Juan Andrade Polo: “Cada recurso que tenemos lo hemos multiplicado”

Entrevistas
Oct, 2019
Artículo por República Sur
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  • Festival Escenarios del Mundo está celebrando su decimotercera edición y Juan Andrade, director y curador del festival, hace gala con mucho orgullo de que su bandera de lucha es la calidad escénica y la eficiencia en el manejo de recursos. El tema del Festival de Artes Vivas de Loja también lo tocamos breve y punzantemente, y nos contó además sobre su incursión y proyección como artista escénico.

    Pero el festival todavía no termina, aún quedan funciones y eventos hasta el 6 de octubre tanto en el Teatro Pumapungo como al aire libre. Una de las obras más esperadas es la tragicomedia del día viernes 4, “Ensayo sobre el miedo”, que presenta un escenario postapocalíptico en la que los miedos son la gran epidemia que destruye al mundo, mientras un grupo de sobrevivientes intenta refugiarse de dicha epidemia.

     

    Desde tu perspectiva como director y curador del Festival Escenarios del Mundo, ¿qué tiene de diferente esta edición de las doce anteriores?

    Nosotros estamos convencidos de que el trabajo cultural es un trabajo de permanencia, de ir afianzando cosas, no necesariamente de ir cambiando todo. Si bien hay detalles que se van cambiando; lo que para nosotros ya es un reto, con los recursos que tenemos, es mantener la alta calidad en la muestra. Lo primero que tratamos cada año es que la muestra esté mejor en cuanto a su calidad artística.

    Son ya 13 años. Cuando empezamos teníamos una muestra pequeña, de cinco grupos, luego hemos hecho una muestra cada vez más grande; este rato tenemos alrededor de 45 funciones de una calidad bastante buena y queremos mantener esos logros que hemos ido alcanzando, lo cual nos deja ver que la visión fue la correcta. Entre estos logros está el poder mantener las distintas áreas del festival: área de teatro de sala, de aire libre, para los colegios. También hemos tratado de afianzar el tema de las funciones en cantones y fíjate que este año hubo cierta dificultad respecto de eso por todo el tema electoral y del cambio de los gobiernos locales, y a eso sumarle el tema burocrático.

    Este año yo siento que el tema de la promoción ha sido muchísimo más fuerte ya que tuvimos el apoyo de la Fundación de Turismo, que específicamente nos apoyó invirtiendo en promoción. Obviamente también nos toca evaluar, porque no necesariamente la promoción por sí sola garantiza público, de hecho varios estudios que hemos hecho nos han demostrado que lo que más llama al público es el propio comentario de la gente, el boca a boca como se le dice. En ese sentido eso está vinculado con lo que decía acerca de la calidad, porque sí creo que nos hemos hecho un nombre de garantía de que la muestra está constituida profesionalmente y con mucha calidad.

    Hay otros temas que también hay que tomarlos en cuenta. Por ejemplo, para nosotros es importante que Cuenca y el país estén bien representados, que haya equilibrio en cuanto a géneros y estilos, que haya algún evento que tenga una convocatoria mayor y con una entrada más fácil para el público, que existan también obras de carácter más experimental. Es decir, queremos lograr un panorama equilibrado, entendiendo que esto es un proceso y buscando insertarnos en el proceso de crecimiento cultural de la ciudad.

     

    Juan, tú dices que tienes recursos limitados para el festival, pero también hablas de que han tenido apoyo de la Fundación de Turismo y además han ganado el reconocimiento de Festival Emblemático del Ecuador.

    O sea, yo te decía limitados pero no como una queja, más bien tenemos buen apoyo dentro de nuestro contexto, sin embargo, hay una gran relatividad de lo que son grandes recursos. Tenemos al Festival de Loja que tiene 3 millones de dólares, la Bienal de Cuenca que tiene –entiendo– un fondo mucho mayor, un festival de cine de aquí mismo que también tiene un monto muy grande. El nuestro es muchísimo más limitado en ese sentido. Si vamos a comparar numéricamente con los 3 millones del de Loja y de otros festivales millonarios nosotros estamos bastante limitados. Aunque nosotros –y eso yo sí valoro– hacemos una utilización supereficiente del fondo público, porque estamos haciendo un festival muy bueno, de muy buena calidad, con un número de eventos bastante significativo y con una asistencia grande, y lo hacemos con un dinero que, en ese sentido, podría entenderse como limitado. Es decir que cada recurso que tenemos lo hemos multiplicado.

     

    ¡Excelente! Ya que menciona esto del Festival de Loja, hay una entrevista que te hacen a ti y a Raúl Pérez Torres, exministro de Cultura, y ahí como que criticabas un poco aquel festival porque mencionabas que no responde a una planificación y aún así se le da más recursos a ellos.

