Michael Meissner

Entrevistas
Dic, 2017
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Michael Meissner
Fuente: http://sinfonicacuenca.gob.ec/

Director de la Orquesta Sinfónica de Cuenca

Luego de obtener su título en la Escuela Superior de Música de Munich se desempeñó como concertino en la filarmónica de Regensburg y director de la camerata Ratisbonense en Bavaria. Michael Meissner vivió en México cerca de 25 años donde fundó los festivales internacionales Música del mar en Huatulco y Viva Vivaldi en la Ciudad de México, ha dirigido y producido 9 óperas y ha estado al frente de 40 orquestas en América Latina y Europa.

En 2010 obtuvo el European Prize for fine Arts de la Unión Europea y se convirtió en miembro de honor de la Asociation Rafaele d´Alessandro en Suiza. Es director huésped permanente de la filarmónica Sudecka en Polonia. Como investigador ha restaurado y editado obras de Vivaldi, Rolón, Ponce, Moncayo, Revueltas, Brahms, Dvorák, Schuman, Salvador Bustamante Celi y Corsino Durán.

Actualmente es director artístico de la Orquesta Sinfónica de Cuenca. Michael Meissner, carismático y exigente, ahora nos cuenta más de su intenso trabajo.

Hoy Michael Meissner es un nombre conocido por quienes hacen y disfrutan de la música en Cuenca, pero ¿cuál fue su primer contacto con la música?

Eso es difícil de decir. Creo que desde el inicio porque la música estaba en mi casa. Mi papá era organista igual que mi abuelo y mi bisabuelo y por eso de que mi papá estaba estudiando y ensayando en casa, creo que desde muy pequeño yo ya estaba involucrado. Luego el me dio clases de piano, me ayudó con la flauta y cantando.

¿Cuál es su instrumento?

Yo soy violinista de carrera.

Lleva muchos años al frente de proyectos musicales y ha ganado varios reconocimientos internacionales. ¿Qué virtud hace excelente a un director de orquesta?

Mira para ser un director excelente, primero debes ser un músico excelente; dominar un instrumento a nivel de excelencia. Hay muchos directores que son mediocres violinistas o instrumentistas «más o menos». Les da pereza empujarse hacia la excelencia y dicen, me da flojera estudiar tanto técnica y escalas, entonces mejor lo hago de director… y eso es una gran equivocación porque si no has llegado tú mismo por este arduo camino a la excelencia, no vas a ser un director excelente nunca.

Luego de haber trabajado con músicos de Europa y América Latina ¿Cuál es el valor que los une a todos?

Todos son diferentes. Por ejemplo, los músicos europeos tienen mucha más formación, seriedad y compromiso con su instrumento y profesión, pero les falta temperamento, les falta fantasía tienden más a ser burócratas de la música. En Latinoamérica es al revés, nos sobra temperamento y nos falta disciplina y eso es interesante porque ambas cosas son necesarias para ser un buen músico y una buena orquesta. Como director, uno tiene que recuperar lo que no está y aprovechar lo que sí hay.

¿Cómo ha sido su experiencia en América Latina como director de orquesta? ¿Alguna anécdota?Claro, yo soy más latino que alemán, o soy mal alemán porque soy demasiado latino, pero quizás mi formación alemana en la música es una ventaja que tengo y así puedo aportar mucho para la enseñanza. Te voy a contar dos anécdotas, una es lindísima, una coincidencia. Yo me he dedicado en México muchos años a la edición de la obra orquestal de José Rolón, un grandioso compositor postromántico moderno mexicano que está casi en el olvido.

Trabajé en la edición de todas y tuve la suerte de poder estrenar en Polonia con la orquesta filarmónica de Kalisz el 12 de marzo de 2012, la única sinfonía que escribió. Al regresar a México seguí investigando y corrigiendo algunos errores, y vi en algún libro que el 12 de marzo, 88 años antes fue el estreno absoluto de la sinfonía en México. Fue una total coincidencia que el mismo día yo pudiera hacer el estreno en Europa. Me pareció como un saludo del destino.

