“Cristóbal Zapata: entre las letras y las artes”

Entrevistas
Feb, 2016
Artículo por República Sur
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Fuente: Xavier Caivinagua Diario el Comercio / Cristóbal Zapata

Recibimos la visita de Cristóbal Zapata, reconocido poeta, editor, crítico literario, gestor cultural y actual Director Ejecutivo de la Bienal de Cuenca y, con un café en mano, tuvimos el gusto de conversar con él sobre lo que promete esta venidera edición de la Bienal, el panorama de la escena artística ecuatoriana y su labor literaria. La charla fue maravillosa, aquí un extracto de ella:

 

¿Qué ha representado para ti asumir la dirección de la Fundación Municipal Bienal de Cuenca?

Muchas cosas: un honor, un reto, un desafío muy grande… aunque quisiera no tener que ocuparme de asuntos públicos y estar encerrado escribiendo, dado que no tengo las condiciones para hacerlo, desde hace muchos años he estado vinculado a la institucionalidad cultural en plan de coordinador, editor, organizador de exhibiciones o curador. En fin, en varios frentes de la actividad cultural. En todo caso es un privilegio ganarse la vida haciendo lo que te gusta y lo que a lo largo del tiempo creo que he aprendido a hacer con un cierto grado de eficacia.

La dirección de la Bienal de Cuenca es la empresa más grande que he tenido que asumir; es poner a andar una nave grande, una especie de transatlántico, con la misión de llevarla a buen puerto y no dejarla naufragar.

En general, cada reto que asumes significa poner a prueba tus competencias, tus capacidades y posibilidades. Por lo pronto dispongo de un equipo de trabajo solvente, que me da garantías para llevar adelante esta empresa.

 

¿Qué retos se plantea esta edición de la Bienal?, ¿cuáles son sus ejes?

La Bienal para mí empezó en el momento en el que el alcalde de la ciudad me confió la Dirección Ejecutiva. Yo presenté un plan de trabajo que tiene 4 ejes básicos, y que apuntan a capitalizar el tiempo y los presupuestos de la fase prebienal. El primero tiene que ver con una línea de exposiciones de artistas locales, nacionales, y eventualmente internacionales. Este eje tiene dos vectores: atender la actualidad de la escena artística, pero también hacer memoria y recapitular pasajes, autores y momentos calves del arte ecuatoriano. Este último se inscribe dentro de un proyecto a largo plazo que hemos denominado “Los Nuestros”, que aspira a restituir nombres claves de la modernidad ecuatoriana, y cuya primera muestra estuvo dedicada Eduardo Solá Franco, dentro de una exhibición magníficamente curada por Rodolfo Kronfle. Este proyecto tiene a su vez dos partes: la exhibición propiamente dicha y la publicación de un librocatálogo que da cuenta de la trayectoria del artista, de su contexto y testimonia lo que fue la exhibición. Estamos terminando ya la edición de este libro de casi 400 páginas, una verdadera enciclopedia sobre Solá Franco, que saldrá en las primeras semanas de febrero.

Siguiendo este norte, dedicamos también una exposición a la nueva pintura lojana y abrimos un pequeño espacio a propósito de los sesenta años del Holocausto para reflexionar sobre lo que significó todo ese proceso, con énfasis en la migración judía al Ecuador y a Cuenca. Este proyecto se llamó “Cultura y Exilio”, en el cual contamos con la presencia de Egon Schwarz, un ilustre germanista, quien estuvo en la ciudad en la década de los cuarenta. Aunque la presencia judía no fue muy grande ni duradera, dejó una huella importante que contribuyó a redefinir la fisionomía de la ciudad y amplió el imaginario y la sensibilidad de los cuencanos, con la introducción de nuevas visualidades, sabores, texturas, vinculados a la gastronomía, a la arquitectura, al arte.

El segundo frente importante es el educativo. Acabamos de llegar a un acuerdo con el artista y educador chileno Cristián G. Gallegos, quien actuó como Curador Educativo de la Bienal de MERCOSUR y ahora va ser el mismo papel en nuestra Bienal, esto es, desarrollar un programa de largo alcance y con una importante y diversa participación ciudadana, a una escala que jamás se trabajó anteriormente, pues si no empezamos a cerrar las profundas brechas entre la obra de arte y el público la Bienal no tiene futuro. Luego, durante este primer año llevamos a cabo el proyecto “Fuera de clase” que tiene que ver con la necesidad de crear condiciones y situaciones para activar la escena artística local, que desde hace tiempo reclama una atención especial dirigida a su fortalecimiento y difusión. Trabajamos con alrededor de veinte artistas locales, algunos de ellos muy jóvenes, otros con cierta trayectoria a quienes se es ha dotado de herramientos teóricas y prácticas para que desarrollen hábitos y metodologías de trabajo más sostenidos. Con este grupo aspiramos a realizar una pequeña exhibición paralela a la Bienal que muestre lo que se está cociendo en Cuenca. Ligado a este esfuerzo por activar la escena, llevamos a cabo el proyecto “Paraísos Perdidos”, en el que participaron seis grupos de artistas visuales que intervinieron en seis salas de cine desaparecidas, después de un proceso de investigación sobre lo que suponen estos espacios en la memoria colectiva.

