta tener valores. Sin valores, más vale callar».

 


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