Alonso Díaz de la Vega

Entrevistas
Feb, 2019
Artículo por República Sur
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  • Fuente: Alonso Díaz

    Una perspectiva del cine del mundo

     

    Alonso Díaz de la Vega, crítico de cine invitado como tallerista al Festival de cine La Orquídea, es cofundador y editor de la revista Butaca Ancha. Fue, además, el primer crítico de cine mexicano seleccionado por el programa Berlinale Talent. Conversamos con él sobre las mejores películas de Ecuador, México y el mundo.

    Has venido del Festival de Morelia en México a La Orquídea. ¿En qué proyectos estás?

    Uff, bueno, un montón de cosas. De hecho, este año he estado trabajando mucho con el Festival de Morelia colaborando con textos. Me encargué de las entrevistas a invitados internacionales durante el festival. Estoy escribiendo en El Universal. En radio con Ciro Gómez Leiva. En un programa de televisión de canal 11 en México que se llama Mi cine, tu cine. He estado colaborando con una revista cultural mexicana que se llama la Tempestad y la edición mexicana de la revista GQ. Este año fui jurado en varios festivales como el de Durango en México y Shorts México de cortometrajes.

    ¿Has escrito o estás pensando en escribir algún libro?

    Por el momento no. Es algo que me interesaría si en algún momento se da, pero no sé si haya ese punto para mí. He pensado y me gustaría hacer algo que ayude al público masivo a acercarse a cierto tipo de cine que me gusta llamar «visionario» y se aleja de ciertas convenciones narrativas de la mayoría del cine comercial. Tal vez en el futuro ese sería un buen proyecto.

    ¿Qué tal ha sido tu experiencia del Festival La Orquídea? ¿Qué tal te han tratado como invitado especial?

    Fue una gran experiencia, de hecho es una de mis experiencias más gratas como crítico. La ciudad es encantadora, la gente es encantadora. Me gusta mucho el Festival porque tiene la misión de generar una comunidad cinematográfica dentro de Cuenca. Creo que este tipo de festivales son muy importantes porque van provocando, con el tiempo, que vayan apareciendo nuevos talentos.

    En Morelia lo hemos visto a lo largo de años. Desde que empezó el Festival hasta ahora, sobre todo a partir de las secciones de competencia del Estado de Michoacán donde está Morelia. Vemos que cada año llegan mejores trabajos y hay un impacto en el público local. Eso me parece importantísimo en Cuenca. Por supuesto, la programación se me hizo excelente, no cualquier festival logra tener a Francis Ford Coppola como invitado.

    Has estado en La OrquídeaPro, hay gente que nos ha contado maravillas. ¿Qué te ha parecido?

    Es parte de lo mismo, de tratar de impulsar una sociedad cinematográfica. Creo que es muy importante aportar con algo más que solo películas, hay que hacerlo con experiencias didácticas que pueden dar herramientas tanto a críticos como a realizadores. Eso fue muy grato para mí, además me encontré con alumnos muy inteligentes y curiosos. Gente que asentía cuando mencionaba a Chantal Akerman y a otros que no son cineastas sencillos o populares. Uno se da cuenta de que hay un interés muy serio de su parte por involucrarse en la industria cinematográfica, en este caso desde la crítica. Para mí fue muy valioso, sobre todo, verlos salir satisfechos del taller. Es algo que me dejó muy contento.

    ¿Qué destacarías del festival?

    Es un festival, en teoría, pequeño, sin embargo cuando uno se encuentra en él resulta bastante grande. De repente te encuentras con una programación muy variada. Por ejemplo, la selección de películas mexicanas me pareció que estaba muy bien curada. Creo que daba un panorama muy interesante de lo que es el cine mexicano contemporáneo.

    El impulso que se le busca dar siempre en el Festival la Orquídea al cine ecuatoriano es otro de los aspectos más valiosos.

    En general vi una organización bien cuidada, un trabajo muy profesional por parte de todos. Creo que es un festival bastante valioso; me costaría trabajo especificar algo muy definido que me haya gustado más. La OrquídeaPro, en general, me pareció una iniciativa maravillosa. Me contaban que tuvieron un taller de humor, ese tipo de cosas me parecen importantísimas. Estaba también el taller de actuación de Damián Alcázar. Ante todo, lo que se busca es generar una comunidad, estar cerca del lugar del evento más que simplemente proyectar películas y ya.

    No sé cuánto conoces de cine ecuatoriano. ¿Has visto algunas películas de este año o algo?