Otro frente es el editorial. Es inaudito, pero la Bienal no tenía un departamento de ediciones donde se procese y organice toda la información y el material con el que se trabaja. Este frente ya va tomando forma, por ejemplo, acabamos de presentar los dos primeros números de la colección “Nomadismos/Bienal de Cuenca”, fruto de un acuerdo con la Fundación Biblioteca Nacional de Brasil, que ofrece fondos para la traducción de sus autores a otras lenguas. Esto lo articulamos con las poetas y traductoras argentinas Teresa Arijón y Bárbara Belloc, que adicionalmente dictaron en la Bienal un taller sobre este hecho fundamental de la cultura contemporánea que es la traducción.

Finalmente, otro aspecto en el que hemos cooperado es la cofinanciación de proyectos que consideramos significan un aporte importante a la dinámica cultural de la ciudad y que requieren la ayuda institucional. Festivales como Polifónico, el Festival de Arte Acción, entre otros, han tenido el respaldo de la Bienal.

Como ves, esta es una Bienal que está mirando a todas partes y dialogando con muchos agentes procedentes de distintas prácticas, pues el arte contemporáneo tiene la cualidad de dialogar con todas las artes; una Bienal más activa que ha asumido tareas que antes no estaban en la agenda de la institución.

 

¿Ha afectado la crisis económica del país a la Bienal?

La verdad todavía no hemos sentido la crisis, pero la vamos a sentir a partir de ahora. Como medida preventiva hemos tenido que recortar algunos rubros en función del presupuesto que tenemos. Tenemos la ventaja de que podemos receptar aportes externos, aunque el aporte principal es el del Municipio, que es históricamente el gran sostenedor de la Bienal.

 

Explícanos un poco sobre el concepto curatorial: Impermanencia, la mutación del arte en una sociedad materialista

Yo creo que la tesis curatorial propone repensar el arte, ya no como un hecho consumado, o a la obra de arte como algo eterno, sino que postula que lo importante es el gesto de inscripción cultural que lleva a cabo el artista en un momento y un espacio determinado. La pertinencia política y la contundencia retórica de una obra tiene una importancia per se en una coyuntura determinada, más allá de que pueda ser objeto de especulación y de colección. Es un concepto que contradice las coordenadas y las leyes del mercado.

La noción de impermanencia es un precepto central del budismo que dice que no hay ser viviente que no sea, por principio, fugaz o efímero. Es pensar el arte como un lugar sobre todo de encuentro y conocimiento y un espacio para discutir el contexto sociopolítico complejo que atravesamos.

Me causó mucha sorpresa que pocas semanas después de que lancemos nuestro concepto curatorial, la Bienal de Sao Paulo apareció con uno muy similar,

Incerteza viva, casi un sinónimo de impermanencia, lo que quiere decir que estamos todos conectados; estamos pensado lo mismo, pero con un acento diferente. Hay un profundo sentimiento de incertidumbre que atañe a las circunstancias críticas que atraviesa el planeta pero también a la sana, necesaria inestabilidad que importa el arte contemporáneo mismo, cuyos códigos son por principio más esquivos y volátiles.

 

¿Cuál fue el proceso de selección del concepto curatorial?, ¿Por qué se eligió a Dan Cameron como curador general?

El azar jugó aquí un papel feliz. Yo había conocido fugazmente a Dan Cameron en 1999 en New York. Fui invitado por el Estado americano a un proyecto de visitas culturales en el que me hicieron una agenda de entrevistas y visitas a museos. Entre ellos estaba el New Museum, una de las mecas del arte contemporáneo, del que Cameron fue director muchos años. Nos entrevistamos durante treinta minutos. Siempre tuve gratos recuerdos de ese encuentro, no solo porque conocía de su gran trayectoria, sino por su lucidez y su enorme calidez y cordialidad. Las experiencias gratas sin duda permanecen en la memoria.

