Entrevista a Jorge Dávila sobre la vida y obra de César Dávila

Entrevistas
Sep, 2018
Artículo por República Sur
Este artículo tuvo: 47 visitas, compártelo !
Compartir por Facebook Compartir por Twitter Compartir por mail

Artículos que te podría interesar

Las pasiones, las profundas búsquedas y la vida bohemia de César Dávila Andrade están muy presentes en cada una de sus obras. Jorge Dávila Vásquez, sobrino directo del poeta, visitó nuestra casa para contarnos un poco de los detalles menos conocidos del escritor cuencano a propósito del centenario de su nacimiento.

Cuéntanos un poco de César Dávila Andrade.

Nació en 1918 en el hogar formado por Rafael Dávila Córdova y Elisa Andrade. Dávila Córdova, su padre, perteneció a una familia como muchísimas familias cuencanas, dividida entre el liberalismo y el conservadurismo. Algunos de sus hermanos incluso eran extremadamente liberales. Él, por su contacto con los Cordero Dávila, que eran sus primos hermanos, se mantuvo en el ala conservadora. Eso de alguna manera causó un problema interno en la casa porque Dávila Andrade, en cambio, era un tipo completamente aislado, no tenía apego a la familia; tuvo relaciones difíciles con su padre que por ser tan conservador, le molestaba su adscripción a las nuevas corrientes de pensamiento. Mi abuelo [Rafael Dávila] casi sufre un shock cuando su hijo le mostró la cédula de afiliación al partido socialista.

Él [César Dávila], como también era dado al esoterismo desde muy temprana edad,  tenía contacto con los rosacruces y aprendió a hipnotizar. Un día hipnotizó a una de mis tías; llegó mi abuelo y se encontró con que esta tía estaba allí, en otro mundo. Pensó que le habían dado algo, empezó a gritar desesperado. La señorita no se despertaba, bueno, todo un drama. Fue muy mala la relación de César Dávila con su padre, este señor tan bondadoso pero tan, tan conservador.

En cambio, con mi abuela, que era mucho más tolerante, tenía estupendas relaciones y eso se siente en «Carta a la madre»: esa confianza, esa ternura, esa intimidad muy grandeentre los dos.

Yo pienso que él siempre buscó la imagen de mi abuela en algunas de las mujeres con las que tuvo una relación afectiva: se casó con Isabel Córdova que le llevaba como dieciocho años; cuando él nació, en 1918, ella ya estaba casándose por primera vez, realmente era un poco mayor a él. Pero tuvo una serie de amadas ideales como se lee en su primera poesía: la colegiala, la muchacha de ojos verdes… Hasta que conoce a Laura y ella es el motivo de inspiración del poema de amor más bello que se haya escrito en este país, que es la «Canción a la bella distante».

¿A qué edad se fue de Cuenca?

Yo creo que se fue alrededor de los veinte. Trabajó desde muy temprano, llegó solo hasta el tercer año del colegio, y cuando vio que las necesidades de la familia eran apremiantes, decidió trabajar. Se fue a Guayaquil y trabajó en la casa de Carlos Arroyo del Río. Hay una entrevista muy expresiva y decidora de mi tío Olmedo Dávila Andrade en la que cuenta cómo Arroyo del Río le maltrataba: le decía «usted está aquí contratado como un servidor, no como un poeta». Luego, en 1944, a los veinticinco o veintiséis, ya estaba en Quito en el momento de la Gloriosa. Cuando se fundó la Casa de la Cultura él fue uno de los primeros en trabajar ahí. Benjamín Carrión hizo un bello acto al integrarle al personal de la Casa. Laura Romo trabajaba ahí. Aunque César la amó platónicamente toda su vida y ella le quiso mucho también, se casó con su mejor amigo. Ella siempre le tuvo mucho cariño, se ocupaba de él, le administraba el dinero que le pagaban, le compraba una tarjeta de comida, ropa o algún medicamento, pero él estaba tan dado al alcohol que negociaba la tarjeta de comida y vendía la ropa.

A lo largo de la vida, su gran problema y el que le llevó a la muerte, fue el alcohol; Isabel Córdova, su mujer, cuenta en una carta que él estaba en crisis postalcohólica cuando desapareció y acabó suicidándose en un hotel de Caracas.

¿En Quito es donde conoce a Laura y se va a Venezuela?

No, no. Laura se casó con otro. Laura fue nada más que un símbolo del amor platónico en su vida, en su carrera de escritor. Él se fue con Isabel Córdova a Caracas, se casaron en el 50 y regresaron en el 52. En el 59 volvieron a Caracas, esta vez definitivamente. En Mérida, en la Universidad, daba cursos de literatura pero también acerca de cosas esotéricas y pensamiento oriental, temas que encontraron un gran caldo de cultivo entre los venezolanos.

