Los Ojos de Colección

Escritura
Ago, 2016
Artículo por Carlos Vásconez*
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  • A Fernando del Paso;

    la gloria es suya,

    la modificación, mía.

     

    El tuerto Alvarado tenía un ojo de vidrio. El auténtico se le había destrozado en el entusiasmo del descorche de una botella de vino. Tanto había sido su enardecimiento que el alcornoque salió disparado como un rayo contra su ojo.

    Desde entonces portaba, como digno hombre que sabe que todo ajuar es un disfraz, su colección de ojos de vidrio en un estuche bermejo y aterciopelado, que cualquiera confundiría con una caja de chocolates o de habanos.

    El primero que mostró a sus amigos, era un ojo brillante y alegre. “Lo uso en mi cumpleaños –explicó– y en los cocteles por motivos culturales. Pero cuando bebo más de lo que se puede llamar lo idóneo, tengo que cambiarme el ojo alegre por este otro, que es un ojo borracho y desafocado. Al día siguiente, en cuanto me levanto, me pongo un ojo inyectado de sangre, ¿ven ustedes?”

    De tal modo, les enseñó una colección nada ortodoxa que había mandado elaborar en Londres a un hombre que hacía muñecos de cera para museos. Tenía ojos para todo, para ver la belleza de una mujer, un ojo de vidrio tierno y hambriento, otro para usar en su ataúd y hasta uno que parecería lagrimear. Por fin enseñó el que los conmovería, uno de mujer.

    –¿Y cómo sabe, Alvarado, que es uno de mujer?

    –Porque cuando me lo probé sentí un cosquilleo al verle al Miguelito.

     

    *Carlos Vásconez (Cuenca, Ecuador, 1977)

    Narrador. Ha publicado varias colecciones de cuentos, entre los que destacan “Versiones heroicas” (I. Municipio de Cuenca, 2006), “Lo que los ciegos ven” (Cascahuesos, 2011), “Libro del pequeño esplendor” (Rastro de la iguana, 2014). El presente relato pertenece a Lo que los ciegos ven. Ha publicado también novela; está por salir su cuarta, La vida exterior, bajo el sello editorial Corredor Sur.


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