Renacho Melgar: “Pinto para vivir y vivo para pintar”

Entrevistas
Feb, 2017
Artículo por República Sur
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Fuente: Renacho Melgar

Con motivo de su próxima exposición “Balam” (jaguar en Maya) —que se inaugura este 17 de febrero en República Sur—, una investigación pictórica sobre lo representativo de este animal en la cultura prehispánica, tenemos el placer de entrevistar a Renacho Melgar.

El artista salvadoreño, que está de gira por el país realizando diferentes exposiciones e interviniendo diversos espacios, se autodenomina como un pintor autodidacta, además de amante de los libros usados, el cine independiente, el café y la cerveza. Ha expuesto su obra en gran parte del mapamundi: Camboya, Perú, Chile, Argentina, Australia, Panamá, Francia, Republica Dominicana y toda Centroamérica.

Este trotamundos, acompañado de su compañera (o “mujer paisaje” como él la llama), nos brindó un momento precioso en el que hablamos de todo un poco y nos contó algo de su historia, que ahora compartimos con ustedes.

 

Renacho, cuéntanos un poco de tu recorrido y cómo has acabado en Ecuador

La Mujer Paisaje (novia, amante, amiga, compañera, productora, gestora, diabla, fotógrafa, ayudante, musa, cómplice y esposa) y yo decidimos viajar. Tenemos un año y medio de transitar con una mochila llena de sueños, compartiendo nuestra obra y escribiendo nuestra historia con colores sobre las paredes de Latinoamérica.

Somos salvadoreños, de momento hemos dejado murales en toda Centroamérica, Costa Rica, Panamá, Colombia y hoy es el turno de Ecuador.

 

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia en El Salvador?

El Salvador, después de un proceso de guerra civil de casi 20 años, con los acuerdos de paz firmados y la extrema pobreza, enfrentó a una fuerte migración hacia USA en busca del famoso sueño americano. Allí los salvadoreños conocieron el fenómeno de las pandillas y lo adoptaron como suyo, creando así estéticas que tenían que ver en su mayor parte con la identidad y cultura salvadoreña, sumado a la violencia y delincuencia como forma de vida.

Muchos y muchas volvieron al país deportados a formar un nuevo fenómeno “las maras”, dos pandillas (MS 13 y EL BARRIO 18) ambas viven hoy una guerra violenta y salvaje por el dominio del territorio. Mi generación se vio en medio del huracán de formación de este fenómeno social, eras de una pandilla o de la otra. Te podría decir que muchos de mis amigos de infancia o están muertos o en la cárcel.

En medio de esa sociedad violenta, mi madre, a costa de sacrificios, me construyó un par de alas hechas de libros, música, cine y colores. De cierta forma soy privilegiado por decirlo de alguna forma, a los 13 años conocí a Julio Verne, Horacio Quiroga, Poe, Buster Keaton, Ray Coniff, Led Zepellin y Borges.

Creo que este conocimiento marcó muchos de mis intereses futuros y me permitió encontrar en el dibujo una herramienta de comunicación más fuerte que mis palabras.

 

¿Cuándo empezaste a interesarte por el arte y la pintura?

Dibujo desde que tengo memoria, pero el interés por la pintura nació en el bachillerato, participé en un concurso de pintura, gané y así conocí un nuevo lenguaje. No podría decir que soy artista, tengo muchos conflictos con el término y la libertad de su significado contemporáneo, me considero dibujante, aunque lo que más se conoce de mi obra es el color y la forma.

Es más, veo mi obra en dos tiempos o momentos: el primero es de lo que vivo, es decir, un producto de consumo, no quiero generar polémica con esto, pero mis cuadros son eso objetos de consumo, tienen esa naturaleza, por así decirlo; y la otra mi obra urbana, la que está en las calles y te confieso que la segunda es la que considero más arte.

Sin embargo, pinto y dibujo todos los días, me divierto con mi obra en todas sus facetas, desde la que está destinada para una galería, un museo, un papel, hasta la que llega a la calle con toda la libertad. No creo que exponer en un lugar te haga más o menos “artista”, pintar es mi forma de vida, y en medio de esos procesos, una dinámica mantiene a la otra y no podrían existir sin ir de la mano.

Pinto para vivir y vivo para pintar.

 

Háblanos sobre tu formación, ¿qué tal fueron esos años?