Algo que se conoce poco es que, más o menos hacia el 65, cuando tenía unos cuarenta y siete años, conoció a una muchacha de unos dieciocho o veinte que se llamaba Bethania Uzcátegui, una gran artista plástica; se enamoraron profundamente, pero luego de que intervino Isabel, se deshizo de aquel último romance y nunca volvió a Mérida. Bethania era una mujer muy inteligente, muy sensible, y ha guardado los poemas que él le dio; al menos dos de ellos se lograron rescatar. Además ilustró la antología que hizo José Gregorio Vásquez de la poesía de Dávila Andrade: El vago cofre de los astros perdidos que está tomado de Espacio me has vencido.

Jesús David Curbelo, el ensayista cubano que ha escrito posiblemente uno de los mejores trabajos sobre Dávila, cuenta que lo conoció, que conversaron y que le encantó. Él, de casualidad, se hospedó en la casa de Dávila cuando estuvo en Mérida y empezó a conocerlo.

El gran problema con Dávila es que se lo conoce muy poco fuera del país. A veces, lo que destaca no es tanto la calidad cuanto la figuración.

Bueno, en Venezuela también es muy reconocido como periodista y ensayista.

Sí, pero como poeta también, como cuentista. Él publicó en Venezuela algunas cosas; más que en Cuenca por lo menos. En Cuenca, en vida, publicó solo un folleto sobre la vida de Fray Vicente Solano «El combatiente sedentario». Bueno, Rigoberto Cordero y León le publicó en La presencia de la poesía cuencana, una selección. Pero, él, por su cuenta, nada. En Quito publicó algunas cosas…

Con el grupo Madrugada, cuando estuvo en la revista.

Sí, ahí publicó dos cosas: «Oda al arquitecto» y «Canción a Teresita». Lo que pasa es que el grupo Madrugada estaba ligado a la Casa de la Cultura, era una especie de extensión de la Casa, y cuando aparece Espacio me has vencido, figura, de alguna manera, el grupo Madrugada. Sin embargo, no hubo nadie ahí que sea de la misma estatura literaria.

Siempre fue un poco ajeno a ese y al otro grupo en el que estuvo: El Gran Quiteño. Es cierto que siempre se vinculaba con la gente que hacía literatura, pero no por el grupo en sí mismo. Estuvo vinculado con los chicos del grupo ELAN, con Efraín Jara, Jacinto Cordero y Eugenio Moreno, sus grandes amigos. Eran menores a él, sin embargo, tenían una honda vinculación por el asunto literario y también por la bohemia, hay que reconocerlo [risas].

En tu opinión, ¿qué ha hecho a Dávila Andrade inmortal?

Por un lado, la poesía porque, en realidad, no se ha escrito una poesía tan grande como la de él en el Ecuador. Yo creo que el más grande poema que se ha escrito en el Ecuador es «Boletín y elegía de las mitas». Usa el mismo lenguaje de la literatura indigenista, pero desde el punto de vista del indígena, y muestra toda esa crónica del horror de las mitas. Es extraordinario y sigue teniendo un impacto enorme. Otros grandes poemas: «Oda al arquitecto», «Canción a Teresita», algunos que están incluidos en Espacio me has vencido… y «Catedral salvaje» que es un poema gigantesco. Yo creo que eso es suficiente como para constituirse como el mayor poeta del país. Pero, además, era un cuentista de primera. Él había heredado las formas de decir de la literatura social de los treinta. A veces es de un realismo brutal: en El último remedio y en Lepra, es terrible, sin embargo, echa mano de la poesía. Tenía un dominio del lenguaje poético extraordinario, ¡extraordinario! Y era un ensayista maravilloso también. Por ejemplo, «Magia, yoga y poesía» es el fruto de una mente llena de clarividencia; diría yo, de un escritor de oficio. Realmente fue un escritor de oficio.

¿Él trabajaba todos los días? Él escribía todos los días regularmente, ¿verdad?

Parece que sí. Incluso cuando estaba alcoholizado escribía. Yo he detectado, en uno de los primeros ensayos que hice sobre Dávila en 1984 —el ensayo que precedió a lo que se llamó La obra completa—, algunos poemas que escribía cuando estaba bebiendo o cuando estaba bebido y que son menores. Él no hizo ninguna cosa importante en pleno proceso alcohólico, postalcohólico, sí, porque tiene unas visiones espantosas en cuentos como «La cierra circular»: un cuento poco conocido, que habla sobre una mujer que se obsesiona con una cierra de estas eléctricas y que acaba suicidándose en una crisis alcohólica. Así dejaba el testimonio de aquello que había pasado.