    Es que es tan abismal la diferencia –y cuando yo di esa entrevista era más todavía– que desde mi punto de vista no tiene ninguna lógica; además de que sabemos la historia de cómo fue estructurado ese festival: No obedecía ni a un proceso ni a una realidad, tampoco es que hubiera un movimiento teatral fuerte; en definitiva fue una ocurrencia del expresidente ya que se había ido a Aviñón, vio el festival de allí y dijo “quiero algo parecido”. Por ejemplo, hay el Festival de Manta que ya tiene treinta años, nuestro mismo festival tiene trece años y toda la vida hemos estado peleando por recursos. Los recursos que nos dan son muchisisisísimo menores. Siempre hemos tenido el apoyo del Ministerio de Cultura, no lo podemos negar, ¡siempre a través de un concurso!

    Pero tengo la satisfacción de saber que esos pocos recursos han sido multiplicados, a través de gestión sobre todo: hemos conseguido que ministerios de cultura extranjeros, alcaldías y embajadas de otros países nos apoyen para que esos artistas internacionales puedan venir y eso se revierte también en nuestra política de precios: Algunas de las obras extranjeras pueden estar costando 30, 40 dólares; Juanfran De La Foch suele costar 20 o 30; pero en nuestro festival sólo cuesta 7. Eso para poner un ejemplo, pero así mismo hay un montón porque te estoy hablando de cosas reales. La obra con la que inauguramos en Quito costó 30 y acá, 7, y con abono cuesta menos todavía. Entonces sí creo que hay una política muy trabajada de acceso y de llegar a un equilibro para tampoco tener una gratuidad indiscriminada porque eso tampoco aporta a la sustentabilidad a largo y mediano plazo no solo para el festival sino para las artes escénicas en Cuenca.

    Si nosotros hiciéramos gratis estaríamos haciendo una competencia desleal a grupos que se están esforzando por generar un mercado y un público. Entonces nosotros hemos llegado a ese equilibrio gracias a la subvención: el público paga mucho menos de lo que costaría una entrada real, pero sí hace un aporte y eso también es importante para nosotros.

     

    Algo de lo que tú te jactas bastante es…

    Perdóname, si me jacté me disculpo, no me agrada esa palabra.

     

    Lo que quiero decir es que mencionas mucho este asunto de la calidad que caracteriza al festival.

    Más que caracterizar, es una de las cosas que tenemos más presentes. Sin embargo, –te voy a ser supersincero– yo conozco mucho del teatro de Latinoamérica y del mundo: también la calidad es en términos relativos. Hay obras que tienen un costo infinitamente menor y que posiblemente sean de más calidad. Entonces no sólo insisto en la calidad sino también en la eficiencia en cuanto al tipo de formato que nosotros podemos tener. Por ejemplo, vos ves acá obras de cinco o seis actores, pero a mí me encantaría traerle –por decirte algo– al Ballet Nacional de España, 50 bailarines, pero no tenemos la capacidad. A eso me refiero cuando digo que es relativo, o sea,  dentro de los recursos que tenemos sí buscamos tomar las mejores decisiones para tener la mejor calidad posible; aunque también sé que si tuviéramos mayores recursos podríamos tener alguna cosa a la que no tenemos acceso ahora y que sí puede ser de mucha calidad.

     

    ¿Tú, como curador de Escenarios del Mundo, en qué parámetros te basas para decidir qué obras son lo suficientemente buenas para entrar en el festival?

    Son varios. La idea es hacer una muestra que en su conjunto sea representativa de lo que se hace en el teatro actual latinoamericano y nacional. Nosotros estamos en permanente contacto con festivales de calidad, algunos incluso de presupuestos mucho mayores que el nuestro. Estamos en constante flujo de información para conocer cuáles son las obras que están circulando y que han sido bien vistas por otros curadores de otros festivales. Tenemos contacto con muchos festivales como el De Cali, el De Manizales, el Iberoamericano de Bogotá, uno que hay en Bolivia, el FIBA de Buenos Aires; es decir, siempre estamos viendo qué programan ellos, estamos viendo qué es lo que destacan las prensas de cada país, estamos viendo permanentemente videos de las obras que están destacando en el mundo. Todo esto se liga con lo que hablábamos sobre la calidad. Obviamente, no todo lo podemos traer, pero nuestra mira está como por ahí. No es que nos basta con elegir a cualquier grupo por que sea de otro país. Una vez que vemos que hay algo que nos interesa por su calidad y soñamos con que pueda venir a Cuenca empezamos la gestión.

