EL KANKA: “Me gusta que mis canciones sean frescas e imperfectas”

Entrevistas
Jul, 2019
Artículo por República Sur
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  • Fuente: Carlos Agustín Maldonado

    El cantautor malagueño Juan Gómez Canca dio un concierto inolvidable en República Sur con ese estilo inspirador tan característico que tiene, pero antes de llenar nuestra casa nos dio una agradable entrevista en la que nos contó sobre su vida y su carrera artística. Te invitamos a descubrirlo. 

     

    ¿De dónde viene El Kanka?

    Bueno, es más sencillo de lo que parece, yo siempre digo que en España Juan Gómez es como John Smith, pues entonces, la gente, mis amigos, mis compañeros de clase obviaron el Juan y el Gómez y se quedaron con Kanka, que es mi segundo apellido. En Málaga es muy típico poner a los nombres “el Juan, la María”, pues El Kanka. Mi apellido fue luego mi apodo y todo el mundo me llamaba así; cuando me decidí dedicarme a esto, como tantísima gente me llamaba así, yo me identificaba tanto con ese nombre que ahí quedó como nombre artístico.

     

    Cuéntanos, hasta los 22 estuviste viviendo en Málaga, ¿qué tal tu infancia?

    Bien, más o menos normal. Un poco, patológicamente, tímida, cosa que yo intentaba solventar con esta profesión en la que me ha tocado enfrentarme a la gente, pero, a parte de eso, fue una infancia bastante normal. Feliz dentro de lo que cabe. Yo era profe de guitarra, y se lo contaba a mis alumnos que cuando yo era pequeño no había internet, y flipaban, me miraban como si fuera un dinosaurio.

     

    Primero estudiaste económicas, que suponemos fue por tu familia, y posteriormente filosofía, ¿qué te ha dejado la filosofía de pozo?

    Yo creo que nada explícito, muchas veces me han preguntado si uso o no las enseñanzas de la filosofía en las canciones, sí, pero yo creo que no de una forma tangible. Cuando te enfrentas a estudiar la historia de los grandes pensadores de la humanidad se aprende a pensar un poquito, a no quedarte con la primera idea que te venga, sino a darle una vuelta a eso, a dudar de ti mismo, de lo establecido, y a tener un pensamiento crítico; yo creo que al final eso sí que me enseñó el estudio. Creo que sí, que se nota en las canciones, en algunas más que en otras, no voy a  lo primero que se me ocurre, normalmente suele haber un trasfondo, le he dado un par de vueltecillas a las cosas.

     

    Antes de conversar sobre el último disco del 2018, que aquí es novedad, te diré que eres muy prolífico, llevas casi un disco por año, ¿cómo haces para componer tanto?

    He sido prolífico siempre. Tengo una rutina de alguna manera, no lo quiero llamar así porque no es que todos los días a las 8 de la mañana me pongo y hago canciones, es que no me gusta que pase mucho tiempo sin que esté rondando una canción por la cabeza, eso me pasa, además, no me lo tomo como un trabajo, para mí el trabajo tiene que ver con la parte más profesional, como los viajes, los conciertos (se disfruta también mucho).

    En las canciones he conseguido, afortunadamente, que el proceso de composición no tenga nada que ver, yo nunca estoy pensando en grabar un disco, nada de eso, y he hecho un trabajo personal y psicológico también para estar alejado de todo eso, para no pensar en las expectativas, la gente siempre estará esperando de mí una cosa u otra. Me imagino que no estaré completamente ajeno a aquello, pero sí que creo que he conseguido alejarme bastante, para que me entiendas coloquialmente, «no me rallo».

     

    Me gusta estar componiendo, cuando se me ocurre una idea intento que en poquito tiempo salga, normalmente me cargo canciones, a día de hoy, en uno o dos días. Me gusta que sean frescas, prefiero que estén imperfectas, no me gusta darles vueltas durante dos meses. Prefiero ir sacando cosas, algunas me saldrán mejor y otras peor, afortunadamente creo que mis seguidores han respondido bastante  bien a lo que he ido mostrando y, sobretodo, yo me siento muy a gusto, con una libertad bastante grande a la hora de componer, y mientras siga así, seguiré haciendo discos.

     

    He visto que también compones para otra gente, ¿cómo lo haces, cómo lo conjugas con esto?

    Sí, es algo que no he hecho mucho. Me hubiera gustado hacerlo más, siempre lo digo, estoy súper abierto  a componer para otra gente porque me gusta crear algo de la nada. Yo estoy muy acostumbrado a crear para mí, a expresar lo que yo quiero, a hacer las canciones a mi medida, y de repente me parece también un reto atractivo decir “voy a hacer una canción a Pasión Vega”.

    Hago un trabajo de campo: me pongo a escuchar a esa persona, veo un poco de los temas de los que habla, cómo se mueve la música, la voz que tiene, qué es lo que le pegaría o lo que no, intento como meterme en esa película y componer a través de ahí, para mí eso es un reto, otra forma de encararlo.

