Poeta de la tecnología

Entrevistas
Abr, 2016
Artículo por Cristóbal Zapata Carpio
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Fuente: Jeff Warren Flickr / Obra de Yucef Merhi

El Director de la Bienal de Cuenca, Cristóbal Zapata, entrevista a Yucef Merhi (Caracas, 1977) artista, poeta y programador venezolano, pionero del Arte Digital, quien ha sido elegido por Dan Cameron para ser parte de la XIII Bienal cuencana. Niño prodigio de las artes y la tecnología, la trayectoria artística de Yucef empieza a los 8 años, cuando interviene una consola de Atari; desde entonces, poco a poco su carrera ha adquirido gran notoriedad internacional. Yucef se reconoce discípulo espiritual del escritor venezolano Juan Liscano (uno de los grandes amigos y protectores de César Dávila Andrade). Desde mayo del año anterior, el artista reside en Cuenca, donde se desempeña como catedrático de la Universidad del Azuay.

 

Yucef, hace algunos meses resides entre nosotros. ¿Qué te provoca la ciudad, qué podrías decir de Cuenca?

Estoy enamorado de Cuenca, es una ciudad que me remite a cierto momento de oro de Latinoamérica por distintas razones, en primer lugar porque es una ciudad que está dada a todas las manifestaciones de la cultura. Es casi redundante decir que es la “Atenas del Ecuador” y bueno, volver a ese discurso es como muy romántico, pero este clima cultural ha sido de muchísima valía porque me mantiene estimulado: poder ir a un festival internacional de cine, o de performance, o de teatro, de arte, de música o de poesía, es algo vital para mí. Estuve muchísimos años establecido en Nueva York, una ciudad que tiene otro ritmo, otras dinámicas, otras características que para el tiempo que viví fueron necesarias, fueron fundamentales para mi crecimiento como productor cultural, pero ya en este momento puedo prescindir de eso porque estoy en una etapa donde me vivo con otro ritmo, con otros valores, y puedo disfrutar esto que se da en Cuenca, no solamente desde el punto de vista institucional sino también la geografía de la urbe, los ríos, la arquitectura, esta presencia tan variada de estilos desde la Colonia hasta la actualidad, incluso el aspecto precolombino que es parte de mis intereses porque cuando uno se enrumba en la investigación de la lengua, la historia se vuelve imprescindible, y ese respeto que se tiene aquí por la historia, el amor que tiene el cuencano por su historia y por todo lo que acabo de mencionar a mí me hechiza. Mérida, que es una ciudad venezolana donde estuve viviendo por muchos años, es como la hermana gemela de Cuenca, con diferencia de que ha sido víctima de los descalabros políticos y, por ende, ahora es una ciudad que está en una situación terrible.

 

Ya vamos a ocuparnos del tema político, por ahora quisiera saber qué significa para ti ser uno de los invitados oficiales de la Bienal de Cuenca.

Un gran honor. La Bienal es una institución que he seguido por varios años, documentándome a través de los catálogos que he visto y, por supuesto, los artistas que han participado tienen una obra muy relevante en el contexto global. Así que la invitación a participar en esta Bienal es para mí un honor extraordinario y justamente la propuesta que he hecho es una obra muy especial porque en cierto modo sintetiza toda la investigación que he venido realizando con tecnologías recientes. En pocas palabras, se trata de una instalación conformada por tres computadoras donde opera un software que programé y que permite identificar, a través de las cámaras de alta definición de las máquinas, la presencia de los espectadores, y no solamente eso, sino captar cada uno de los gestos faciales de las personas que entran en el rango visual de las máquinas que puede ser de hasta dos o tres metros de distancia, entonces lo que ocurre es que esos gestos como la sonrisa o el parpadeo que el monitor captura se traducen en versos, en poesía. La obra se titula Poesía facial. Hay una base de datos, un software que produce los textos, cuando uno sonríe el verso corresponde a esa acción, establezco una relación muy íntima entre la máquina y los participantes porque hay un diálogo continuo entre las computadoras y las personas que se acercan a ellas, es otra manera de hacer lenguaje sin utilizar las manos, eso me interesa muchísimo porque en este momento a nivel tecnológico seguimos relacionándonos mediante el teclado y el mouse, que son periferias, que no son suficientes… La realidad virtual es el medio artístico más poderoso de nuestro tiempo y hay expectativas muy grandes respecto a las herramientas tecnológicas, vienen cambios extraordinarios con el uso de la tecnología y nuestra relación con las máquinas no va a ser como la hemos conocido hasta ahora.

 

En varios de tus trabajos está presente el tema político. Hackeaste la cuenta del Comandante Chávez y exhibiste en la mismísima Caracas algunos fragmentos comprometedores de esa correspondencia. Luego hiciste una instalación que se ocupa del conflicto palestino-israelí, la obra Holly Land (Tierra Sagrada) ¿En qué momento te sentiste impelido a ocuparte del tema político?

De algún modo el responsable fue el gran escritor y productor cultural Juan Liscano, quien fue mi mentor en muchos sentidos. Yo abordo la política a través de otros códigos que tienen que ver con las cartas o con información relacionada con la numerología, con estos símbolos que van más allá del hecho político, pero que en realidad son lo que sostiene a la noción de política si la asumimos etimológicamente, porque la política está justamente en función del servicio público, entonces asumir eso dentro del trabajo era una manera de tomar uno de los elementos primordiales de la cultura. Mi interés desde el principio siempre ha estado en función de la relación entre el lenguaje y la cultura, y todo esto me sirve para entender mi condición humana, para poder entender o descifrar lo que es conciencia, porque hay una relación muy estrecha entre cultura, lengua y conciencia.

