Entrevista a David Holguín, director de Estación Polar, documental de Mamá Vudú

Entrevistas
Ago, 2019
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  • Fuente: Cortesía de David Holguín

    «Estoy contando mi propia historia y se siente que es de verdad»

    Si hay algo de qué hablar —y hablar muy bien— en lo que va de este agitado año es de Estación Polar, el documental que narra en primera persona la historia de un adolescente que encontró en Mama Vudú, la mítica banda de rock, el sonido y el sentido de pertenencia que andaba buscando desde su llegada a Ecuador; a la vez que cuenta la historia de la entonces incipiente escena alternativa ecuatoriana y enseña las verdades de una generación irreverente, con mucho que decir, que nunca se dejó censurar.

    Y qué mejor que sea su director, David Holguín, quien nos cuenta en esta entrevista lo que implicó retratar a una banda, una ciudad y una generación en este proyecto que ha generado un sinfín de reacciones dentro del público nacional. Y si quedaron incógnitas que resolver, el cineasta de veintinueve años nacido en Israel, residente en Quito, pero guayaquileño de corazón, estuvo en nuestra casa para contestarlas tras la proyección de Estación Polar el pasado dos de agosto a las 17h00, a la que le seguió el más que esperado concierto de Mamá Vudú.

    Sin más, republicanos, los dejamos con este abrebocas del maravilloso evento que tuvimos.

     

    El tributo de un fan a su propia historia

    ¿Por qué contar la historia de Mamá Vudú?

    Porque es una de las bandas más importantes y emblemáticas del país, y no hablo solo por mi experiencia y apreciación, sino también por otra gente que ha seguido a la banda, que ha disfrutado de su música y la ha tenido como referente.

    ¿Qué sucedía en tu vida cuando los descubriste?

    Yo tenía quince años y estaba en el colegio. Había llegado hace poco de vivir en Estados Unidos y conocerlos fue súper interesante porque a mí me gustaban muchas bandas de punk estadounidenses e inglesas y Mamá Vudú fue la primera —o la única— banda local que hacia la música que a mí me gustaba. Un amigo me dio su demo Ilustre Municipio y no paré de escucharlo. Fue un sonido refrescante.

    La primera vez que los vi fue toda una experiencia: yo, menor de edad, fui a un bar donde obviamente no debí haber estado, pero llegué con un grupo grande de amigos skaters, y como éramos muchos, me dejaron entrar sin tanta restricción. Así fue la primera vez que fui a concierto de ellos.

    ¿Cómo sonaba la escena musical antes de Mamá Vudú?

    Yo me acuerdo que los primeros asentamientos de la música local eran bandas de pop como Tercer Mundo o AU-D. Fue interesante, después de Mamá Vudú surgieron varias bandas con las cuales me conecté bastante, y estas, a su vez, abrieron paso a que grupos más jóvenes hagan cosas similares.

    Pienso que con ellos inició esta escena independiente en la que cada agrupación proponía cosas distintas. Lo bacán es que Mamá Vudú estaba por ahí haciendo lo suyo.

    ¿Y crees que ahora exista alguna banda con la fuerza de Mamá Vudú?

    Los tiempos son distintos. Hay buenas bandas, pero el tiempo dirá cuál logrará trascender de esa manera. Mamá Vudú ha hecho siete discos buenos. Es una banda terca, han estado más de 20 años dedicados a la música. Son atemporales, la gente los sigue escuchando.

    El mensaje de la música ahora es otro. Los músicos de ahora ven otras necesidades, buscan que la música sea su sustento económico en lugar de hacer canciones y después ver qué pasa, como lo hicieron los Mamá Vudú, pero han pasado más de veinte años de eso y muchas cosas dentro de la escena han cambiado.

    Claro que hay bandas con mucho espíritu, pero el problema es que quieren la inmediatez, tener miles de reproducciones en Spotify, y para mí ahí se pierde algo. Pero cada uno, cada uno [risas].

    Tras el lanzamiento del documental, ¿cuál sería el paso siguiente para Mama Vudú? ¿o crees que ya cumplieron su etapa?

