César Dávila Andrade siempre vigente

Literatura & Cómics
Sep, 2018
Artículo por Edith Patiño
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 Dejo la puerta en que vivió mi ausencia

mi voz perdida en un abril de estrellas

y una hoja de amor, sobre mi mesa…

En ti muere mi canto, para que en todos cante…

César Dávila A.

 El haber trabajado como maestra por treinta y cinco años en el entonces Colegio Nacional César Dávila Andrade —hoy Unidad Educativa—, pese a que mi especialidad es Filosofía y Psicología, me permitió formar parte de la Comisión Cultural y del Área de Lengua y Literatura; por ello, fue imperativo ilustrarme lo más que pude sobre el «patrono del Colegio»: el insigne bardo cuencano. Coincidencialmente, las fechas de nacimiento y de muerte de César Dávila se recordaban al inicio del año lectivo, en octubre, y en el mes de mayo, durante la «semana del estudiante». Siempre preparé carteleras alusivas a la fecha y a su obra con el título Presencia de César Dávila, además de los discursos formales, los programas cívicos y culturales con toda la información sobre él. Fue así que me fui aproximándome a su vida, investigando, aprendiendo, valorando y admirando su grandiosidad.

Recuerdo que mis estudiantes, con la típica picardía de la adolescencia, me presentaban a los demás diciendo que les hablaría del poeta, en otras palabras, esa era mi carta de presentación. Y claro, yo, orgullosa de aquello,sentía fascinación por la lectura y «peleaba» para que leyeran primero a Dávila. Ahora, ya jubilada, no me arrepiento de aquello. Siento que César Dávila estuvo presente, vigente siempre en las aulas, en su famosa «Carta a una Colegiala», que es un himno al primer amor, a los corazones furtivos, a los apuntes románticos en los pupitres y en las blusas.«Entonces, te hablaré desde las letras:/ Era enero. Salimos del colegio./ Veo tu blusa de naranja ilesa./ Tus principiantes senos de azucena,/ y siento que me duele la memoria. Bella aprendiz de cartas y de melancolía,/ con los ojos cerrados y las bocas unidas…». Así se sucedieron los años: evocando, enseñando y aprendiendo. Muchos jóvenes recitaron esta carta inspirados en la profundidad de la poesía y queriendo conquistar a sus amadas.De seguro les fue muy bien —era poesía fina—.

En mayo no hacía falta obligar a nadie a aprenderse «Carta a la Madre», los estudiantes lo hacían con destreza y respeto,porque el poema dedicado a Dña. Elisa Andrade, su madre, era un sublime caudal de amor —que según don Olmedo Dávila, hermano del poeta— fue enviado por César desde Quito como un regalo preciado. Aunque César salió de Cuenca en busca de un destino construido con las letras de la adversidad y la gloria, nunca descuidó a su familia; siempre llegaban cartas con un dinerito separado celosamente:«para mi viejita». Ella era un ser especial que preparaba las más ricas golosinas: alfajores, pinol y cocadas de colores para deleitar a su hijo. Se las mandaba en el tren con Olmedo que iba de visita, para compartir el abrazo fraterno y un paseo por la capital. Él recuerda que en una ocasión llegó y le encontró completamente desencajado, flaco y con unas ojeras profundas, sin ropa, sin casa y sin dinero. César, muy avergonzado, con el respeto y cariño que le tenía a su hermano menor, le rogó no contarle a su madre:«ya me pongo bien, el Zen me cura todo, la meditación me salva, no necesito ninguna medicina» le decía. Además le entregó un sobre para Dña. Elisa. Al llegar a Cuenca y abrirlo, no había dinero, sino el más bello poema que se haya escrito sobre la madre, junto a una notita que decía: «Viejita perdóname que no te mande dinero, estoy saliendo de una de esas, que tú ya sabes». Fue entonces que un amigo de la familia, le publicó entusiasmado el poema. «No madrugues a misa ni cojas el sereno/ Yo sé muy bien que amas con el dolor de Cristo/ Mil noches de costura te han llagado los ojos/ y la malva morena de tus sagradas manos/ tiembla ya con el viento que gira en la ventana». Fue una confesión de nostalgia universal que conmovió profundamente.

En el Colegio se dieron muchos concursos internos con la poesía de Dávila. Afloraron declamadores por doquier. Poco a poco, los estudiantes iban adentrándose, no solo en la poesía, sino en la narrativa. Incluso representábamos como aprendices de actores, los Trece Relatos. Buscábamos poemas cada vez más largos: «Oda al Arquitecto»; «Espacio me has vencido» o«Catedral Salvaje», y para culminar, como un reto fuerte, «Boletín y Elegía de las Mitas». Este poema épico lírico convocó incluso a Concursos Intercolegiales y como anfitriones siempre ganábamos; eran eventos de lujo en el Salón de la Ciudad, declamaciones que movían y conmovían; no de una manera lastimera, sino con rebeldía, como denuncia social, ante la situación de nuestros indios: “Mis indios dormidos…la desraza de mi raza…

Y bajo ese mesmo Cristo,/negra nube de buitres de trapo vinieron. Tantos/Cientos de casas hicieron en la Patria./Miles de hijos. Robos de altar. Pillerías de cama./Dejáronme en una línea de camino, /sin Sur, sin Norte, sin choza, sin… dejáronme!/ Y,después, a batir barro, entraña de mi tierra; /hacer cal de caleras, a trabajar en batanes,/en templos, paredes, pinturas, torres, columnas, capiteles./Y, yo, a la intemperie! /Y, después, en trapiches que tenían,/moliendo caña, moliéronme las manos: /hermanos de trabajo bebieron mi sanguaza. Miel y sangre/y llanto./Y ellos, tantos, en propias pulperías./Enseñáronme el triste cielo del alcohol/y la desesperanza.

¡Mi homenaje a su memoria!

Puedo dar fe de mi relación con el gran e insigne poeta a través de las tertulias con Monserrat, su sobrina; con Charito, su hermana; y sobre todo con Don Olmedo,que me abrió el cofre de sus más bellos y nostálgicos recuerdos para contarme y motivarme a una modesta compilación de todo lo que llegaba a mis manos sobre César: sus obras, apuntes, fotos, recortes de la prensa, etc. para escribir “Presencia de César Dávila” con sabor a familia, a aulas, a canto… y así motivar a la lectura a mis estudiantes; se publicó una segunda edición con ciertas correcciones obvias; -me hubiese inclinado por lo filosófico, porque siempre me llamó la atención lo metafísico, el Zen, lo hermenéutico-no tengo en lo absoluto autoridad para hacer un gran libro;más bien el afecto, la didáctica, la sencillez, la gran admiración por su obra y su familia; y la dialéctica existencia que nos permite crecer y volvernos cada vez más humanos/as,solidarios/as y dignos/as. Somos, Seremos, Soy!!

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