 

Tus intervenciones son polémicas, delicadas, usurpas información privada, confidencial ¿Qué respuestas provocaron las obras en su momento?

Bueno, De máxima seguridad, en la que intervengo la cuenta del fallecido presidente Chávez, produjo un gran desconcierto dentro del ámbito artístico y también en el público, y es un desconcierto que todavía sigue manifestándose; de hecho, en mayo volveré a mostrar este trabajo en Nueva York, en una exposición dedicada a la política en Latinoamérica, que seguramente va a dar de qué hablar, pero la última vez que mostré esto en Londres, hace unos años, se manifestó una gran asombro por dos motivos: el primero por el hecho de que alguien haya obtenido esa información y la haga pública, pues esto puede ser visto como un delito mayor, y por otro lado está el contenido de esa información que es lo que a mí más me importa y que pone en evidencia la ingenuidad de nosotros, los latinoamericanos, en la elección de estos representantes a los que les damos un poder extraordinario no solamente sobre nuestras vidas sino sobre el destino de las naciones; entonces, al leer esta correspondencia se puede atisbar la corrupción que se mueve en el entorno político, pero también se pone en evidencia esa enorme ingenuidad que nos lleva a optar por estas figuras políticas que pueden representar un arma de destrucción masiva como lo seguimos viendo en el proyecto de país en Venezuela.

 

¿Crees que se puede vislumbrar cambios en el panorama venezolano, cuál es tu lectura de la situación, cómo la ves?

Es una situación profundamente compleja porque el sentido de Estado ha sido desmantelado hace muchos años y se instauró el sentido del partido político, que es lo que se define como el gobierno en este momento, entonces se creó una separación, una discriminación a priori entre las personas que compartían esa ideología y las que no, la condición de ciudadano quedó desintegrada completamente. Lo que más me afecta es ver cómo la sociedad carece de lo esencial: no hay acceso a la salud porque no hay medicinas, y ya se escuchan historias de gente que está falleciendo porque no encuentran tratamientos para sus dolencias, algunos doctores eminentes comienzan a dejar de ejercer su profesión porque ya no pueden hacer absolutamente nada, pues carecen de los instrumentos básicos para operar, y el desabastecimiento es tan grande que tampoco pueden recetar medicinas, entonces es una situación profundamente compleja, crítica, extrema, hablemos de comida, no hay leche, no hay mantequilla, arroz, café, ni azúcar, por supuesto no hay carne, no hay pollo, no hay pescado, para poder obtener cualquier alimento hay que hacer colas desde las cinco de la mañana. Mis padres de casi 70 años tienen que estar bajo el sol durante horas para poder adquirir un producto que no saben cuál va a ser porque nadie sabe qué hay y qué no hay, por lo demás todas las personas capacitadas ya no están en Venezuela, de modo que es francamente desalentador el panorama.

 

Muchas de tus obras, además de tener a la tecnológica como soporte, están atravesadas por la poesía. ¿Cuál es tu relación con la poesía?

Mi relación con la poesía es una relación de vida, desde que tengo memoria de mis primeros ejercicios siendo niño, ha sido una constante en todo mi trabajo. Hay un texto de Jean Cocteau que escuché en uno de sus cortometrajes que es muy hermoso y que dice “como aquellas ovejas negras cuyas familias declaran: él es capaz de cualquier cosa; el poeta, oveja negra suprema, trasciende aquello que la sociedad condena. Sospecho de todas las fuerzas policiales en el mundo, el poeta debe ser capaz de cualquier cosa y nunca hundirse en su propia tinta”. Esta es la actitud de un poeta, tiene esa labor de ir más allá de los límites, de abordar su lengua desde la utopía, desde lo que se manifiesta como imposible pero es posible. Desde el inicio asumo a la poesía como una entidad viviente, como un organismo que está cambiando, fluctuando, ofreciéndonos sentidos que se transforman y que nos transforman, para mí hacer un poema es también hacer una experiencia poética y eso es lo que procuro realizar en obras como El reloj poético que tardé unos tres años en construir, donde el tiempo es representado con textos. Se trata de una especie de terceto en un panel electrónico donde cada segundo, cada minuto y cada hora cambia un verso de los tres, y la combinatoria de esos versos genera un poema que va mutando, que se hace otro de sí mismo, y en ese sentido también se convierte en una manera de visualizar el tiempo de otras maneras, cómo percibir lo que nosotros utilizamos como una medida universal para medirnos a nosotros mismos, para medir nuestra sensibilidad, para medir nuestra condición humana. En esa línea he creado otros dispositivos donde se activan también textos, puesto que se mueven y rotan en 360 grados de una manera gráfica, hay una experiencia física, entras en el poema y lo activas. Mi obra investiga eso, cuáles son las posibilidades de la poesía fuera de su formato habitual. Por ejemplo en Telepoesis coloqué un telescopio en una sala del Museo del Barrio en el Bronx y por el lente veías un poema de mi autoría inscrito en una placa que coloqué en uno de los más bellos umbrales del Central Park que perteneció a Gertrude Vanderbilt, la fundadora del Whitney Museum, entonces estaba conectando justamente a través de la poesía dos tiempos y dos espacios distintos, sacando a la poesía de sus lugares habituales de consumo, integrándola a la experiencia cotidiana.

 

Fuente: www.cibernetic.com / Yucef Merhi

Fuente: Fotografia Xavier Caivinagua Diario el Comercio / Yucef Merhi

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