    En cambio para el caso de Ecuador sí hubo una convocatoria. Participaron alrededor de ochenta proyectos, de los cuales se escogió a los mejores. Claro, los definimos por algunos criterios, por ejemplo: Uno. Que proponga temas de interés gravitante en la sociedad en este momento –la violencia de género, los temas ecológicos, dirigido para los jóvenes–. Dos. Que técnicamente propongan cosas muy innovadoras, nuevas y bien estructuradas. Tres. Que tengan lenguajes propios, hay grupos que tienen un sello muy propio. Cuatro. Que haya una buena investigación sobre temas de identidad nacional, un buen adentrarse en la recuperación y revalorización de temas de identidad ecuatoriana. Otro. El tipo de producción, como ejemplo alguna vez hubo una obra que ha sido hecha entre dos colectivos, una universidad y un actor que estaba establecido en Nueva York. También tenemos que pensar en tratar de interpretar los intereses del público y dialogar con él, no necesariamente implica que vamos a elegir todo lo que más fácilmente le cuadra al público, pero tampoco podemos darle la espalda, hay que tomarlo en cuenta porque es importante la propia sustentabilidad del festival. Luego que la muestra también esté en su conjunto variada, no queremos ser un festival de un teatro comercial light o tampoco podemos hacer solo teatro clásico; nuestra lectura es que en Cuenca debe hacerse algo panorámico, con varios estilos, tendencias y géneros para todos los gustos.

     

    Bueno y además de gestor, también te has dedicado a la actuación y a la dirección. ¿Tal vez has pensado retomar eso?

    Sí, sí, por supuesto, todo el tiempo. La última obra con la que estuve, “Ser animal no es atenuante”, no la he hecho más de dos años. La verdad es que el festival sí me ha jalado bastante y me he dedicado mucho más a eso, pero sí tengo planes de volver a trabajar como director. Por ahí tengo una propuesta de trabajar de director en una obra casi apenas de que se acabe el festival. Yo he sido una persona de teatro en distintas áreas, he hecho de todo: He pegado los afiches, he barrido la sala, he dirigido, he actuado, tengo textos míos que han sido montados, he estado en el tema de la producción a través del festival. Entonces sí he estado involucrado de distintas maneras, incluyendo la vía directamente artística. Fui director y dramaturgo del “Monólogo de la escoba”, que ha sido de las obras que más público ha tenido en Cuenca en todos los tiempos; con el Patio de Comedias monté mi obra “Montando al coyote”, que era un texto mío; dirigí también “El eterno femenino”. Estuvimos también con un grupo de gente cuencana entre los que se encontraban Juana Estrella, Pablo y Pancho Aguirre, Pedro Andrade, Chokilla Durán. En otra época fui cofundador de la Bandada de la Madre que fue otro fenómeno interesante en Cuenca.

     

    Interesante. Y ya para terminar, quisiera que le cuentes a los seguidores de la gaceta cómo te involucraste en el mundo del teatro.

    Sabes que hay una filosofía interesante que dice que las puertas siempre se abren desde la inocencia. En mi caso –y creo que en muchos casos–, uno se lanza, sin saber leer ni escribir uno decide, va, camina y la inocencia abre bastantes puertas. El pensar y el reflexionar como que ya viene después, primero te metes y después lo piensas.

    Yo estudié leyes –fíjate vos [risas]– y cuando estaba en la universidad resultó que había un grupo de gente que hacía una revista literaria que se llamaba La Ventana y contenía poesía, ensayos, cuentos y me involucré en eso. Yo llegué con la propuesta de agregar una sección de teatro, en la revista estaban personajes como Vinicio Jáuregui, Felipe Vega y ellos me dijeron “bueno, hagamos teatro”. Así que nos lanzamos, como digo, sin saber leer ni escribir; muy de las propias ganas y sin saber bien en qué nos metíamos. Después ya nos dimos cuenta de que esto no era así no más. Bueno, coincidió que el entonces Banco Central del Ecuador hacía una inversión en temas de cultura (por eso incluso este propio teatro [Pumapungo] fui construido por el Banco Central, porque creían que además de ser custodios del dinero eran custodios de la cultura) y se dio una temporada de talleres aquí en Cuenca, en los cuales me involucré yo con más gente de Cuenca que teníamos ese interés. Fueron dos o tres años de talleres entre cuyos profesores estaban nacionales y extranjeros: Michelena, Julio Navarro, Christoph Baumann, Arístides Vargas. Obviamente salieron algunas obras de eso, una de ellas fue “La noche de los giles” con el Chokilla Durán y con Rafael y Juan Estrella. Entonces era un formarse y hacer. Ya con la producción lo que pasó fue que amigos y colegas me decían “queremos ir a Cuenca” y yo les hacía aquí la gestión. Pasó eso dos o tres veces y se empezaron a pasar la voz “¿quieres ir a Cuenca? Dile al Juan Andrade”, así que en un momento dado yo decidí que iba a hacer esto profesionalmente. El festival tiene 13 años apenas, pero yo estoy en la producción muchos más.


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