Mira, intenté estudiar una Licenciatura en artes plásticas, pero reprobé Pintura tres veces seguidas. No recuerdo un momento más frustrante y castrante que llegar a mi casa y decirle a mi madre que reprobé por tercera vez, intenté cambiarme a estudiar Medicina y dejé de dibujar y pintar por quizás un año. En medio de ese año me fui de mochilero por Centroamérica y, justo en Costa Rica, me quedé sin dinero y entonces me fui a una calle a dibujar, alguien me compró los dibujos e hice eso por varias semanas. Fue entonces cuando sentí que estaba de luna de miel con los pinceles…

Me considero autodidacta, pero en la universidad tuve un gran maestro de Dibujo y Anatomía que marco mucho mi propuesta visual.

 

¿Investigas técnicas nuevas?

Técnicas nuevas, no creo porque soy fiel a mi trinidad: Grafito, Acrílico y Oleo, pero sí llevo estos tres a nuevos soportes, pinto y dibujo sobre todo, papel, madera, tela, cartón, pared, hidrantes, carritos de vendedores, cuerpos humanos, todo lo que se me ponga enfrente, me gusta divertirme con mis recursos.

 

¿Cuáles son tus referentes y cuál reconoces como tu mayor influencia?

A diferencia de muchos de mi generación, soy un enamorado de la Latinoamérica Prehispánica, quizás en ella está el génesis de mi gráfica y mi principal búsqueda, ando por allí siguiendo los rastros de una estética prehispánica que nos represente y nos hermane.

Me gustan mucho Lajos Szalay, Obregon, Siqueiros, Marcia Schvarts y Ramírez Amaya. De Europa, los grandes clásicos, por supuesto, pero me siento más identificado con los artistas que basan sus diálogos en la identidad y la memoria colectiva Latinoamericana.

 

Para hablar de algo es preciso nombrarlo, ¿cómo te definirías como artista o a tu estética?

Gráfica y orgánica. Como te dije antes, dibujo y pinto todos los días por disciplina, siempre estoy garabateando o estoy construyendo algo en mi cabeza. Suelo pensar que mucho de mi proceso es una estética rumiante, sigo construyéndola y deconstruyéndola, jugando… esa sería la mejor forma de describirlo. De alguna forma hace que mi cerebro almacene una memoria psicomotriz que suele invadir mis cuadros y abraza a mis personajes o simplemente llena todo el espacio posible de la superficie donde trabajo, digamos que mi gráfica tiene una naturaleza horror vacui, muy característica.

También un aura muy urbana, mis dibujos siempre reflejan la ciudad y el ser humano, los personajes olvidados por la cotidianidad. Muchas de mis piezas urbanas dialogan con el ser humano, a veces volviéndose una con el transeúnte.

 

El color y los juegos cromáticos son eje en tu obra, ¿qué representan para ti?

Mira, veo mi obra ac/dc y no como la banda de rock: qntes del cáncer y después del cáncer. Cuando tenía 26 años me diagnosticaron un tumor cancerígeno en el seno para nasal derecho, tuve que someterme a un proceso de operación y luego de terapias a base de radiación.

Durante todo ese año y medio me prohibieron pintar, fue un año difícil por todo lo que implica el cáncer y tu organismo, pero quizás lo más difícil fue no pintar. Antes del cáncer era un pseudoartista, intelectualoide con pose de rockstar que se creía mucho, que pintaba para demostrarle a los demás que podía y tenía técnica y dejaba todo para después… para cuando fuera famoso.

Con el cáncer descubrí que le tengo miedo al olvido y que la única forma de construirte como creador es apostarle a tu obra con entrega, disciplina y pasión todos los días… ahora pinto porque disfruto.

Después del cáncer soy lo que soy, me construyo todos los días, como si no hubiera mañana, es divertido porque veo como mi obra es un reflejo del cáncer, de alguna forma hizo metástasis con mi gráfica.

 

Una parte importante de tu carrera es el arte urbano y la intervención en la ciudad, en El Salvador, realizaste el proyecto “Camuflaje, donde intervenías puertas de edificios o “Ambulante”, que consistía en intervenir los puesto de comida en la calle. ¿Por qué es tan importante el arte urbano para ti? ¿Cómo concibes a la ciudad?

