Aterradora simetría

Literatura & Cómics
Jun, 2016
Artículo por David Guillén
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Fuente: www.comprarcomicsonline.com / portada del libro de Alan Moore - La Autopista del Héroe

En un cómic, se espera que sus personajes sean invencibles, superiores física y moralmente a todos los demás y man-tengan el statu quo al final de la historia. Y, al menos en la época de oro y de plata del cómic, precrisis y prewatchmen, además de tener una perfecta imagen de superhéroe, llevar una perfecta vida de civil. Moore empieza a crear persona-jes que ni son héroes completamente, ni son equilibrados en su vida diaria; seres nostálgicos, sexualmente trauma-dos, aislados del resto de la humanidad, propensos a la vio-lencia y sádicos. Hay quien dirá que esa transgresión vuelve rica a una obra, pero se deben cumplir ciertas normas del género, porque superhéroe que pierda sus peleas seguido y no ayude al prójimo no es superhéroe.

 

Alan Moore fue el primero y el que mejor ejecutó esta de-cadencia del superhéroe. Terminó creando una parodia y homenaje como fueron en la novela tradicional El Quijote, Madame Bovary y El Ulises. Es una obra que sale de su molde y al mismo tiempo lo destruye, proeza que solo po-día ser realizada por un profundo conocedor del género, caso contrario quedaría solamente en parodia. Luego de The Watchmen es difícil hacer cómic sin caer en ridículos y plagios. Analizar la obra completa sería muy extenso, pero se pueden mostrar algunos puntos.

 

Alan Moore es, además de escritor, un iniciado, según él, un mago. Se reconocen en The Watchmen algunos principios herméticos, por ejemplo, el segundo precepto del Kybalión enseña que lo que es arriba es abajo; lo que es en el cielo lo es también en la tierra. Todo tiene un similar, una simetría.

 

Siguiendo este precepto, el autor crea un relato en el que muchas partes se arman sin causa y efecto alguno, como sucede en la narración tradicional. O, al menos, estos no son lógicos y se sustentan en el azar y la simetría, términos que Alan Moore vuelve símiles. Un destino y un mundo completamente azaroso se ordenan a sí mismos siguiendo un patrón geométrico, como si uno botase un par de dados y siempre dieran pares.

 

Ejemplos abundan. Tenemos a la piel de un tigre que se compara con la máscara del antihéroe con nombre de prue-ba psicológica Roschard. El capítulo V (el mismo número romano V es simétrico y representativo para Moore, como en V de Vendetta) trata sobre este antihéroe y la narración se sujeta a un juego muy particular y solo posible en el có-mic: la primera página es una suerte de espejo de la última, tanto en dibujo como en narración; la última página es un reflejo del futuro de la primera; la segunda de la penúltima, etcétera, hasta llegar a las páginas centrales donde conver-gen y chocan los dos tiempos. La frase final es una cita de William Blake que da nombre al capítulo «Tigre, tigre, /que ardes radiante / en los bosques de la noche, / ¿qué mano u ojo inmortal pudo concebir tu aterradora simetría?». De esta manera, Alan Moore narra todo este capítulo atendiendo, sobre todo, a cuestiones formales para demostrar que una misma cosa puede existir en planos diferentes.

 

La máscara de Roschard sirve, además, para mostrar la psi-cología manierista del personaje. Entonces, se muestra en su rostro lo que es su interior: solo mira las cosas como buenas o malas, en su mente enferma cree que lo que es malo debe ser destruido. Pero, ¿quién es bueno y quién malo?, ¿quién tiene el poder para juzgar y castigar el mal? Esto nos remite a la frase de Juvenal que da título a la obra Quis custodiet ipsos custodes ‘quién vigila a los vigilantes’. Alan Moore muestra en sus obras un profundo temor a los totalitarismos que buscan pretextos para ejercer el poder y vigilar.

 

El precepto cuatro del Kybalión explica la ilusión de los contrarios, el bien y el mal no son conceptos de diferente naturaleza, sino dos extremos de una sola; como el blanco y el negro no son diferentes, solo son dos caras de una mis-ma realidad que se ven distintas por la ausencia o presencia de luz. En esta novela gráfica no encontraremos personajes lineales, ni buenos ni malos; sino complejos y trastocados como cualquier humano, pero aislados e incapaces de re-lacionarse, lo que los impulsa a disfrazarse y salir por las noches a vigilar voyerísticamente al mundo que trascurre bajo sus pies.


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