La otra anécdota es más chistosa y tiene que ver con eso de que siempre hay nervios antes del concierto y hay tanta gente involucrada. Siempre pienso «ojalá nadie falte al concierto, que todo este en orden». Además, si uno dirige de memoria, puede decir «me va a salir bien todo, no voy a tener huecos o lagunas» y aunque aparentemente uno mantiene la calma, siempre algo de nerviosismo: llego a la casa, me pongo mi traje, me dirijo al concierto y me doy cuenta que tengo mis zapatos cafés, se me olvidó ponerme los negros… un compañero de la última fila de la orquesta me cambió de zapatos para no tener que presentarme con zapatos cafés. Y eso pasó en Cuenca en la Catedral Vieja hace poco. Esa es la vida de director desde el otro lado.

¿Ha pensado en dirigir obras de autores nacionales?

No solo lo he pensado, lo estoy haciendo, hoy incluso me llego por mail la nueva obra terminada de Jorge Obiedo que la encargué; un concierto para instrumentos andinos y orquesta sinfónica que vamos a grabar en dos semanas. Se va a presentar al público en diciembre y eso solo es un ejemplo. Ya edité varias obras ecuatorianas que encontramos en la biblioteca de otros autores perdidos ahí como Humberto Salgado y todos los grandes nombres ecuatorianos.

¿Alguna obra que le gustaría dirigir en los próximos conciertos, su favorita o alguna orquesta que haya soñado dirigir? ¿Ya lo hizo?

Siempre me preguntan lo mismo. La verdad es que es la que tengo este momento en la mano porque cada partitura conocida tiene mucho valor; cuando las trabajas a profundidad tienen tantos secretos y tantas bellezas que son geniales y no se pueden comparar qué genio te gusta más si el genio uno o el genio dos y la verdad no puedo decir ese es mi favorito casi siempre es el compositor con el que estoy trabajando en el momento.

Mis papás compraron un abono familiar para la orquesta sinfónica del adagio de Hamburgo y ahí de joven empecé a escuchar esa gran orquesta con sus grandísimas obras hasta la fecha tengo muy vivo ese recuerdo. Hay orquestas muy famosas que tocan casi solas, otras que no son famosas y no lo hacen pero yo creo que el reto es más grande con una orquesta en desarrollo. Significa trabajar para sacar un buen resultado que pararse en frente de una orquesta que toca sola.

La orquesta sinfónica es el emblema musical de nuestra ciudad, ha cumplido ya 45 años y muchos directores forman parte de la trayectoria. Cuando las personas escuchan las obras que usted dirige ¿Qué cree que les impactará más sobre la música y la interpretación de la OSC?

La música en vivo es una experiencia única. No es lo mismo escuchar un disco o un video que realmente estar en el momento; ahí se trasmite mucho más que el resultado acústico. Se ve si los músicos están a gusto, si están tensos por la dificultad, si se dejan intimidar por un director o inspirar.

Pienso que es algo extraordinario y fantástico que 60 músicos compartan arte en vivo para cientos de personas, es uno de los grandes dones de la humanidad. Imagínate unos marcianos que vienen y que ven una sala de concierto donde unas 60 personas hacen algo, no venden ningún producto pero cientos están sentados solamente escuchando y después se van a sus casas todos contentos.

¿Qué pasa ahí?, debe haber una comunicación de valores extraordinarios para que eso exista porque materialmente no se ve nada ningún producto. Debemos estar muy contentos y felices de que existe la música y podemos participar en ella.

Siempre es grato ir al teatro y disfrutar de los conciertos de la Sinfónica de Cuenca, hemos podido disfrutar de obras de todo el mundo en mi ciudad como la Novena Sinfonía de Beethoven. ¿Qué representó para usted dirigir esta obra que lleva inscrito el himno de Europa?