    Me gusta mucho la verdad. Prefiero componer lo mío, porque es una cosa mucho más personal, en la que incluso dejo parte de mi corazón y pensamiento, pero lo otro, como juego o reto, me parece divertido.

     

    El nuevo disco El arte de saltar (2018), sí que tiene una peculiaridad, es autoproducido y has creado un sello discográfico para esto. Cuéntanos un poquito sobre el proyecto y si involucrarás a más personas dentro del mismo.

    En principio no, nosotros somos un proyecto independiente. María, la socia con quien tengo una empresa, no somos, digamos “antidiscográfica” ni nada de eso, estamos abiertos a hablar con todo el mundo, de hecho, nos hemos sentado a hablar con algunas disqueras y tenemos buenas relaciones, pero la realidad es que hasta el día de hoy no han apostado por nosotros de una manera que nos haya resultado atractivo, y nosotros somos súper trabajadores.

    María, bueno, está directamente enferma (risas), y yo bastante jabalí, tiro para adelante con todo lo que se me pone, somos los dos muy currantes, cuando nos hemos hecho algunos aliados o trabajado con alguna discográfica independiente, ¡guay!, siempre bien, pero nos ha dado la sensación de que al final los que llevamos todo el rollo para adelante somos nosotros, entonces a María se le ocurrió y me dijo: «oye, tío, ¿y si hacemos un sello y empezamos a sacar los discos de forma totalmente independiente?», obviamente con la intervención de compañeros, distribuidoras, etc.

    Lo primero que hemos hecho ha sido una prueba con este último disco, también hemos lanzado un EP de 3 canciones hace un mes. En principio no tenemos intención de sacar otro proyecto. La idea es ser independientes del todo.

     

     

    Otra de tus características es hacer duetos. Has hecho colaboraciones ya con todo el mundo, como Jorge Drexler, por ejemplo. Si ahora pudieras elegir, ¿con quién te gustaría hacer un dueto? 

    Tengo 2. Uno con Natalia Lafourcade, por decirte alguien de este lado del charco,  y otro con el español Robe Iniesta, el líder de Extremoduro, soy fanático suyo desde siempre, además, me gusta lo que está sacando, me parece un compositor súper honesto y con mucha personalidad, sería un sueño cumplido.

     

    El rock es justamente lo que menos se nota en tu música. 

    Estilísticamente no, pero estoy muy afín a ese estilo, me gusta muchísimo.

     

    Y ahora, hablando del estilo, El arte de saltar toca un poquito todos los palos. Ahí sí que tienes mucha conexión con Jorge Drexler, que le gusta hacer desde bossa nova, hasta tirar una rumbita, ¿por qué El arte de saltar?

    A mí me cuesta mucho poner el nombre a los discos, porque no concibo el disco como una obra en sí, yo voy haciendo canciones, y de repente es como “oye, vamos a sacar un disco”. Intento hacer un repertorio que sea coherente, dentro de las canciones que tengo; normalmente no me sobra mucho porque saco tantos discos, pero algunas sí que sobran. Cuando tengo que acomodar todo eso en un nombre me cuesta mucho trabajo, son canciones que hablan de cosas súper distintas que, estilísticamente, no tienen nada que ver.

     

    Llevo dos discos a los que no les he puesto el nombre, la ilustradora Anabel Perujo me ayudó con De pana y rubí, y con el último también; lo llamó así basándose en una de las canciones del disco, “Tienes que saltar”, y en que, de alguna manera, era un cambio, un salto cualitativo en el proyecto: sacamos el disco con nuestro sello, estábamos ya haciendo aforos bastante grandes, incluso aproximándonos a una taquilla de un proyecto medio mainstream, siendo algo muy alternativo, muy underground y de cantautor, que empezó en locales pequeños. De repente, El arte de saltar era entendido como el oficio de enfrentarse al abismo, que vas adquiriendo con la vida y la experiencia.

     

    Este salto cualitativo se nota, sobre todo, en tu último disco. Hoy vas a tocar en formato acústico, que es realmente la manera como tú compones, pero, ¿qué formato prefieres, ahora que has estado en varios festivales como en el Villa Rock?

    Me cuesta mucho trabajo decidir, a mí lo que me gustaría de verdad sería nunca quedarme solo con una cosa. Evidentemente el proyecto está creciendo y creo que cada vez vamos a tirar y no dejar a nadie fuera. Al final, si yo hago un formato pequeño, como una sala para 3000 personas, sí que se pierde un poco de fuerza; lo que mola de cantar solo con la guitarra es hacerlo en aforos relativamente pequeños. El proyecto está creciendo hacia hacer cosas más grandes con bandas, pero a mí sí que me gustaría, y lo tenemos bastante presente, no abandonar nunca el rollo de tocar solamente con la guitarra. De vez en cuando hacemos algún ciclo que es a guitarra y voz.