Entonces, cuando estaba buscando curador, después de algunos intentos que no prosperaron, dio la casualidad de que mi amiga Anna Gimein, que entonces vivía en Cuenca, me sugirió su nombre pues sabía que había acabado de renunicar a la dirección del Orange County Museum. Ella hizo un sondeo previo, tras el cual le escribí a Dan y me respondió al día siguiente diciendo que vendría encantado.

Más allá de su recorrido, su prestigio y sus múltiples contactos, considero que el trabajo de prospección e indagación de la escena ecuatoriana que va a emprender Dan puede representar un gran impulso para nuestros artistas, pues es alguien que tiene la disposición y la posibilidad de visibilizar y poner en valor el arte ecuatoriano fuera de nuestras estrechas fronteras.

 

Se han cerrado ya las aplicaciones para artistas, ¿a quiénes esperamos?, ¿hay artistas nacionales?

Las últimas ediciones de la Bienal fueron más compactas en términos de volumen de obras y artistas, nosotros mantendremos esa línea. La muestra oficial tendrá alrededor de cincuenta artistas, diez de los cuales aproximadamente serán ecuatorianos. Es decir, la quinta parte la muestra, pues consideramos que una de las misiones de la Bienal es promover el arte nacional, mostrarlo al mundo.

 

¿Nos puedes adelantar algún nombre?

Aunque no estoy estrictamente autorizado, puedo adelantarles tres nombres. Un huésped ilustre y reciente de la ciudad, Yucef Merhi, notable artista venezolano que trabaja con tecnología y hará una instalación interactiva que creo que va a gustar mucho. Por otro lado, estos días hemos empezando a dialogar con dos artistas chilenos seleccionados por la curaduría: Gianfranco Foschino, realizador audiovisual, quien posiblemente llevará a cabo un video en las Galápagos, y Francisca Benítez, una artista del performance, quien trabajará un proyecto interactivo con un grupo de sordos en la construcción de un poema colectivo, operando justamente con el lenguaje no verbal. Además de esta primicia, puedo decir que ya hay más de 30 artistas confirmados.

 

¿Qué repercusiones esperas que tenga esta bienal para el arte nacional y para la ciudad?

Esperamos que el público vuelva a reconocerse en la Bienal y a sentir esa fruición, ese gozo que supone la experiencia estética, que, aunque es una noción que está venida a menos, creo que sigue aconteciendo cada vez que un espectador se enfrenta a una obra. Allí hay una experiencia múltiple, sensorial, intelectual, donde quienes tienen mayor información y entrenamiento mirando arte pueden optimizarla más, pero quienes no lo tengan no están exentos de experimentarla.

Me parece que la última edición tenía una muestra muy sólida, pero había mucha obra con un espesor conceptual muy complejo, y a lo mejor los instrumentos de mediación fallaron un poco. Ahora vamos a tener una exhibición más diversa, todos los lenguajes van a ser parte de ella, va a volver a haber pintura, porque esa idea de que la pintura es una especie medio anacrónico es sin duda equivocada. Yo creo que el público va a volver a vivir y sentir la Bienal de un modo más íntimo. Además, como ya dije, vamos a implementar otro proceso de mediación que espero integre a una mayor cantidad de público al evento.

También aspiramos a tener una buena prensa y cobertura internacional, al igual que la edición pasada, y que esto catapulte algunos nombres del arte ecuatoriano, muchos de los cuales están sin duda están a la altura de otros artistas en el mundo. Estoy convencido que hay una buena partida de artistas ecuatorianos que ameritan la atención de la crítica, la curaduría y la prensa internacional.

 

¿Cómo has logrado conjugar esta actividad con el desarrollo de tu obra personal?

Como gato panza arriba. Aunque nunca me he planteado escribir todos los días, no poesía, al menos. Onetti decía que, a diferencia de Vargas Llosa, quien tenía una relación conyugal con la literatura, la suya era más bien la relación de un amante, entraba y salía cuando le daba ganas, es decir, subordinar la disciplina al principio del placer. Yo he vivido mi relación con la poesía un poco así, de manera más intermitente, quiero decir, en términos de escribir a diario, porque uno siempre está pensando en poesía, en traducir tu experiencia a una experiencia verbal, por lo demás trato e mantener un espacio para las lecturas que me tienen inevitable vinculado con el hecho literario, diríamos que en la lectura está en germen la escritura. Un poeta es un estudioso, decía Wallace Stevens y esto deberían tenerlo presente los aprendices. Yo vivo en un estado de combustión permanente frente a la realidad, casi a tiempo completo, pero el poema lo escribo cuando ocurre, cuando se impone por cualquier estimulo físico o intelectual, interno o externo.