Creo que mucho del arte contemporáneo está hecho para espacios X y estos espacios te predisponen como espectador, cuando vas a un museo todo lo que hay dentro es arte, entras en una burbuja basada en el conocimiento o en lo que vos entiendes como arte, defino eso como una pared, mucho de lo que vemos en los museos o galerías es un diálogo entre curador y artista.

Mucha de mi propuesta está en la calle, allí tiene un diálogo más divertido, cualquiera puede decir: “que feo eso”, “me gusta o no me gusta”, no necesita un intermediador que hable por ella. En el 2014 trabajé una serie de objetos que la cotidianidad volvió invisibles o que simplemente no queremos verlos porque nos recuerdan de dónde venimos y qué somos en colectivo.

Así que arranque pintando puertas, ventanas, hidrantes y terminé pintando una serie de “champas” (casas de plástico, lamina y cartón). El resultado fue hermoso. Mientras pintaba la primera casa, alguien me preguntó cuánto costaba, cuando le dije que nada, me pidió le pintara su casa y me ofreció almuerzo para las tres personas que pintábamos, sin querer, esta persona me ofreció un pago por mi trabajo, dándole un discurso diferente al resultado final. Terminamos pintando ocho champas, todo un proyecto, lo suspendimos por cuestión de costos. Como dije antes, mis proyectos de arte urbano son autogestionados.

Después trabajé en un serie llamada AMBULANTE, basada en intervenir los carritos de los y las vendedoras de mi país, quería una pieza que, para verla, tuvieras que caminar por la ciudad, un homenaje al vendedor en acción.

Un galerista me invito a exponer el proyecto cuando ya tenía varios carretones intervenidos, me negué porque para mí la pieza es el hombre o mujer y su herramienta de trabajo, exponer solo el carretón sería como ir a ver un animal al zoológico. Sin embargo, logré que las personas que me siguen se involucraran en el proyecto. Esto consistía en que se fueran a la calle a hacerle fotos a mis carretones en acción y luego dichas fotos se usaron para montarlas en la galería. Los vendedores llegaron a la exposición con sus carretones, fue divertido, todo mundo afuera con ellos.

 

¿Cómo consideras el mundo del arte actualmente?

Polarizado y ciego. Hay una lucha continua por los espacios y los medios, pero, sobre todo, cometemos el grave error de no consumirnos como región, seguimos empecinados en tener un ojo en Europa y otro en USA.

Somos víctimas de la intolerancia y el ego, es más fácil destruir que crear una alternativa que nos permita construir juntos y juntas. No compartimos el conocimiento, No fomentamos la creación colectiva y no respetamos las dinámicas y estrategias de los demás. En resumen, somos muy egoístas.

Creo que hay espacios para todas y todos, para todas las propuestas y dinámicas, como creadores o creadoras, nos enfrentamos a los mismos problemas, nos influencian las mismas cosas, leemos los mismos libros y autores… tenemos más cosas en común, pero seguimos empecinados en solo ver nuestras diferencias y en creer que ya lo vimos todo, lo sabemos todo y que solo nuestra obra es la mejor.

 

¿Qué tal te llevas con los actores externos del mundo del arte como galeristas, curadores, críticos…?

Soy amante de la cerveza y el café, así que siempre y cuando la charla tenga olor a cerveza, puedo hablar con cualquiera. No soy bueno hablando de mi obra, quiero creer que tiene la fuerza para hablar por mí.

 

Eres un gran defensor de la cultura popular, ¿cómo crees que funciona eso en el mundo del arte?

Carlos Fuentes planteaba que para crear algo nuevo debemos volver al origen y luego ver el resultado desde el mestizaje. Para mí, hay una gran panorámica cuando se habla de “arte”, desde lo más naif hasta lo más “contemporáneo” pasa por muchas facetas, muchas cofradías, muchos mundos y ecosistemas que luchan entre sí por tener el santo grial y decir que su concepto de arte es el único.

Intento disfrutar lo que ofrece cada uno de estos mundos, soy una hoja (de colores) en el gran Árbol del Arte.

 

Por último, ¿cómo ves el panorama artístico en Ecuador?

Todo el mundo odia al maestro Guayasamín, pero todos quieren ser lo que él representa y muy pocos se comprometen a trabajar para serlo.

 

Fuente: Renacho Melgar

Fuente: Renacho Melgar

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