     

    Nosotros vamos a hacer Wizinkallí en Madrid, entonces, hace poco, hicimos una cosa muy guay en un antiguo palacio de deportes. Con las primeras mil y pico de entradas que llevábamos ya, hicimos un sorteo de 90 entradas para tocar en la primera sala que me abrió las puertas en Madrid, la Sala Juglar, una sala de lavapiés que caben solamente cien personas; fue guapísimo porque era un espacio al que yo le estoy muy agradecido, fue un concierto súper bonito, donde ves a la gente, los matices de sus caras, se presta a que yo pueda salir un poco y hacer una foto con los 90 ganadores. Eso no me gustaría perderlo nunca, pero evidentemente el proyecto va hacia algo más grande y, te digo una cosa, tocar en el Viña Rock y que hayan cuarenta mil almas ahí, la energía, el puñetazo gigante que te llega desde el público, te pone cachondo, ¡vamos! (risas), te vienes arriba muchísimo.

     

    ¿Cómo has cambiado la composición de las canciones, ya que la banda aporta nuevos matices?

    Musicalmente, los buenos conciertos son los que me oigo bien, en donde todo está compensado, la gente está guay, nosotros estamos ensayados, esos son los conciertos en los que llego al éxtasis, porque veo cosas que he creado yo; pero ahora empiezo a apreciar todos los matices que está introduciendo la banda, y que caminamos todos a una. Es una sensación muy bonita de comunión con mis compañeros.

     

    ¿Cuántos conciertos has realizado en esta gira?

    Creo que han sido unos noventa conciertos en un año.

     

    Ahora es cuando también hay que dar el cambio, como cobrar más. 

    El año pasado tuve una pequeña crisis. Yo llevo de gira siete años. No he parado nunca, normalmente un mesecillo rascado en Navidad, otros años ni eso. Los dos últimos años, que nos hemos introducido en festivales en Latinoamérica, afortunadamente nos ha ido muy bien, hemos viajado, y es que llevamos dos años a razón de ochenta o noventa conciertos al año, y eso es muy exigente, así que el año pasado tuve una crisis de “no puedo más”, la intención a partir de ahora es la de no hacer tantos conciertos al año.

     

    ¿Con cuál de las tres ciudades te quedas, Madrid, Barcelona o Málaga?

    Con Málaga, tío. He vivido nueve años en Madrid, es mi ciudad, y dos en Barcelona, una ciudad preciosa, súper cosmopolita. Madrid es un hervidero cultural y humano increíble, pero, la calidad de vida que hay en Málaga, es que no se puede comparar porque es una ciudad grande y hay mucha oferta cultural, y encima el clima, la gente es súper guay, la echaré de menos siempre, toda mi vida.

     

    Para finalizar, cuéntanos sobre nuevos proyectos. 

    De momento no tenemos pensado un disco nuevo, aunque tengo muchos temas. Sacamos un EP de tres temitas, y ahora tendré como unas siete u ocho canciones más, pero voy componiendo desde la calma, como siempre.

     

    En septiembre nos meteremos en una gira grande, se llama «Donde caben dos caben tres», son aforos que duplican y triplican lo que estábamos haciendo, una apuesta que nos hemos hecho a nosotros mismos. El Wizink lo culminaremos allá en febrero. Ahora tenemos medio parón, en julio y agosto no tenemos conciertos ni festivales, estaremos preparando esta gira porque van a ser conciertos súper  grandes y queremos responder con la calidad del proyecto. Iré preparando esto, pero con calma. Tengo muchas ganas porque vamos a darle una vueltecita al repertorio, metemos un músico más, un técnico de luces; intentaremos que, cualitativamente, el proyecto esté a la altura de las circunstancias.

     

    Has llenado tres veces en Buenos Aires, México, Colombia, ¿qué diferencia ves entre el público latinoamericano y el europeo?

    Yo tengo que decir que mi público es la leche, muy guay, como el proyecto es tan artesano, la gente se ha ido sumando de una manera muy natural. Yo intento no ir de nada, ser natural y creo que eso se nota, mi público me encuentra por la calle en España y me pide una fotito, eso es de puta madre, es un público que rema a favor, que son como mis colegas. Es bastante eufórico, en toda parte de España, ya sea en Galicia como en otro lado, pero en Latinoamérica están locos, es un apasionamiento, creo que tiene que ver con el carácter de acá, que es como en el sur de España que son más expresivos, aquí pasa igual, son súper expresivos, he visto mucha gente en el público llorando, con una emoción real y visible, ¡mayúscula!

     

    Creo que también hay como un agradecimiento a que yo me pegue la paliza de kilómetros para venir a cantar aquí, de alguna manera eso se transmite, y entonces es un público con euforia total. La verdad, que pese al cansancio que solemos traer aquí, los conciertos son guapísimos.

     

    ¿Qué podemos esperar en estos dos shows?

    Un concierto íntimo. Normalmente no hago los conciertos a la carta, en plan que la gente pide las canciones, como poco me haré un set list, pero admito petición. Ya que no está la riqueza ni la potencia musical de la banda, lo que me gusta es que se genere un ambiente de compadreo, que sea íntimo. Normalmente la gente sale muy contenta, espero que también sea así aquí.

     

    Fuente: Carlos Agustín Maldonado


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