    Sí, claro. Este año no he visto mucho. Nada más vi una de Sebastián Cordero; me parece un cineasta importante para Ecuador, creo que tiene una forma muy lúcida de abordar los problemas sociales.

    Me gustó Alba de Ana Cristina Barragán que estuvo compitiendo por el Óscar el año pasado. Es una película que pudo haber caído en muchos lugares comunes, pero los elude bien. Me parece una buena película. Un secreto en la caja, este documental es un experimento que me parece muy inusual en el cine latinoamericano. En México yo no había visto una cosa así. La verdad son películas muy interesantes

    A parte de que la industria de cine mexicana es una de las más importantes del mundo, creo que estamos en un momento en el que hay directores como Iñárritu, Del Toro y Cuarón que están en el top de directores a nivel mundial. ¿Cómo crees que ha llegado la industria cinematográfica a este punto tan dulce?

    Ha sido muy complicado. Se están produciendo más de ciento treinta películas por año. Estamos llegando cada vez a records de producción, sin embargo esas películas no se distribuyen y una buena parte de ellas es bastante mala…

    Y van con fondos del estado.

    Ese es otro punto. Eso es algo que me preocupa mucho porque son producciones socialmente tóxicas, producciones ampliamente misóginas, homofóbicas, transfóbicas, incluso clasistas y racistas, y tienen dinero del Estado a través de fondos como el EFICINE, que es un crédito fiscal que se le da a las empresas al aportar dinero a una película.

    El hecho de que el Estado esté apoyando este tipo de películas, que además son producciones comerciales, me parece un tanto preocupante porque están lucrando con la ignorancia de la gente. No son películas que se quedan en la exhibición, recuperan su presupuesto y ya, sino que generan grandes ganancias. Es la clase de películas que llega a las diez más vistas del cine mexicano. Eso me preocupa mucho. Yo creo que institucionalmente hay que cuidar mucho los filtros y los procesos de selección de los proyectos, porque si bien hay películas extraordinarias como las de Amat Escalante o Carlos Reygadas, son muy pocas. Las que abundan son parte de un cine comercial de muy baja calidad.

    En tu opinión, ¿cuáles son las películas mexicanas del 2018?

    El cine mexicano tuvo cuatro películas muy interesantes este año. Una de ellas apenas tuvo su exhibición comercial: La libertad del diablo de Everardo González, un documental donde se muestran testimonios de víctimas y victimarios del crimen organizado. Una película bastante dura, pero muy importante y estéticamente muy valiosa.

    Por supuesto, Nuestro Tiempo de Carlos Reygadas. Quizás sea su película más convencional y aun así es muy desafiante, ha generado opiniones divididas en México por los temas que trata.

    Está Museo de Alonso Ruizpalacios que es un excelente retrato de la vida suburbana en México, de esa especie de germen contestatario que provoca la uniformidad y de cómo ese germen tiene su lado trágico. Una película muy interesante.

    Y por supuesto, Roma de Alfonso Cuarón, que es una película asombrosa a nivel formal. Hay cosas que honestamente no me gustan y lo digo porque en México se está exagerando muchísimo: un tuitero dijo que Alfonso Cuarón es el mejor director del mundo y no lo creo. Pero me parece que la película tiene unas cualidades formales asombrosas, es un espectáculo.

    Es un espectáculo visual y la historia está bien contada.

    Y [un espectáculo] auditivo también. El sonido es una cosa espectacular, es una película que aprovecha muy bien el Dolby atmos y el formato de 65mm de proyección. La cantidad de detalles que hay, el diseño de producción… Es una película muy impactante en muchos sentidos.

    ¿Qué películas internacionales recomendarías del 2018?

    Yo creo que la mejor película de este año la hizo Lee Chang-Dong, se llama Burning y estuvo en el festival de Cannes. Creo que es una de las películas más misteriosas que he visto en mucho tiempo, pero [lo digo] en el mejor de los sentidos, porque no plantea una ambigüedad caprichosa, sino que logra tender una serie de preguntas a lo largo de su trama. Deja que interactúen entre ellas sin que ninguna responda a nada. Me parece una película extraordinaria en muchos sentidos. Formalmente tiene momentos en los que pareciera una película convencional, pero la forma en la que está narrada es muy inusual. Es una película bellísima, vale la pena verla.

    Otra de las películas más importantes de este año creo que es Pájaros de verano de Ciro Guerra. Es una película colombiana del director de El abrazo de la serpiente que codirigida con Cristina Gallego que era su productora. Gallego y Guerra logran una de las más grandes películas de gánsteres que haya visto; aparte, es de mis géneros favoritos. Es una película muy valiosa porque lleva el cine gánster a un contexto indígena, al contexto de los wayuu en Colombia, y es una crítica muy interesante de la cultura del capitalismo y de cómo se devora las tradiciones locales.