Bueno tuvimos algunos ensayos previos yo enfaticé mucho la pronunciación correcta del alemán y algunos sonidos que son particularmente difíciles que aquí no existen o que nos cuesta mucho trabajo. Creo que el resultado fue muy notable, para mí fue una ejecución totalmente válida. Además esta obra es muy querida por el gran contenido emocional y espiritual que transmite, no es una sinfonía donde se canta 15 minutos.

Es una obra de cuatro movimientos que dura más de una hora. Para muchos, los primeros tres movimientos solo sirven para esperar que cante el coro pero no es así; yo tengo particular cariño por el tercer movimiento, el adagio. No es la primera vez que la he dirigido pero si me gustó mucho el resultado en la vieja catedral, un lugar tan hermoso con tantísima gente que nos acompañó. Siempre es una experiencia particularmente emocional.

Tras dirigir ópera en Cuenca ¿Cómo miras la producción musical en el Ecuador?

Bueno faltan muchas cosas. Ya hemos trabajado con cantantes de ópera y con los coros pero ¿Por qué no hay una compañía nacional de ópera? y ¿por qué no en Cuenca? Aquí están las condiciones, están las personas que podemos formarla. Vamos a trabajar en eso y también al respecto de la propia Orquesta, nos faltan músicos, nos faltan recursos materiales.

El local donde trabajamos es deficiente pero todos esos son aspectos de alguna forma secundarios. Lo importante es que la orquesta está viva que tenemos seguridad en los sueldos etc. La situación es desesperante pero no seria [risas].

¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de la sinfónica de Cuenca?

Una de las fortalezas es que ya cumple 45 años y que en un continente como América Latina no es fácil hacerlo por la inestabilidad política y económica. Ahora gracias a la nueva ley de cultura tenemos la promesa de que la orquesta existe y debe seguir existiendo. Otra es que poco a poco ha ido saliendo del rincón de una provincia.

Una de las debilidades, quizás es el aislamiento durante tantos años. La web y las redes sociales son un fenómeno reciente y han permitido una dura competencia a nivel internacional. Antes era más fácil quedarse en un cierto nivel y olvidarse del resto del mundo porque no había tanta comparación.

También es complicado, en un país como Ecuador, conseguir una buena educación musical por lo que es casi un milagro que los músicos que forman la orquesta sinfónica de Cuenca tengan el nivel de formación que tienen debido a que la oferta y las instituciones de formación musical no son muy fuertes, pero donde hay voluntad, hay camino, en eso estamos trabajando. Siento mucha disposición de la orquesta de encaminarse hacia un futuro próspero y totalmente profesional.

¿Qué ha planeado la OSC en el mes de Diciembre?

El día 15, dos funciones del cascanueces de Tchaikovsky junto con 5 escuelas de baile de Cuenca. Vamos a tener cientos de ratoncitos ahí muy hermosos en el teatro Carlos Cueva Tamariz, y en la semana de navidad el 18 y 19 vamos hacer unos conciertos con el coro internacional.

Finalmente con toda su experiencia y trayectoria ¿Qué les diría a los músicos de Cuenca que intentan abrirse espacio en la ciudad?

Les recomiendo que nunca dejen esta ilusión de seguir trabajando con la música, con recompensas, sin recompensas no importa. La música, practicándola, nos enriquece durante toda la vida; siempre nos lleva a un nivel espiritual muy alto, mantiene nuestra alma, nuestra mente viva con los mejores contenidos que puedas encontrar. La música nunca termina de exigirte a ti mismo. Eso es lo mejor que te puede pasar: no caer en la comodidad y el encierro de tu zona de confort; la música no lo permite, hay que seguir practicándola toda la vida y vas a tener una vida plena siempre.

Michael Meissner
Fuente: http://sinfonicacuenca.gob.ec/


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