    Yo creo que son gente joven que sigue haciendo música, lo que si me llamaría mucho la atención es que quieran hacer un nuevo disco y no saber a cómo va sonar. Tal vez sonaría a la música de los ochenta o tal vez tenga sonidos andinos. Me da curiosidad, ya que ellos siempre hacían música diferente, y como fan ¡Claro que desearía un concierto!

     

    A veces pido una oración,

    a veces rezo por volver al color de tu alma empeñada en quemarlo todo,

    y aún no pude convencerte y no entiendes,

    incéndialo todo.

    Fragmento de «Incéndialo todo»

     

    Sobre Estación Polar

    ¿Cómo nace la idea de hacer este documental?

    La decisión de comenzar a trabajar en este proyecto ocurrió hace tres años más o menos, pero la idea nació hace casi seis en el último concierto de la banda en el Teatro México. Entonces pensé en que quería crear algo grande, algo que realmente esté a la altura Mamá Vudú, y que se convirtió en un proyecto que duró casi dos años y medio.

    Presenciar su última tocada me provocó una mezcla de emociones: me sentía triste, pero a la vez feliz porque me traían a la mente un montón de recuerdos. Además, fue muy chévere observar a varios jóvenes que, como yo a su edad, se conectaban con la banda.

    Roger me había dicho que esa tal vez sería la última presentación de la banda, así que fue como «chuta, tengo que ir a grabar y hacer algo con ellos», pero ya una vez ahí, por la pena que me generó su separación, surgió la idea de realizar algo grande como un documental.

    ¿Cómo fue el trabajo en este, tu primer largometraje documental?

    Fue un trabajo mucho más grande en comparación a lo que había realizado anteriormente, y mucho más profesional. Siento que se pudo realizar gracias a la experiencia que he ido adquiriendo a través de las distintas producciones que he realizado. Aunque el proyecto fue algo intenso, pues no he parado de hacer cosas, al final ha valido completamente la pena. Fue una experiencia sumamente satisfactoria, y ya está ahí, la gente ya lo puede ver.

    ¿Qué llega a hacer Estación Polar dentro de la industria cinematográfica nacional que recién está empezando a surgir con mucho impulso?

    Esta es una de las primeras películas de este tipo, si no es la primera que habla puntualmente de una banda. Creo que también es un documental que muestra mucho de nuestra cultura, de la historia de estas bandas, de lo que sucedía en ese lugar. Pienso que es refrescante porque trata temas que no habían sido tratados antes en un documental

    ¿Por qué el nombre de Estación Polar?

    Porque es el nombre de una de sus canciones, que salió en un momento de quiebre para la banda que yo conocí en la adolescencia. La sacaron cuando Edgar se juntó con Roger y formaron este Mamá Vudú que todo el mundo conoce. Esa es como la razón más grande, pero también lo escogí porque me llamaba la atención la letra de esta canción, me llevaba como a un lugar alejado donde es complicado comunicarse o hacer cosas, a un espacio en el que estás creando cosas, pero que nadie las puede ver porque estás muy apartado del mundo, de las grandes ciudades, de donde están pasando las cosas.

    Por eso decidí hacer ese juego, porque sentía que los Mamá Vudú estaban siempre haciendo cosas y como emitiendo señales, haciendo cosas muy interesantes pero muy alejados de la realidad. Es una banda adelantada a su tiempo.

     

    Revoluciones sobre marcha serena

    Sabía que no era tan infantil dejar la piel en tu interior

    Son sensaciones tras la línea de guerra

    Supongo que es difícil distinguirte lejos de tu hábitat.

    Fragmento de «Estación Polar»

     

    ¿Cómo fue trabajar independientemente, sin una productora?

    Creo que fue más real. Algunas veces uno tiene un montón de sueños, pero hay que poner los pies sobre la tierra. Mi sueño era contar esta gran historia de una forma cercana a la realidad sin esperar ganar un premio o que una gran marca nos financie.

    La independencia me ha dado la posibilidad de llevarlo a mi manera y que en el camino hayan surgido cosas chéveres.

    ¿A cuántas instituciones tocaron las puertas en busca de auspicios?, ¿cómo fue su forma de financiamiento?