    Hay algunas otras muy significativas que apenas pudimos ver en México este año, son películas de 2017. Otra película se llama Did you wonder who fired the gun? de Travis Wilkerson, un documental asombroso sobre el propio director narrando la historia de cómo descubrió un pasado muy racista dentro de su familia. Creo que es un documental valiosísimo, sobre todo en el momento político que está viviendo EE.UU.

    Otra es una película alemana de Julian Radlmeier que se llama Autocrítica de un perrito burgués del 2017. Es una película encantadora, una comedia y una especie de sátira de la cultura, lo hípster y de estas ambiciones por pertenecer al marxismo y a las ideas de izquierda progresista. Me gusta mucho porque de algún modo habla de las ilusiones perdidas, de la fe que se orienta a lo político. Es una película que tiene unos tintes de Jean-Luc Godard.

    También este año vimos por acá el nuevo documental de Frederick Wiseman que se llama Ex Libris. Wiseman es un genio extraordinario, un tipo que sabe editar de tal manera que sostiene un ritmo brillante durante sus películas —que demás son larguísimas, de tres horas o tres horas y media, incluso cuatro—. Ex Libris es simplemente una mirada de cómo funciona la biblioteca pública de Nueva York a través de puras imágenes, sin siquiera entrevistar a alguien, ni con una voz en off que explique algo; simplemente, a través de las imágenes, muestra un sistema democrático, muy eficientemente, de una burocracia intelectual. De verdad es una cosa increíble.

    Este año vimos en México Verano 1993 de Carla Simón que me recuerda a las representaciones de Carlos Saura o de Víctor Erice, excelente película.

    Ese es el problema de la distribución en el cine…

    …y también del consumo. En Latinoamérica no hay un público muy grande esperando con ansias. Por ejemplo, Zama de Lucrecia Martel nos llegó apenas en Diciembre del año pasado, yo la pude ver en Enero. Es una película extraordinaria, una de las grandes películas existenciales que se hayan hecho. La actuación de Daniel Giménez Cacho —no porque sea mexicano, sino lo que logra hacer y representar a través de sus gestos, de sus posturas— me parece muy vasto. Es una muy bella.

    Proyecto Florida, del año pasado, me parece una cosa brillante también, porque no es que normalice la pobreza, sino que busca alejarla del estereotipo melodramático del sufrimiento sin fin. Eso la hace una película muy interesante y muy valiosa. Se opone a esta pornomiseria que ves mucho en el cine de ficción y en el documental.

    Creo que esas son algunas de mis favoritas de este año. Todas buscan trabajar el ángulo formal de la manera más original posible.

    Yo te recomiendo, si no la has visto ya, la última de Pawlikovsky, el polaco: Cold War.

    Sí, Cold War es una película que tiene un trabajo muy impresionante con la imagen pero la historia… no sé.

    ¿No te engancho? Me pareció uno de los finales más bonitos que he visto últimamente.

    ¿Sabes qué pasa con ese final? Un amigo decía que es la La La Land polaca. En el final, Pawlikovsky se acuerda que es un cineasta europeo oriental y entonces mete estas referencias a Tarkovski.

    A mí me tocó, me parece una de las películas del año…

    Vamos hablar del cine mismo y hacia dónde va. Está claro que el mercado hollywoodiense está carente de ideas y simplemente busca la rentabilidad de lo que vende, pero ¿hacia dónde crees que va la industria internacional del cine?

    Hollywood siempre buscó eso pero antes tenían la decencia de contratar directores brillantes para hacer cine de masas como George Cukor, Alfred Hitchcock o John Ford. El Hollywood de oro que va desde los años veinte hasta más o menos mediados de los sesenta, demuestra que no porque un producto esté diseñado para el consumo popular tienen que ser un producto estúpido. De repente, ves lo que está apareciendo hoy, lo que está mandando Hollywood al mundo y es muy inquietante. Por ejemplo, la gran película hollywoodense de este año fue Ocean’s 8, y es una película pésima que contradice sus intenciones feministas porque lo único que hace es mostrarnos estereotipos de mujeres, deseando vestidos y diamantes. Eso no empodera, es el feminismo de Hollywood, un feminismo muy ignorante y limitado.

    Ante el colapso de esa industria, Netflix y Amazon le han dado unos golpes muy fuertes a la industria hollywoodense. Creo que viene un reajuste muy importante en el cine.

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