Hay por ahí un poema que se llama «El ebrio» que también es una especie de confesión terrible. Es de la época entre el neosurrealismo y el hermetismo que es intensa e interesante, pero que, al público en general le gusta menos que la época nerudiana de gran fuerza poética.

Justamente, es algo que se siente en Dávila: como dos vertientes, dos formas de escribir…

Tres diría yo. La primera es esta que yo he llamado la neomodernista, cuyo gran padre fue Rubén Darío y luego Neruda; entre nosotros, Carrera Andrade. Dávila asimila todo eso y construye algunas de las imágenes poéticas más deslumbrantes de toda la poesía ecuatoriana. No hay nada parecido. Desde que él tiene, qué sé yo, veinticuatro años, cuando aparece «Elogio de gracia iluminada», tú lees y dices ¡¿de dónde salió todo esto?!… él maneja esa lengua poética con una flexibilidad y una riqueza impresionantes.

Hay un segundo momento, en el que se va por el neosurrealismo, «Arco de instantes» es neosurrealista y «Catedral salvaje» también.

¿Qué hay en ese neosurrealismo?, ¿una carga de crítica social?

A ratos… y a ratos es simplemente una moción del fuerte platonismo en él.

Y luego hay una última etapa ya completamente difícil de aproximarse pero que tiene algunos poemas claves como «Poesía quemada» o «Tarea poética». Ese es el periodo hermético y está totalmente dominado por las ideas del zen y del orientalismo. Pocas veces sale y hace alguna cosa que no es totalmente de esas características, por ejemplo, los poemas de amor que dedicó a Isabel Córdova son medio neorrománticos, medio convencionales, brillantes también, si se quiere, pero están ligados, de alguna forma, a lo esotérico. También están los dos poemas que se conservan de los dedicados a Bethania Uzcátegui; uno está muy vinculado con las doctrinas orientales.

Pasa lo mismo con los cuentos, hay algunos cuentos que son indescifrables y que son del periodo hermético.

En los cuentos, a mi manera de ver, hubo dos etapas nada más: una realista que subsanó con un lenguaje poético riquísimo, y una ligada a lo esotérico que, como te digo, es muy difícil, pero contiene verdaderas obras maestras como «Cierra circular», «La extremidad oscura», «La carreta de heno», «En la rotación viviente del dodecaedro» y uno nuevo que nos mandó Gregorio Vásquezy que es realmente deslumbrante: «Destrejo desenterrado».

Nos lee mucha gente joven. Danos algunos consejos para que estos jóvenes se adentren en la obra del Fakir.

Bueno, yo creo que hay que empezar por la primera poesía, por esa poesía de los años 40 que es deslumbrante, riquísima y que a los jóvenes enamorados les toca. Yo la he tratado con los chicos de colegio y universidad que se sienten más enamorados todavía cuando leen la «Carta a una colegiala», o la «Canción a la bella distante». Es decir, estos poemas dicen cosas hermosas que ellos quisieran decir.

Y yo creo que hay que darles también, poco a poco, algunos cuentos bellamente hechos, como «Durante la extremaunción», que es un cuento que se compara con el «Viaje a la semilla» de Alejo Carpentier, aunque no tenían ningún contacto. Y en las prosas poéticas vinculadas al ensayo hay cosas muy cercanas como «Visión del río Paute», por ejemplo. O, en otro tipo de prosa, la biografía de Solano es magistral. Creo que siempre hay una forma aproximarse a Dávila para gente de todas las edades.

Si quieres leer más entrevista, ingresa aquí.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • NUEVOS
    Ph: Carlos Maldonado. IG: @yeye.cm

    La banda de ska más famosa de Macas hizo moshear a Cuenca

    El ska de Ayawaska y de Los Despachos llenó de saltos y mosh nuestra casa, República Sur. El show empezó …

    Leer más

    Ph: Carlos Maldonado. IG: @yeye.cm

    La OSC lució el talento infantil con una ópera

    Una ópera infantil que incluso los adultos la disfrutamos, aunque El Quinde, el Fuego y El Gigante consiguió ser una …

    Leer más

    Ph: Jorge Peláez Salinas

    EVHA viene acompañado de un artista Internacional

    La banda de Mateo Kingman, EVHA, se dio una vuelta por las 3 ciudades principales de Ecuador junto a los …

    Leer más

    El ahogado (César Dávila Andrade)

    Salir en la noche, pálida ya de aurora,
    y elegirse entre los ahogados más humildes en el Señor.
    César Dávila
     
    Yo fui el …

    Leer más

    Poesía quemada

    …/Y te quemaré en mí, Poesía!…/
    César Dávila Andrade
    Así con el fragor de una batalla, con el estrépito de la metáfora, …

    Leer más

  • AGENDA REPÚBLICA SUR
  • ÚLTIMA EDICIÓN