 

¿La experiencia en la Bienal ha transformado tu manera del ver el arte o ha afectado a tu escritura?, ¿en qué medida?

Yo creo que sí, hay un tiempo que sacrificas, digamos. Yo convivo desde muchos años con una especie de angustia por el tiempo, una especie de guerra secreta y personal contra el tiempo. Siempre sentí que tengo poco tiempo para hacer las cosas, derivado de ese sentimiento de fragilidad, de vulnerabilidad, de impermanencia.

No obstante, mi escritura sigue fiel a sus móviles que son la fascinación ante el cuerpo, ante la irrupción de la belleza femenina, ante los gozos y los dramas del deseo. También hay una atracción por ciertos personajes atravesados por algún signo trágico o por su condición marginal. Otro de los temas que he frecuentado los últimos años es en pensar la poesía misma, es como un subtexto presente debajo de algunos textos, pues la dimensión reflexiva o autorreflexiva me parece consustancial a la escritura. Por otro lado diría que sigo fiel a una cierta técnica: mis textos son muy plásticos, tienden a ser muy pictóricos, a veces creo que escribo como un pintor, como un dibujante.

 

Sabemos que tienes un libro nuevo, adelántanos algo sobre él

Lo que acaba de publicarse es una antología personal que se llama El habla del cuerpo publicada en la editorial Renacimiento de Sevilla, y está prologado por Luis Antonio de Villena, lo cual es un altísimo honor.

Este proyecto surgió hace poco más de un año cuando conocí personalmente a Villena, a quien había leído con entusiasmo desde muy joven. Me invitaron a entrevistarlo en Quito y entablamos una cierta amistad. Salvadas todas las distancias, nuestra poesía tiene afinidades como el tema del cuerpo y del deseo. Hablamos de la posibilidad de que yo pudiese publicar en España una selección de mis cosas y se ofreció a buscar un editor. La publicación fue posible gracias al apoyo de la Casa de la Cultura Núcleo el Azuay.

 

A propósito de esto, ¿cómo ves el panorama de la edición en el país y la ciudad?

Creo que hay esfuerzos independientes por mejorar el estado de las cosas. Ruido Blanco, por ejemplo, es un proyecto editorial consistente que ha conseguido sostenerse, y ha publicado autores importantes del país y del exterior. Creo que Xavier Oquendo también ha desarrollado algunas iniciativas editoriales valiosas. En fin, me parece que son las iniciativas de otros poetas, de otros escritores jóvenes las que están contribuyendo un poco a cambiar el panorama que en general es muy precario, pues no hay editoriales institucionales sólidas que sostengan un proyecto editorial a largo plazo. Quizá una de las pocas excepciones sea el Centro Cultural Benjamín Carrión, que hace algunos años mantiene unas magníficas colecciones dedicadas a repensar la gran literatura ecuatoriana del siglo XX.

En todo caso, desde hace unos diez años la literatura ecuatoriana está dialogando más con el mundo y hay antologías de poesía y relato ecuatoriano que nos han permitido entrar en otras escenas, y nosotros a su vez estamos publicando autores de fuera lo cual es imprescindible para ponernos al día, para hablar con el mundo en tiempo real.

 

Para finalizar, ¿cómo ves al arte y a la literatura nacional?

Yo creo que le ha ido bastante bien a la poesía ecuatoriana actual, sobre todo a la poesía más joven, que ha ganado premios importantes, tanto fuera como dentro del país. Hay algunos nombres que han conquistado un cierto espacio en otras escenas: Juan José Rodinás, Ernesto Carrión y ahora mismo Carla Badillo acaba de ganar el premio Loewe en la categoría de creación joven. Creo que con la narrativa pasa algo similar, hay algunos nombres que han consolidado su presencia en el exterior como Xavier Vásconez y Leonardo Valencia, y otros que sin tener ese cartel internacional no dejan de ser estupendos narradores como Eliécer Cárdenas o Francisco Proaño para poner un par de ejemplos. De todas maneras me parece que de a poco empezamos a no ser unos perfectos y absolutos desconocidos.

En cuanto al arte, los signos son mucho más halagadores, creo que tenemos artistas que están desarrollando una obra verdaderamente notable, que han ganado presencia en galerías y museos del exterior. Pero nos falta mucho trecho por recorrer, de allí que los aliados o socios internacionales que podamos encontrar (el prologuista, el editor, el crítico, el curador) son claves para que esta circulación de los bienes culturales nacionales tenga transcendencia. Ahí está la llave.

Fuente: @Bienalcuenca / Equipo de la Bienal de Cuenca en el Museo de las Conceptas

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