    Para la realización de esta producción toqué muchas puertas, por ejemplo, apliqué a los Fondos Concursables del ICCA (Instituto de Cine y Creación Audiovisual del Ecuador) y a un concurso de documentales, pero ninguna de las dos funcionó. Yo sentía que mi película no podía esperar tanto para empezar a realizarse, entonces decidí hacerla con auspicio de empresas privadas, algunas me dijeron que no, otras que sí…

    Has sido muy cercano a la banda y has tenido acceso directo a la historia que querías contar, ¿encontraste datos que desconocías al momento de revisar sus archivos?

    No realmente, me encontré con muchas cosas chéveres como fotografías, letras de canciones, videos, pero no cosas que no sabía, sino documentos que no creía que existían.

    ¿Cómo te sentiste cuando encontraste esos archivos?

    Cada vez que encontraba algo nuevo me decía «qué bacán, esto me funciona» y me emocionaba por ver los recuerdos. Si bien yo fui el director y guionista, cuando aparecían estos archivos cambiaban la película y lo convirtieron en un documental colectivo, como más de la comunidad, de sus amigos.

    ¿Qué sentiste cuando viste la película terminada?

    Fue raro porque obviamente vi el material sin terminar muchas veces, pero cuando estuvo ya todo editado pensé: «ahora sí es una película». Al inicio era raro porque pensaba «chuta, debí hacer esto», pero ahora que la veo digo «bueno, funciona». Siento que se cuenta bien, la edición está bien y me gusta.

    «Tal vez el cine ecuatoriano ha tenido muchas poses, ha sido muy intelectual, incluso ha tratado de ser exquisito o rebelde a ratos, pero se siente que no es sincero, que no es real; yo estoy contando mi propia historia y se siente que es de verdad».

     

    ¿Qué sentiste el día del estreno?

    Me encontraba súper nervioso, no podía ni hablar, y cuando vi a la gente haciendo fila para entrar, me inundaron muchas otras emociones. Después, cuando ya se estaba proyectando la película y la gente cantaba, cabeceaba, lloraba y se reconocía… fue súper emocionante.

    ¿Hubieras concebido la película de alguna otra forma que no sea un documental?

    Creo que no, yo quería contar la historia de lo que sentí en mi adolescencia: cómo vivía y sentía la música, cómo veía los conciertos… El documental era el mejor formato para hacerlo, qué mejor que contar la historia mostrando los archivos que demuestran cómo han ido pasando los años.

    ¿Qué emociones pretendes generar en la audiencia con Estación Polar?

    Nostalgia, y falsa nostalgia también por el hecho de conocer de cosas que pasaban en tu país cuando todavía estaba en «pañales», yo creo que es chévere porque es lo que la gente siente. Una añoranza por cosas que no vivieron, pero que tal vez la vivió alguno de sus familiares y además ven cómo los jóvenes vivían la música en ese tiempo en su país. Es una película que busca generar cariño, admiración por la banda y por la época.

    Yo sabía que iba a ser una película nostálgica. Quería que existan momentos de oscuridad, de desamor por la nula reciprocidad hacia el trabajo del grupo y quería mostrar la conectividad de la banda con la gente..

    ¿Cómo influyó el trabajo de Chris Díaz en el documental?

    Yo ya conocía a Chris, él creció conmigo haciendo skate, también trabajó con músicos, y siempre estábamos conversando. Su historia es parecida a la mía: un fan que quería que esta banda salga y se haga más conocida. Siempre admiré el trabajo que realizó con la música de Mamá Vudú. Por eso, cuando comencé a trabajar en Estación Polar, sabía que debía contar su historia y buscar que obtenga el reconocimiento que no pudo obtener. Para mí era importante rendirle un tributo a él y a su trabajo.

    ¿Qué experiencias te dejó la realización Estación Polar?

    Recién estoy asimilando todo lo que está causando el documental en la gente. Algo importante que me deja todo es que la constatación de que cuando haces cosas sinceras, son bien recibidas.

    Tal vez el cine ecuatoriano ha tenido muchas poses, ha sido muy intelectual, incluso ha tratado de ser exquisito o rebelde a ratos, pero se siente que no es sincero, que no es real; yo estoy contando mi propia historia y se siente que es de verdad. Hacer cine es difícil y mucho más en este país, pero me deja muchas cosas buenas como experiencia.


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